
Las tasas de mortalidad de las madres en edad reproductiva constituye otro indicador del estado de salud de la mujer. Las muertes causadas por el embarazo o el parto representan, en los países en desarrollo, la causa de muerte más frecuente entre las mujeres en edad reproductiva. Al mismo tiempo, son los indicadores de salud que reflejan una mayor disparidad en el mundo en desarrollo en relación al mundo desarrollado[195]. Con 640 muertes asociadas a la maternidad por 100.000 nacimientos vivos, Africa tiene la tasa de mortalidad materna más elevada del mundo. Estas cifras constituyen tasas medias, que en algunas zonas rurales llegan hasta 1000 muertes maternas por 100.000 nacimientos vivos. El relacionar el número de hijos nacidos vivos a la mortalidad materna nos muestra que el riesgo de mortalidad asociada a la maternidad es función del número de hijos que una mujer procrea. En Africa, la mujer corre este riego al menos 6 0 7 veces durante su existencia, mientras que en los países europeos esta frecuencia es mucho menor. Por ejemplo, en Suecia, este riesgo es de 1 sobre 15.000 contra 1 sobre 28 en Burkina Faso, Ruanda o Zaire. O sea, hay una probabilidad de riesgo 500 veces mayor[196] . Sin embargo la magnitud real del problema es difícial de evaluar por falta de estadísticas confiables. Por otra parte, como señala este informe, los problemas de salud y mortalidad materna han sido descuidados o considerados como una fatalidad. Datos de la Organización Mundial de la Salud[197] señalan que en 1983 ocurrieron en Africa, en números absolutos, 126.000 muertes debidas a complicaciones de la maternidad, comparadas con 6000 en el mumdo desarrollado y con 308.000 en Asia. Se ha estimado que Africa representa el 18% de los nacimientos en el mundo y el 30% de la mortalidad materna[198]. Por otra parte, como señala este informe, "los problemas de salud y mortalidad materna han sido descuidados o considerados como una fatalidad".
La mortalidad materna se debe a diversas causas que se refuerzan mutuamente: embarazos en las etapas más tempranas y más tardías del ciclo reproductivo, agotamiento por embarazos poco espaciados, embarazos en mujeres que ya han estado embarazadas muchas veces, falta de servicios sanitarios y de personal médico[199]. La falta de asepsia debido a la utilización de instrumentos médicos sin esterilizar o a manos sucias provoca inflamaciones a la pelvis que provocan esterilidad en un 15 a 20% de las mujeres africanas[200]. En lo que respecta a la falta de condiciones sanitarias y personal médico especializado, el informe mencionado hace notar que la mortalidad materna se sitúa, como la mayoría de los fenómenos demográficos, en la intersección entre lo biológico y lo social. En el caso del Africa Sub-sahariana los estándares sanitarios se encuentran muy lejos de las normas preconizadas por la Organización mundial de la Salud. El porcentaje de nacimientos que cuentan con ayuda de personal médico calificado oscila entre un 22% en Africa Central hasta 37% en Africa del Este y 38% en Africa Occidental, comparado con 99% en los países desarrollados y 52% en el mundo en desarrollo (ver cuadro nº ).
La cantidad de dispensarios que proporcionan servicios pre-natales y servicios obstétricos es muy variable. Las mujeres por lo general dan a luz en sus domicilios asistidas por comadronas tradicionales. Aparte de los problemas que se plantean debido a los costos de los servicios hospitalarios, de las distancias que hay que recorrer para acceder ellos y de los problemas de transporte, se señala una cierta desconfianza con respecto al medio hospitalario, demasiado alejado de las prácticas tradicionales. En muchas sociedades el parto es acompañado de ritos y ceremonias: absorción de líquidos, amuletos, gestos y palabras, manifestaciones que dificilmente pueden llevarse a cabo dentro de un medio hospitalario[201].
Otro factor que afecta la maternidad es la anemia o insuficiencia de fierro en la sangre, consecuencia de un estado nutricional deficiente, de parásitos intestinales o paludismo o de hemorragias y accidentes vasculo-renales. Alrededor de 2/3 de las mujeres embarazadas en Africa y en Asia del Sur y Asia Occidental son clinicamente anémicas, comparada con 1/2 de las no embarazadas. Las mujeres en edad reproductiva requieren 3 veces más fierro que un hombre adulto, ya que la menstruación y la crianza de los hijos intensifican la necesidad de fierro en el organismo. La anemia, por su parte, aumenta los riesgos de muerte por hemorragia durante el parto. La deficiencia de fierro está ampliamente expandida a través del mundo en desarrollo y especialmente en Asia del Sur y algunas partes de Africa.
Si bien la anemia que sufren numerosas mujeres encinta en el continente africano se debe a una pobre alimentación y a la incidencia de paludismo, no cabe duda que los tabúes alimentarios, que incluyen alimentos ricos en proteinas y en minerales, especialmente fierro y vitaminas, contribuyen a afectar la salud de la madre[202]. En países tales como Etiopía, Sudán y Nigeria, existen tabúes culturales que prohiben a las mujeres embarazadas comer frutas, vegetales y leche; en otras sociedades la prohibición se hace extensiva a ciertas variedades de carne y pescado, restricciones que hacen peligrar tanto la vida de la madre como la del niño que está por nacer. En algunas poblaciones de Togo y Senegal a las mujeres encinta se les prohibe comer huevos, por considerarse que éste representa el gérmen de la vida y que nadie puede procrear a expensas de la vida de otra especie. En Senegal la mujer embarazada debe evitar comer alimentos amargos que se tienen por abortivos. Esta prohibición se hace extensiva a los comprimidos amargos, tales como la quinina y la nivaquina. Otro estudio realizado en Etiopía[203] corrobora la prevalencia de tabúes alimentarios. Hace notar que frecuentemente, durante el embarazo, las mujeres evitan las marterias grasas, especialmente la mantequilla, el queso y la carne grasa, argumentando que su ingestión hace crecer el feto desmesuradamente dificultando el parto. Asimismo asocian estos productos con la secreción de las glándulas sebáceas que cubren el feto y actúan como lubricante durante el parto y que son vistas como signos de inmadurez o suciedad. Creencias similares han sido observadas entre algunos grupos étnicos en Tanzania. Inversamente, muchas costumbres alimentarias tradicionales nutricionalmente benéficas han sido reemplazadas por otras de menor valor nutritivo. Por ejemplo, el pan completo preparado a base de trigo y otras harinas y cereales completos han sido catalogados como alimentos de pobre y dejados de lado en favor de cereales refinados, dulces y bebidas. Estos cambios son especialmente notorios en las áreas urbanas y afectan también a las mujeres encinta.
En muchos países las mujeres y los niños acostumbran a comer después que los hombres, debiendo contentarse con lo que éstos han dejado, que es por lo general el alimento de menos valor nutritivo.
Como puntualiza el estudio de Naciones Unidas recientemente citado, las mujeres que tienen un estado nutricional deficiente y están debilitadas por la anemia al iniciar su embarazo tienen más probabilidades de tener hijos con menos peso del normal, con deficiencia de yodo y otros problemas nutricionales[204]. Por otra parte es importante considerar que los repetidos embarazos y prolongados períodos de lactancia representan un considerable esfuerzo físico para la madre. Pese a que hay pocos estudios al respecto, se ha afirmado que la desnutrición de la madre constituye la regla más que la excepción en Africa[205].
Otro factor que incide en la mortalidad y morbilidad materna es el aborto clandestino. En la mayoría de los estados africanos el aborto representa un acto reprimido por la ley, por lo cual resulta extremadamente difícil aprehender la magnitud del fenómeno. Hasta ahora sólo se registran aquellos casos cuya gravedad hace necesaria la hospitalización. Un estudio realizado en Lomé estima los abortos provocados en 16,57 por 1000 nacimientos. Estos abortos se dan sobre todo en mujeres jóvenes, entre los 14 y los 24 años, entre las que se cuenta una alta proporción de liceanas (35,12%). Las mujeres que sobreviven a esta prueba quedan con secuelas graves y durables, tales como esterilidad, dolores ginecológicos crónicos, abortos espontáneos y fístulas vesico-vaginales. Las fístulas vesico-vaginales consisten en una apertura entre la vagina y el recto o la uretra, que permiten el paso de feces o de orina a través de la vagina. Dichas fístulas son más frecuentes en madres jóvenes que han sufrido obstrucciones durante el parto y que han resultado en un trabajo de parto muy prolongado. En Nigeria, un 80% de las mujeres que sufren de esta dolencia tienen entre 15 y 19 años[206].
[195] World's Women, p. 57, op. cit.
[196] U.N., 1992: Condition de la femme et population. Le cas de l'Afrique Francophone, p. 83. Centre Français sur la population et le developpement, Paris et Centre des Nations Unies pour le developpement social et les affaires humanitaires, Vienne. Ed. Ceped.
[197] Wendy J. Graham, 1991: Maternal Mortality: Levels, Trends and Data Deficiency, p.p. 101-114, The World Bank, Oxford Univerty Press, USA.
[198] Global Outlook 2000, p.284, op. cit.
[199] Global Outlook 2000, p.284, op. cit.
[200] U.N.,1992, ibid, p.84
[201] Ibid, p89
[202] Ibid, p. 89.
[203] Birgit Negussie, 1988: Traditional Wisdom and Modern Development, p.149. Institute of International Education, University of Stockholm, Stockholm
[204] World's Women p.58, op. cit.
[205] Helen Ware, 1983: Female and Male Life-Cycles, p.18-20, in Female and Male in West Africa, ed.C. Oppong, op. cit.
[206] Patricia Smyke, 1991: Women and Health. Women & World Development Series. Zed Books LTD, London.