
Todas las religiones reveladas han predicado siempre la multiplicación de los seres humanos oponiéndose pués a toda tentativa de control de la natalidad. El Catolicismo mantiene una oposición oficial rigurosa en estos menesteres y lo mismo sucede con el Islam, por mucho que se discuta sobre la mayor o menor liberalidad de esta religión en lo tocante a estas cuestiones. A raíz de un reciente encuentro sobre "Islamismo y población", de la FNUAP, celebrado en Dakar en Septiembre de 1992, la opinión emitida por especialistas egipcios de renombre, en el sentido de que el Islam no prohibe el aborto en los tres primeros meses de la gestación, no fue refutada por ninguno de los religiosos allí presentes.
Felizmente, las reflexiones más lúcidas incluyen la necesidad de gestionar mejor el futuro global de las poblaciones así como el hecho de que esto no tiene por qué entrar en conflicto con los preceptos religiosos. El movimiento norteamericano de "Católicos por la Libre Elección" intenta por ejemplo afinar la idea de que el aborto no es incompatible con la religión católica. Sin embargo, hay que reconocer que estas actitudes abiertas no forman parte de la opinión mayoritaria.
Es probable, sin embargo, que no pocas de las religiones tradicionales mantengan una visión cercana a las modernas concepciones en materia de control de la población. Las técnicas ancestrales de observancia de los periódos de fecundidad en la mujer (donde viene a insertarse el arsenal fitoterapéutico en cuanto al aborto y a la planificación de la natalidad) parecen relativamente comprobadas en la actualidad por los especialistas del ramo (por mucho que el conocimiento y los métodos de transmisión y aplicación de estas técnicas no se encuentren aún abiertamente relacionados).
El llamado "método Billings" (observación de la mucosa cervical por parte de la mujer para determinar sus periódos de fecundidad) utilizado tradicionalmente por los bosquimanos australianos, viene siendo también promovido por los católicos a la hora de disuadir a sus fieles de recurrir a métodos anticonceptivos.
El anhelo de la mujer, garantizado o no por la sociedad, de limitar su fertilidad, se ha materializado en el uso de diversos métodos tradicionales tanto mecánicos (esponjas o irrigaciones vaginales) como químicos (donde entraría la fitoterapéutica anticonceptiva y abortiva) e incluso comportamentales (lactancias naturales prolongadas, separación de la pareja hasta la época del destete...)
La eficacia estadística de estos métodos es sin duda alguna menor que la de los métodos modernos, aparte de otras ventajas e inconvenientes.