1 Se encontrará una detallada exposición en el Informe Mundial sobre el desarrollo humano, 1994 del PNUD (Oxford University Press, 1994). 



2 Ibid.



3 Stockholm International Peace Research Institute, SIPRI Year Book 1994 (OUP, l994).



4 Véase Ruth Sivar Leger, World Military and Social Expenditures 1993 (World Priorities, Washington, 1993).



5 Informe mundial sobre el desarrollo humano, 1994.



6Calculado a partir de los datos del Informe sobre el desarrollo humano 1994, y de Sivard Leger, World Military and Social Expenditures.



7 Véase UN Draft Optional Protocol Providing for Consideration of Communications, Comité de Derechos económicos, sociales y culturales (doc. E/C. 12/1994/12), New York, 1994.



8 Convención sobre los derechos del niño., 4,28; Pacto internacional sobre los derechos económicos sociales y culturales, 2.1. Hay que resaltar que la cláusula en cuestión (PIDESC. 2,1) dice bien "con el máximo de sus recursos"; por consiguiente debe darse la prioridad máxima a la puesta en práctica de los derechos.



9 Comité de derechos económicos sociales y culturales. Quinta sesión. General Comment, nš 3 (Doc E 1991/23) New York, ONU 1990.



10 Ibid. Véase también Principios de Limburg sobre la puesta en práctica del Pacto internacional de los derechos económicos sociales y culturales [doc. E/CN 4/1987 (17)] New York, ONU, 1987.



11 Ibid., 27, 28.



12 FIAN, Economic Human Rights - Their Time Has Come (Heidelberg, 1995).



13 John Servell, The United States and World Development: Agenda 1977 (New York, Praeger, 1977; Morris David Morris, Measuring the Condition of the World's Poor (New York, Pergamon Press, 1979).



14 Informe mundial sobre el desarrollo humano, 1994.



15 Alex Mc Gillivray, A Green League of Nations (Londres, New Economics Foundation, 1993). Los indicadores que se han tenido en cuenta son las emisiones de óxido de nitrógeno, de dióxido de carbono y de dióxido de azufre; el gasto de agua por persona; el porcentaje de la población que tiene red de saneamiento; las zonas naturales protegidas en porcentaje de la superficie territorial total; el número de especies de pájaros y de mamíferos, en porcentaje del número total; la cantidad de residuos sólidos por persona en las ciudades; la utilización de energía por unidad del PIB; el número de pasajeros/km transportados en vehículos privados; el volumen de abonos nitrogenados por km2 de tierras cultivadas.



16 Se pueden encontrar críticas del PNB en numerosos estudios sobre el medio ambiente y otras políticas económicas posibles; véase, por ejemplo, Paul Ekins y Manfred Max-Neef (eds) Real Life Economics (Londres, Routledge, 1992).



17 Luisella Goldschmidt-Clermont, Economic Evaluation of Unpaid Household Work (Women Work and Development-Series, n1 14, Ginebra, OIT, 1987).



18 Marilyn Waring, If Women Counted (Londres, Mac Millan 1988).



19 Intersecretariat Working Group on National Accounts, System of National Accounts 1993 (New York, ONU 1993).



20 Está plenamente justificado no incluir estas cifras en la contabilidad nacional. Dado que la producción se registra igualmente como renta, tendrían el efecto -por ejemplo- de hacer aparecer el desempleo como inexistente.



21 Report of the Comitee on Women' Rights on the Assesment of Women's Unwaged Work. (doc. A-0197/93), Parlamento Europeo, 1993.



22 Roberto Repetto et al., Wasting Assets (Washington, World Resources Institute 1989) Sobre Costa Rica, Raoul Solerzano et al., Accounts Overdue. Washington, 1991).



23Uno de los proyectos más ambiciosos para ampliar y hacer "más ecológico" el PNB es el "Indicador del Verdadero Progreso" (IVP) elaborado en Estados Unidos por el Redefining Progress Institute. Este IVP trata de medir el grado de bienestar económico durable, es decir el PNB por habitante más el trabajo no remunerado en los hogares y el trabajo voluntario, pero menos los costos ecológicos y sociales ligados con el "progreso". Véase Herman Daly y John Cobb, For the Common Good (Londres, Greenprint, 1989) Clifford y John Cobb (eds.). The green National Product (Lanham, University Press of America, 1994; Clifford y Ted Halstead, The Genuine Progress Indicator (San Francisco, Redefining Progress Institute, 1994).

El IVP incluye los gastos de consumo (ajustados, para tener en cuenta el reparto de la renta), la formación de capital, los gastos públicos de interés general y el valor del trabajo doméstico no remunerado; de él se deducen la perdida de tiempo de ocio (que ha disminuido en Estados Unidos pese a todo lo que se ha inventado para ahorrar esfuerzos físicos) los costos del trayecto al lugar de trabajo, el subempleo, los costos de la contaminación del agua y del aire, los del ruido y los gastos hechos para hacerles frente, la reducción de zonas húmedas, de tierras de labor, de bosques y las pérdidas debidas a la erosión del suelo, los costos de la modificación del clima y de la destrucción de la capa de ozono o el costo de sustitución de las fuentes de energía no renovables por energía renovable.

El IVP no mide el bienestar económico actual, no los "sentimientos" de los individuos de ser más o menos felices; trata de medir el grado de bienestar económico de hoy que se considera durable a largo plazo. Su curva demuestra que el bienestar durable aumentó en Estados Unidos entre 1950 y finales de los 60 y alcanzó el máximo al comienzo de los 70; desde 1976 ha bajado y en 1992 llego a su nivel más bajo desde 1956. Un estudio reciente muestra una evolución semejante en el Reino Unido con un máximo en 1974 seguido de un descenso continuo. En 1990, el nivel del bienestar durable era la mitad del de 1974, e inferior al registrado después de 1958: Tim Jackson y Nick Marks, Measuring Sustainable Economic Welfare (New Economics Foundation y Stockholm Environment Institute, 1994). El problema que plantean estos trabajos es que algunas de sus hipótesis y algunos datos que utilizan han de ser tomados con cautela. El supuesto costo de reemplazar los yacimientos de petróleo por fuentes de energía renovables (75 dólares por barril en 1998) es mucho más elevado que la mayoría de las estimaciones actuales. También se puede poner en duda la evaluación de los bienes de consumo durables: las ventajas que proporcionan están estimadas en el 22,5% de su precio (es decir 403 mil millones en 1992), pero el total de los gastos que representan ( 443 mil millones el mismo año) esta afectado con signo negativo. En consecuencia los bienes de consumo durables se traducen en 1992 por un costo neto de 40 mil millones de dólares, que afecta al bienestar con una "ventaja negativa".



24 Pacto internacional de derechos económicos, sociales y culturales, 2.2.