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CONCLUSION

No resulta ciertamente fácil para la mujer la adquisición de la educación y formación que necesita y ante la que mantiene un derecho humano fundamental puestos a enfrentar la multitud de restricciones anteriormente mencionadas, es importante ir más allá de los factores que tienen que ver con el acceso a la educación y a la formación en general, para preguntarse por los que resulten más específicos. En otras palabras ¿para qué funciones en concreto preparan, desde el punto de vista social los programas normales de educación y formación a las jóvenes alumnas? ¿Se encuentran éstos diseñados para dotarlas de una justa igualdad de oportunidades?

La respuesta reside más allá de estas reflexiones nuestras, aunque la cuestión esencial siga siendo la necesidad de enfocarla desde el punto de vista de la desigual formación, capacitación y experiencia que la mujer recibe y que sin duda difumina sus anhelos y necesidades. Está muy claro que la mayor parte de los progarmas de educación y formación en la región están haciendo poco, si es que hacen algo para conseguir que la mujer esté cada día más consciente de su fuerza individual y colectiva y para que asuma sus legítimas funciones y responsabilidades en el contexto de una cada vez más profunda democratización. Tampoco se le provee a la mujer con las posibilidades que la capaciten para enfrentar y superar su subordinación y explotación tanto en el hogar como en su lugar de trabajo, así como para conocer sus derechos, para identificar y combatir el acoso sexual... por último, tampoco se la capacita para ganarse la vida, de forma asalariada o independiente sobre bases similares a las utilizadas por el hombre.

La mujer necesita acceder a una educación y formación que pasan hoy día por la alfabetización, la contabilidad, la capacidad laboral y el conocimiento de materias poblacionales y familiares. Sin embargo esto no es todo una adecuada educación y formación debería asímismo dotarla de actitudes, conocimientos y capacidades encaminadas hacía una participación en los procesos de desarrollo y de toma de decisiones, tanto en la órbita comunal como en la nacional. Con ello ganaria la mujer en confianza y autoestima, en como darle más sentido a su específica situación, en como mejorarla y en como logar mediante su acción una transformación que tanto viene deseando no sólo en su hogar sino en su comunidad y en su sociedad.

De todas maneras, la responsabilidad de influir sobre la educación y la formación no debe descansar sobre un único sujeto, por más que este sea grupal debe ser una tarea compartida por planificadores educativos y formativos, profesores y gestores que recojan la antorcha y soliciten a su vez un amplio, si no total compromiso de los líderes comunales del sector privado y de los miembros familiares.

Existen, a este respecto, algunas iniciativas prometedoras. Por ejemplo: con el fin de promover el acceso de las jóvenes a terrenos,"no tradicionales", una amplia red de institutos superiores de formación técnica han venido desarrollando lo que denominan programas de "acción positiva". La pretensión de dichos planes es la de cambiar la imagen, procedimientos y programas de las instituciones participantes con el fin de atraer y retener a cada vez más mujeres no sólo como estudiantes sino como encargadas y administrativas. Los objetivos al respecto vienen siendo facilitados por la identificación de marcos temporales y de las actividades y recursos requeridos.

Las actividades en cuestión incluyen una serie de medidas especiales para atraer a la mujer a programas técnicos, incluyendo materiales promocionales multimedia para usarlos en el entorno familiar y en las aulas de primaria y secundaria. Está claro que el bajo porcentaje de mujeres capacitadas a altos niveles tiene mucho que ver con el hecho de que no suelen optar o insistir respecto a temas contables, científicos, técnicos... desde los primeros grados de la educación. Es esto lo que ha conducido a otras instituciones a introducir programas innovadores como las más recientes "autopistas de información" científica y tecnológica, sin olvidar las últimas "clínicas-taller" que tienden a colocar a la mujer ante opciones y carreras de interés científico (en industrias, granjas, laboratorios de investigación...) y a las más emprendedoras en campos eminentemente técnicos.

Otra importante novedad de los programas emprendidos por la red de instituciones mencionadas ha sido la introducción de cursos pendientes a desarrollar capacidades de liderazgo. Dichos cursos, caracterizados por el "desarrollo personal" mantienen la finalidad de afianzar la autoconfianza y preparar a las mujeres para futuras tareas en áreas donde normalmente suelen estar en minoría, cuando no sujetas a hostilidad y discriminaciones.

Existen también cursos especiales que hacen incapié en las facultades de la mujer para desarrollar capacidades de gestión de forma que puedan optar a posiciones de liderazgo en las instituciones donde se mueven así como animarlas a convertirse en modelos de apoyo e incluso mentores con respecto al estudiantado femenino.

Por último, empieza a estar meridianamente claro que nada podrá cambiar de manera efectiva hasta tanto las aulas de estudio y los despachos administrativos esten conscientes del sexismo existente y de cómo sus prejuicios, actitudes y comportamientos pueden influenciar a las mujeres y, por tanto, a su desempeño en terrenos como el de la matemática y las ciencias en general.

Los planes de acción incluyen un tercer componente que no ha sido aún cumplimentado pero que sigue siendo crucial para el éxito global de este tipo de programas: la promoción del empleo. El sector privado puede y debería jugar un papel activo a la hora de estimular a las mujeres a incursionar en terrenos no tradicionales y a los padres para que apoyen la posible decisión de sus hijas para intentarlo. Sin embargo, los servicios de colocación laboral son demasiado limitados en la región como para ofrecer a la mujer una seria de oportunidad de participar en tareas de aprendizaje o en otros programas enmarcados en áreas no tradicionales de estudio-trabajo.

Lo cierto es que estamos ante programas ambiciosos de los que se derivan, además, importantes lecciones. La primera de ellas: el problema de ampliar las opciones de formación y empleo con respecto a la mujer no puede ser resuelto mediante implementos técnicos a corto plazo o soluciones de emergencia; requiere más bien de un conjunto de esfuerzos sistemáticos e integrados en diversos terrenos y referidos a grupos diferentes de interés. Un esfuerzo tal resultará, sin duda, en refuerzos recíprocos. El contenido del programa debe fundamentarse en un minucioso análisis del problema en cuestión realizado a partir de diversas perspectivas (la mujer, sus padres, los planificadores y gestores de su formación, sus maestros y patronos, los líderes de su comunidad...) Tampoco habría que olvidarse del importante papel de apoyo que pueden jugar tanto las instituciones educativas como los talleres de formación. La transformación por la que aquí hemos estado abogando no surgirá por arte de magia sino requerirá, más bien, de una promoción, un liderazgo y un compromiso activos. A este respecto, y al del programa que hemos descrito con anterioridad, las instituciones educativas o formativas pueden llegar a funcionar como auténticos catalizadores y, mediante su acción, azuzar los vientos de cambio de toda una comunidad.



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