
Rozó con fuego
el alto
nivel
de los mañíos,
el baluarte
del roble,
la ciudad del raulí,
la rumorosa colmena de los ulmos,
y ahora
desde las raíces quemadas
se va la tierra
nadie la defiende.
[...]
El filo
de las hachas
cayó cortando ramas
y levantando vuelos y sonidos!
Ay quién
pudiera
detener
el curso
del río de la leña,
desandar el camino
devolverlo a la selva.
Pablo Neruda
Los recursos forestales tradicionalmente son considerados renovables, pese a que la experiencia histórica ha mostrado, desde los más remotos tiempos, un proceso de deforestación constante y frecuentemente irreversible. Tal proceso está en la raíz misma de muchos problemas de destrucción de tierras, pérdida de diversidad biológica, desastres naturales, destrucción de pueblos y ciudades por inundaciones, merma de recursos de agua y cambios climatológicos. Famosos son los casos de China, India, Italia y Paquistán, entre otros, donde la explotación intensiva de bosques puede ser señalada como la causa fundamental de los desastres naturales que los asolan o asolaron periódicamente.
Las prácticas de rozar áreas para dedicarlas al cultivo de productos comerciales, la apertura de la selva para la explotación minera, la construcción de grandes obras viales, la búsqueda de especies madereras de alto valor comercial, la expansión de las ciudades y la necesidad de energía barata, junto con la falta de conocimientos científicos tecnológicos o de prácticas de gestión adecuadas, y la ausencia de medidas de preservación y reforestación, son la causa fundamental no sólo de deterioro y pérdida de este recurso.
La utilidad de los recursos forestales no radica sólo en la producción de materias primas y bienes económicos, sino en el papel esencial que desempeñan en el funcionamiento del sistema natural. Los bosques cubren unos 3 400 millones de hectáreas, o sea 26% de la superficie terrestre. De la cifra anterior 1 400 millones de hectáreas se encuentran en países desarrollados y 1 700 millones en países en desarrollo. Estas cifras se basan en la definición y los cálculos de la FAO en lo que se entiende por bosques, esto es: un sistema ecológico cubierto por lo menos en 10% por árboles,1 al margen de estos bosques propiamente dichos existen 1 600 millones de hectáreas con alguna cubierta vegetal de tipo boscoso, de los cuales 1 000 millones están en los países en desarrollo.
Históricamente se observan dos tendencias en relación con las áreas cubiertas por bosques. Por un lado, en los países desarrollados se mantienen más o menos estables y registran incrementos, siendo un caso extremo el de Francia, donde la cubierta forestal ha aumentado en más de un tercio en los primeros 70 años de este siglo; mientras que Europa aumentó su cubierta forestal en 2% a lo largo de la década de los ochenta. En contraste con lo anterior, en los países en desarrollo se da un acentuado proceso de deforestación, fenómeno que también ocurre en otras regiones industrializadas como Canadá y Estados Unidos; en este último la cubierta forestal registró, durante los ochenta, una pérdida de 3.5 millones de hectáreas.
Es habitual distinguir entre bosques tropicales y templados. La superficie cubierta por bosques tropicales es de 1 760 millones de hectáreas y la de bosque templado es de 1 640 millones de hectáreas.
La mayor parte de los bosques templados están en países industrializados: 1 400 millones de hectáreas, el resto en países en desarrollo. La mayor parte del bosque templado se encuentra en los países de la antes llamada Unión Soviética, que concentran cerca de 750 millones de hectáreas, 460 millones de hectáreas están en Norteamérica, localizándose en Europa aproximadamente 150 millones de hectáreas. De esta cubierta forestal templada unos 300 millones de hectáreas constituyen áreas protegidas, de las cuales 250 millones se encuentran en países desarrollados. La cubierta forestal templada se mantiene relativamente estable a nivel mundial. Sus principales problemas se relacionan con las lluvias ácidas, la contaminación, las enfermedades y los incendios forestales.
En los países en desarrollo el área forestal supera los 1 000 millones de hectáreas, que están siendo consumidas a un ritmo de 15 a 20 millones anuales. Lo más significativo es que esta deforestación se lleva a cabo a expensas del bosque tropical, que tiene una importancia fundamental lo mismo para el desarrollo de los países periféricos que para el sistema natural mismo, con repercusiones a nivel mundial. Las excepciones son el caso de China, que está reforestando 4 millones de hectáreas (FAO, 1988) --a cuyo proceso de reforestación ya hemos hecho referencia--, y, en los últimos años, Cuba. Este país ha sufrido desde la época colonial, un violento proceso de deforestación: en 1812 90% del área era forestal; en 1900 se había reducido a 54%, y en 1959 a sólo 14%. A partir de los años sesenta se inicia un proceso de reforestación que elevó, en 1978, a 19%, el último porcentaje señalado. En el quinquenio 1975-1980 se ha reforestado a un promedio de 18 800 de ha por año.
Más de la mitad de las pérdidas de recursos forestales se producen en África del Oeste, particularmente en Costa de Marfil, Nigeria, Liberia, Guinea y Ghana. En estos países la tasa de deforestación es siete veces mayor al promedio mundial.2 World Watch señala que la sobreexplotación de los bosques ha convertido a Nigeria, de importante exportador de madera en rollizo, en importador de este producto. Se estima que en menos de una década sólo 20 de los 33 países en desarrollo exportadores de madera podrán continuar exportando.
A fines de los setenta se afirmaba que de no haber aumento en la demanda, estas cifras implicarían que los bosques tropicales serían consumidos en su totalidad en sesenta u ochenta años, si no se adoptan medidas adecuadas de manejo, explotación y reforestación. Considerando un aumento de la demanda basado exclusivamente en el incremento de la población de los países en desarrollo, y suponiendo constantes las exportaciones --es decir, el abastecimiento de los países centrales--, el bosque tropical se agotaría, según dichos estudios, en cuarenta años. El dato asume características más dramáticas si se incluyen las estimaciones del aumento de consumo en los países desarrollados.3 La FAO estimaba que entre 5 y 10 millones de hectáreas de bosque se perdían anualmente en América Latina, 5 millones en Asia y 2 millones en África.
Estas cifras ponen de manifiesto aspectos de gran interés si se comparan con otras. Así, por ejemplo, los 10 millones de hectáreas que se deforestaban anualmente en América Latina, permitirían producir un volumen equivalente a cinco veces la demanda actual de la región y 1.6 veces la demanda mundial de madera. En Tailandia se explotaban recursos forestales a un ritmo de 1.5 millones de hectáreas al año, y se predecía que los bosques tailandeses se extinguirían en el plazo de cinco a quince años.4 De 32 millones de hectáreas con aptitud exclusivamente forestal, que representaban 42% de la superficie de Chile, se habían deforestado y quemado por lo menos 8 millones de hectáreas con ritmo de deforestación de 60 000 ha anuales.5 En Venezuela se deforestaron por quema 10 millones de hectáreas entre 1961 y 1971, equivalente a un quinto del área forestal del total del país.6
A comienzos de los ochenta la FAO calculaba que anualmente se eliminaban alrededor de 170 000 km2 de bosque tropical húmedo. Meyer,7 basándose en las mismas informaciones, pero actualizándolas, opina que esa cifra debe estimarse en unos 245 000 km2, de los cuales 125 000 pertenecen a la Amazonia, y de éstos, 100 000 a Brasil. Se estima que un tercio de la selva amazónica se había eliminado entre 1955 y 1980. En África, el bosque tropical húmedo se reducía a un ritmo de 25 000 km2 anuales y, según algunos, en 40 000 km2 por año,8 mientras que en el sudeste asiático era de 30 000 km2. El Banco Mundial señaló que la mitad del área forestal de los países en vías de desarrollo ha sido habilitada para uso agrícola entre 1900 y 1965.9
Las evaluaciones hechas a comienzos de la presente década (1990) señalan que durante los ochenta se perdieron anualmente 15.4 millones de hectáreas de bosque tropical, equivalentes a 0.8% del área total cubierta con bosques tropicales; la mayor parte de ellos fueron talados con el objetivo de proveer tierras para la agricultura.10 Es de particular relevancia que la mayor conversión de bosque tropical a tierras agrícolas ocurrió en los bosques húmedos caducifolios, por la mejor calidad de sus tierras, tanto para asentamientos humanos como para actividades agrícolas. La extensión de estos bosques se redujo en 61 millones de hectáreas, es decir, en más de 10% del área original, mientras que otros 46 millones de hectáreas, es decir 60%, de los bosques tropicales húmedos lluviosos se perdieron en el mismo periodo. Estas cifras son superiores a las estimadas en los estudios de evaluación de 1980.
Las mayores pérdidas de bosques de la década de los ochenta, en términos porcentuales, se registraron en Jamaica, que perdió 268 mil hectáreas, con lo cual la cubierta forestal se redujo en 53%. En términos absolutos la mayor pérdida ocurrió en Brasil con 36.7 millones de hectáreas, lo que equivale a una reducción de 6% de su cubierta forestal; Indonesia es el segundo país con grandes áreas deforestadas durante la década: 12.1 millones de hectáreas, equivalentes a una reducción de 10% de su área boscosa. Zaire deforestó 7.3 millones de hectáreas, reduciendo en 6% su área forestada; mientras que México y Bolivia deforestaron, durante la década, 6.8 y 6.2 millones de hectáreas respectivamente, cifras que equivalen a una reducción de 12% y 11% de sus respectivas cubiertas boscosas. Con una deforestación de 2.4 millones de hectáreas, Ecuador redujo su bosque en 17%, mientras que las 495 mil hectáreas taladas en Costa Rica causaron la reducción de 26% de sus bosques, un porcentaje similar experimentó la República Dominicana, 25%, al talar 351 mil hectáreas. En otras regiones se provocaron fuertes deforestaciones: en Tailandia, 5.1 millones de hectáreas, equivalentes a la reducción de 29% en su bosque, Myanmar con 4 millones de hectáreas y una reducción equivalente a 12%, Sudán deforestó 4.8 millones, equivalentes a la reducción de 10% de sus bosques; porcentajes de reducción similares se registraron en Costa de Marfil, y algo menores en Madagascar, Nigeria e India.

