RENOVABILIDAD Y GESTIÓN
DEL SISTEMA NATURAL

En la alquimia colonial o neocolonial, el oro
se transforma en chatarra, y los alimentos se
convierten en veneno. Potosí, Zacatecas y Ouro
Preto cayeron en picada desde la cumbre de los
esplendores de los metales preciosos al profundo
agujero de los socavones vacíos, y la ruina fue el
destino de la pampa Chilena del salitre y de la selva
amazónica del caucho; el nordeste azucarero de
Brasil, los bosques argentinos del quebracho o
ciertos pueblos petroleros del lago Maracaibo tienen
dolorosas razones para creer en la mortalidad
de las fortunas que la naturaleza otorga y el
imperialismo usurpa.

Eduardo Galeano

En la medida en que un recurso puede ser producido en las cantidades requeridas en forma permanente y ser renovado, el concepto de escasez pierde relevancia. Es tradicional distinguir entre recursos naturales renovables y no renovables: el agua, el aire, la tierra, los bosques, los productos del mar, ganaderos y agrícolas, han sido considerados como recursos renovables, mientras que los recursos minerales en general y los combustibles fósiles se han clasificado por definición como no renovables .

Tal clasificación --útil en cierto sentido para los fines descriptivos o didácticos-- debe manejarse cuidadosamente, a fin de evitar situaciones críticas, consecuencia de acciones y políticas derivadas de una ligera y acrítica consideración de la supuesta renovabilidad de los recursos. En efecto, la clasificación ha influido poderosamente en las formas de gestión y utilización de los recursos naturales. La creencia de que algunos recursos podrían considerarse renovables y, por lo tanto, garantizaban un abastecimiento seguro se tradujo, en muchos casos, en acciones de tipo predatorio e irracional, que a la larga han afectado seriamente la disponibilidad física de estos recursos.

La renovabilidad depende de la forma en que se usa el recurso o cómo se ve afectada su existencia por la forma de explotación de otros recursos que interactúan con él en un mismo sistema. Es, asimismo, importante tomar en cuenta acciones u omisiones que permiten o favorecen el proceso de renovabilidad, o que lo dificultan y, eventualmente, impiden.

Por ejemplo, la explotación forestal irrestricta y no complementada por una política de reforestación compromete la renovabilidad del recurso forestal. Una práctica de reforestación complementaria es, entonces, condición necesaria para garantizar la renovabilidad del recurso, y puede incluso aumentarse y complementarse con una acción orientada a forestar regiones áridas y semiáridas.

Otro ejemplo es la descarga de contaminantes y desechos, acción que significa dispersión de recursos, en la medida que esos desechos y contaminantes son también recursos. Además, esta acción afecta la capacidad de renovación de otros recursos; por ejemplo, los efectos de las emisiones de gases sulfurosos alteran la cantidad de áreas fértiles circundantes.

Se ha argumentado que una gestión adecuada de los recursos naturales que garantice su renovabilidad requiere la utilización de energía, que tradicionalmente ha sido considerada como un recurso no renovable. Tal argumento exige un examen más detallado. En primer lugar, existe la tendencia a asimilar el término energía con un tipo particular de energía: aquella en la que se fundamenta el patrón tecnológico vigente y que es la que se obtiene de los combustibles fósiles. Pero hay otras fuentes energéticas. Ciertos ecosistemas han alcanzado un nivel de artificialización antrópica tal, que necesitan ser subsidiados en términos de fertilizantes, agua, pesticidas o ciertas prácticas de gestión en forma constante y aun creciente. Todas estas actividades se basan en la utilización de energía y, dado el patrón tecnológico disponible y dominante, ésta proviene de la explotación de combustibles fósiles, que --para fines prácticos y dentro de un cierto horizonte temporal-- son no renovables.

Contrastando con esto, la gran mayoría de los procesos ecológicos están basados en la absorción y conservación de energía solar, que fluye en forma constante y permanente desde el sol. En estos casos, si los ciclos biogeoquímicos naturales que permiten la captación, conversión, acumulación y transferencia de energía no se alteran o rompen, pueden con justicia considerarse renovables.

Por lo tanto, no es sólo la energía la que garantiza la renovabilidad o recreación de recursos, sino también el funcionamiento normal de los ciclos naturales. Desde este punto de vista, es el conjunto de procesos que ocurren en el sistema natural el que garantiza y permite la renovabilidad, siendo su base el proceso de fotosíntesis. El proceso de producción alimentaria comienza con la fotosíntesis: a los niveles tróficos más bajos, las plantas utilizan bióxido de carbono y agua, extraídos del aire y la tierra, más energía solar para producir carbohidratos. Por este proceso la base de los recursos renovables, los carbohidratos, es biológicamente reproducida. A partir de lo anterior se estaría tentado a identificar los recursos renovables con aquellos que se originan en el proceso de fotosíntesis, lo cual es completamente correcto. Los combustibles fósiles se derivan de plantas y animales que vivieron hace muchos millones de años: ellos son también resultado del proceso de fotosíntesis. Sin embargo, los combustibles fósiles son casi sinónimo de no renovabilidad. Es decir, hay un tercer elemento a considerar: el tiempo requerido para que los recursos se reproduzcan o regeneren. El proceso de renovación de los combustibles fósiles es tan lento que va más allá de la dimensión temporal humana, y no pueden ser considerados como renovables desde el punto de vista social.

Por lo tanto el concepto de renovabilidad y no renovabilidad está definido de acuerdo con una específica dimensión temporal: la de los sistemas sociales humanos, y no aquella que regula los fenómenos naturales.

Desde otra perspectiva, hay que recordar que según la primera ley de la termodinámica, también conocida como de la conservación de energía y materia, éstas no son nunca creadas o destruidas. Si la energía y la materia existentes en una determinada forma y en un lugar específico desaparecen, la misma cantidad se encontrará en otro lugar o en otra forma. En otras palabras, aun cuando procesos de transformación naturales o antrópicos alteren la distribución de las cantidades de energía entre sus diferentes formas, el total de ella en todas sus formas, consideradas conjuntamente, se mantiene constante. Lo anterior implica que ningún recurso puede agotarse. Lo que sucede es que el sistema socioeconómico extrae los denominados recursos no renovables de aquellas partes de la corteza terrestre en que se encuentran en elevados niveles de concentración; por ejemplo, los yacimientos minerales, mediante procesos técnicos, con el uso de energía adicional y el empleo de tecnologías específicas, los concentra en otras formas y lugares: estructuras metálicas, edificios, puentes, equipos; o los dispersa en el medio ambiente como residuos aumentando la entropía del sistema.

Por lo tanto, la actividad socioeconómica causa la dispersión de recursos naturales, reduciendo sus niveles de concentración en algunos lugares, aumentándolos en otros o simplemente cambiándoles de forma. Pero estos recursos siguen existiendo y teóricamente podrían reutilizarse o recuperarse. Dentro de este contexto adquieren plena validez los conceptos de reutilización y reciclaje como variable fundamental para definir la disponibilidad de los recursos naturales.

El reciclaje y la reutilización de los recursos indicarían que las sustancias vírgenes existentes en el sistema natural no son la única fuente de materias primas, ya que el reciclaje de desechos y residuos, la recuperación de los elementos en los equipos obsoletos y la maquinaria constituyen una fuente de materias primas adicionales que, en algunos casos, puede llegar a ser importante.

Tanto la recuperación de los productos dispersos en el medio ambiente como el reciclaje y la reutilización de aquellos elementos concentrados en otras formas, dependerá de la disponibilidad de una tecnología adecuada, y en especial de la utilización de energía. Dado el patrón tecnológico vigente y dominante, el tipo de energía requerido, por lo menos de aquí a los próximos 25 años, es aquella incorporada en los combustibles fósiles cuyas disponibilidades en el largo plazo son claramente limitadas. Es así como se ha señalado por algunos expertos que el límite real a la utilización de recursos naturales está determinado más por el tipo y la disponibilidad de energía que por las existencias de los recursos naturales mismos.

En síntesis, todos los recursos son renovables según sea la dimensión temporal que se considere. En otros términos, la distinción no reside en si un recurso es renovable o no, sino en el tiempo requerido para su generación o reproducción o para que los depósitos de los mismos se vuelvan a llenar; si se respetan estas tasas o ritmos de reproducción, estos recursos pueden existir eternamente.

Lo que interesa, pues, es que los conceptos de renovabilidad y no renovabilidad orienten formas de utilización de los recursos naturales. En este sentido, es necesario que estos conceptos sean calificados: un recurso será renovable siempre y cuando se explote en una determinada forma y se lleven a cabo ciertas medidas que garanticen y permitan dicha renovabilidad, Por su parte, el concepto de no renovabilidad llama la atención sobre el hecho de que ciertos recursos se encuentran concentrados y que, dependiendo de las tecnologías disponibles y el conocimiento de la corteza terrestre, son relativamente limitados en el corto plazo y, por lo tanto, necesitan ser explotados en forma tal que se maximice la eficiencia de su uso.

Sin embargo, como estos productos no son destruidos en cuanto tales, pueden ser reutilizados y, por lo tanto, el reciclaje debe considerarse como una forma de manejo de los recursos. Por un lado, ello garantiza la renovabilidad de algunos recursos y, por otro, constituye una forma de abastecimiento sustitutivo de aquellos otros cuyos niveles de concentración en la corteza terrestre tienden a reducirse.

Volviendo al gráfico en que se esquematiza una concepción más amplia del término recurso, se observa que los conceptos de renovabilidad y no renovabilidad sólo se refieren a las dos primeras secciones del esquema, es decir, a los definidos como recursos naturales intrínsecos y materias primas, en que los primeros --aire, agua, luz y energía solar, más algunos productos agrícolas o del mar que dependen de los recursos naturales intrínsecos y del proceso de fotosíntesis-- son tenidos como renovables, mientras los otros --básicamente los minerales-- se consideran no renovables. Sin embargo, un examen de la tercera sección del gráfico y de los flujos de residuos que se originan en ellos, revela que el impacto de estos residuos afecta la renovabilidad de los recursos de las dos primeras secciones y significa, al mismo tiempo, la pérdida de recursos que son calificados como desechos.

En una concepción integral de recursos, la distinción entre renovabilidad y no renovabilidad no tiene sentido, pues una mala gestión y un uso predatorio ocasionan escasez o agotamiento, en tanto que una buena gestión garantiza un suministro adecuado e incluso creciente.

Los tradicionalmente llamados bienes libres y supuestos recursos renovables (el aire, el agua y la tierra) pueden en realidad agotarse o constituirse en recursos escasos en la medida en que su utilización se traduzca en una pérdida de su calidad, incapacitándolos para satisfacer las necesidades humanas. Así pues, la calidad del recurso y su preservación constituyen un elemento adicional importante; por ejemplo, la contaminación del aire y del agua los inutilizan para su empleo en determinadas actividades y reduce su disponibilidad en ciertos sectores y puede afectar aun la vida humana. Por otro lado, como se verá, este deterioro se ocasiona en gran medida con la dispersión y no utilización de los recursos, que representa de hecho una pérdida de los mismos.

Consideración especial merece la energía solar. Por un lado, proviene de una fuente inagotable como el sol, lo cual garantizaría un suministro adecuado y permanente, no sólo del recurso energético, sino de los otros recursos que requieren energía para renovarse y utilizarse. Por otro lado, la utilización por el hombre de la energía solar depende del proceso de fotosíntesis, cuyo manejo y las posibilidades de aumento de su eficiencia son, por el momento, mínimas.