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La educación: una sabia inversión.

En general, la educación genera beneficios económicos directos tanto a los individuos como a la sociedad en su conjunto, incrementando los ingresos y la productividad. El incremento de la educación tiene, en este sentido, un efecto directo sobre los salarios tanto de hombres como de mujeres: se calcula un aumento salarial de un 10 a un 20% por cada año que aumenta la escolarización. En Africa, donde las tasas de alfabetización y escolarización son bajas, los beneficios derivados de la educación son particularmente elevados.

Con todo, cuando las mujeres (jovenes y adultas) reciben educación los réditos se multiplican. De acuerdo a recientes publicaciones del Banco Mundial, "invertir en la educación de las jovenes puede representar la inversión mayores tasas de beneficios en los países en desarrollo"[218]. Una madre educada no sólo tiene probabilidades de obtener mayores ingresos sino que se le abre toda una gama de diferentes de opciones. Por ejemplo, es probable que tenga menos hijos. Las mujeres educadas tienden a contraer matrimonio y a pensar en los hijos más tarde así como a espaciar más los nacimientos. Cada curso extra de escolarización tiende a reducir la fertilidad de la mujer en torno a un 5 a 10 %[219]

Diversos estudios señalan que las madres tienden a canalizar sus propios ingresos a gastos destinados a los hijos en mayor medida que los padres. La educación capacita asimismo a la mujer para una mejor gestión del medio ambiente familiar, unas aplicación más adecauada de prácticas de higiene y nutrición, una utilización más eficiente de los servicios sanitarios y una mayor habilidad para hacer frente a la carencia de estas facilidades. Como resultado de todo ello, la educación de la mujer está ligada a un descenso en la mortalidad infantil, una mayor expectativa de vida y una salud mejor. En Africa, 1 de cada 5 niños muere antes de llegar a los 5 años de edad si su madre no ha tenido acceso a la educación. Este porcentaje se reduce a más de la mitad en el caso de que ella haya cursado siete años de educación[220].

La educación de la mujer tiende también a mejorar la calidad de vida de las generaciones futuras, al aumentar las posibilidades de que la mujer asegure a sus hijos una suficiente asistencia a la escuela[221]. Finalmente, la educación de la mujer redunda asímismo en beneficios medioambientales. Un informe del Banco Mundial preparado en 1992 para la Conferencia de Rio concluyó que la inversión en educación de la mujer genera uno de los mayores beneficios en protección ambiental ya que reduce la fertilidad, desincentiva la tala de los bosques al asegurar a la mujer mejores opciones laborales y aumentar su capacidad para manejar los recursos naturales[222].

[218] The World Bank, 1992b.

[219] Ibid.

[220] Choksi, 1993:4

[221] The World Bank, 1992 a.

[222] Choksi, 1993:4



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