
La reducción del gasto público ha redundado en severos cortes en los servicios básicos de salud y educación y en los subsidios alimentarios. Estudios realizados en 1985 en 19 paises revelan que el gasto público real per cápita ha decrecido en 2/3[321]. Esta reducción ha afectado especialmente a los grupos más vulnerables, que no pueden acceder a servicios educacionales y de salud privados. Otro tanto sucede con respecto al estado nutricional de la población. El substancial incremento en el precio de los alimentos unido a la reducción de los subsidios alimentarios y al alza de los productos importados ha determinado una reorganización de los patrones de vida y consumo del hogar y una mayor sobrecarga para la mujer en el desempeño de sus tareas reproductivas. Muchos hogares han debido modificar su dieta. En Lusaka, un estudio realizado en hogares de bajos ingresos muestra que la composición de los regímenes alimentarios han sufrido importantes cambios luego de la restricción en el uso de divisas, reduciendo los alimentos costosos y ricos en proteinas por productos locales menos nutritivos. El peso de estas adaptaciones no se reparte de un modo igual entre los miembros de la familia. Por lo general es la mujer quien debe enfrentar las tensiones y darse el trabajo de buscar alimentos más baratos o de preparar productos menos procesados[322]. La disponibilidad de alimentos ha disminuido, sobre todo en los hogares más pobres: estudios sobre las tendencias recientes en materia de nutrición muestran que la ración energética individual - (medida en kilocalorías por día) - ha disminuido en el Africa subsahariana entre los años 1980 y 1985[323]. Datos de Zambia muestran que hasta 1983 la proporción de niños admitidos en los hospitales debido a desnutrición era más bien baja y estable, situándose alrededor de un 5 a 7 %; pero, a partir de 1987 esta proporción alcanzó un 17%. Del mismo modo las muertes atribuidas a desnutrición aumentaron de un 17% a un 37% en 1987[324]. Otras investigaciones sobre el estado nutricional de las mujeres, realizadas a pequeña escala, tomando como indicadores datos antropométricos, niveles de fierro y ración dietética, parecen indicar que éstas están expuestas a un mayor riesgo nutricional probablemente debido a la persistencia de valores culturales que les proscriben ciertos alimentos. La mayor esfuerzo físico al que están sometidas las mujeres, especialmente en las áreas rurales, unido a la existencia de necesidades calóricas no satisfechas tiende a afectar el peso de los bebés al nacer, dando lugar a bebés de bajo peso, con mayores riesgos de mortalidad y morbilidad.
[321] Eva Jespersen, 1992: External shocks, Adjustment policies and economic and social performance, p.27, en Africa Recovery in the 1990s. A Unicef Study, St Martin Press, Great Britain.
[322] Nations Unies, 1989: Etude mondiale sur le rôle des femmes dans le developpement, op. cit. p. 24-25.
[323] Ibid,p.42.
[324] Commonwealth Secretariat, op. cit, p.70