
A pesar del eficaz entramado que el sistema patriarcal bereber ha diseñado para mantener a sus mujeres recluidas en sus hogares y marginadas de toda actividad pública, estas han generado estrategias para optimizar los escasos espacios que el sistema les concede y, en lo posible, ampliarlos.
Uno de los lugares donde consiguen las mujeres reunirse y desarrollar solidaridades son las zawiyas o marabouts31: las primeras, son edificios religiosos, organizados alrededor de una ermita o santuario y guiadas por maestros espirituales; las segundas, son las tumbas de santos venerados por la comunidad. A estos dos espacios de culto acuden las mujeres a pedir favores divinos para ellas y el resto de la familia: salud, trabajo, buenas cosechas...pero también poder de atracción sobre los hombres o el bien preciado de la maternidad. A través de sacrificios animales y elaborados ritos, la magia y la religiosidad se manipulan conjuntamente para crear un mundo simbólico femenino: la ciencia de las mujeres-lherb n tmgarin en bereber del Sous marroquí-, inspirada por los djins o genios, gira en torno a la creencia en la existencia de fuerzas maléficas o benéficas, que pueden ser interpeladas en favor de las mujeres mediante las hechiceras y curanderas, en su mayoría marginadas socialmente por su esterilidad32.
Los hombres, temerosos de estas prácticas femeninas, participan en ellas únicamente como pasivos destinatarios, toda vez que evitan hacer cualquier mención al respecto33. No pueden prohibirles a sus mujeres las actividades religiosas o imponerles restricciones, pero son conscientes que, simbólicamente, las mujeres intentan alterar o cuando menos cuestionar el orden dominante. Consecuentemente, el uso de la magia en estos espacios es un "discurso culturalmente estructurado que expresa en términos culturales y, por tanto, inteligibles y aceptables por el grupo, los conflictos personales" (PLANTADE). Espacio donde canalizar las ansiedades y expresar la insatisfacción vital, las zawiyas y las tumbas de los santos cumplen la función de renovar constantemente las relaciones femeninas: allí las mujeres se encuentran, comparten habilidades-en muchos casos se enseña a tejer y a cantar-, intercambian información... En definitiva, parece justo decir que las mujeres bereberes han resignificado y refuncionalizado un espacio religioso y mixto para apropiarse de un tiempo y un lugar propios en el ámbito público, dominado abrumadoramente por los hombres34.