LAS SOCIEDADES NORTEAFRICANAS FRENTE A LA DEMOCRACIA

Yolanda Aixela

Introducción

Aunque los países que componen el norte de África encierran múltiples singularidades, el Islam, tanto por su alcance religioso como por su incidencia en la sociedad, los uniformiza, materializándose dicha homogeneización en la adopción de referentes islámicos similares. Ejemplo de ello es la importancia generalizada de un tipo de institución familiar, vehículo a través del cual se median las relaciones entre los individuos. Con ella, el Islam transmite el ideal de solidaridad comunitaria, definiendo los vínculos familiares y las alianzas, estableciendo, a su vez, la división de las obligaciones según edad y sexo. En nuestra opinión, un proceso democrático en este contexto significaría el desmembramiento de la familia y la pérdida de su significación social, transformando, así, una de las constantes que determina y estratifica con mas fuerza a la sociedad musulmana. La complejidad que implica el desarrollo de este modelo democrático, así como los cambios que introduce en el seno de la sociedad e incluso en la propia cultura en general, serán el centro de este articulo. Para poder abordar estas cuestiones vamos, por un lado, a intentar extrapolar los presupuestos, a nuestro entender, mas importantes del Islam y de la democracia para compararlos y así intentar comprender las dificultades ante las que se enfrenta un modelo democratizante, y por otro lado, a remitirnos a dos procesos, el de industrialización y el de la introducción del modelo de Estado-nación, por cuanto mediante los pequeños cambios que han ido introduciendo, habilitan, teóricamente--ya que no siempre los cambios han sido interiorizados por la sociedad--, el terreno para poder construir el modelo democrático en estos países.

Democracia e Islam

Si se hace necesario comparar, aunque sea de forma muy general, los presupuestos y practicas islámicas y las democráticas, es por cuanto esa equiparación explica, casi por si misma, los impedimentos a los que se enfrenta el proceso democrático en su interiorización social en los países norteafricanos. Ante todo, observamos que en el contexto islámico prima el colectivo frente al individuo, ya que no se pretende el bienestar personal, sino el de todo el grupo. Así, la libertad del hombre musulmán empieza donde acaba el espacio publico, todo ello en contraposición a la primacía del individuo sobre la sociedad en gobiernos democráticos occidentales. Asimismo, frente a la diversidad de la democracia, prevalece la homogeneidad en el Islam, que tiene como referente al "buen musulmán", el cual recibe la estructura política de un gobierno personalista (en el que quizás se podría reconocer al líder carismático), que legitima su poder con vocabulario islámico y que, algunas veces, lo distribuye entre miembros de su mismo grupo de parentesco, todo ello en oposición al gobierno democrático impersonal, que obedece a una Constitución, no divina, sino homocéntrica. En contraposición a la igualdad de derechos sin distinción de "raza", sexo o religión promulgada por la democracia en una Constitución de corte occidental, la ausencia de derechos (hasta hace poco tiempo) del colectivo femenino y la marginación real que sufre el colectivo beréber en los países en que su numero es considerable. Ligada a esa sociedad abierta que propone la democracia esta la libertad de expresión, que permite crear diferentes estados de opinión y, por tanto, atribuir cierta heterogeneidad a la sociedad; frente a esas características, los valores absolutos y la censura en contextos islámicos, donde el Corán aparece en la vida cotidiana como modelo de actitudes y conductas, y donde los comportamientos no normalizados por este resultan ser actitudes transgresoras.

No obstante, y a pesar de la aparente rigidez de los países musulmanes norteafricanos, empiezan a discernirse con claridad dos actitudes frente a la occidentalización con objetivos diferentes: una pretende la modernización del Islam y la otra la islamización de la modernidad. La primera intentaría adoptar el modelo democrático salvaguardando todo aquello definible como islámico que fuera compatible con la modernidad; la segunda, basándose en lo islámico incorporaría modificaciones modernizantes a lo ya establecido. Pero lo mas importante es que ambas actitudes son conscientes de la inevitable interacción entre la "modernidad occidental" y el Islam.

El proceso de industrialización y el modelo de Estado-nación

Aunque el proceso de industrialización no se ha desarrollado en toda su complejidad, numerosos han sido los cambios que paulatinamente ha ido introduciendo en el seno de la sociedad, provocando transformaciones en la cohesión social y familiar preestablecida en favor de unas formas con connotaciones mas democráticas. En primer lugar, destacamos la introducción de un nuevo concepto de trabajo que se definiría por tres características opuestas a las que dominaban anteriormente el mundo laboral: el igualitarismo, que integraría tanto al colectivo masculino como al femenino; la impersonalidad, en detrimento de las relaciones laborales familiares, desfavoreciendo así el clientelismo y materializando la igualdad de oportunidades, y la movilidad laboral, que se traduciría en la sustitución del oficio por el cambio a un empleo para el que no se esta especializado. En segundo lugar, observamos como este proceso de industrialización potencia un fuerte proceso de urbanización que va a dificultar la reproducción de la estructura solidaria y familiar anterior ya que la distancia entre miembros del mismo grupo de parentesco debilitara los lazos familiares, estimulando la aparición de nuevos referentes sociales. Así, vemos como se empezó a relativizar la importancia que tenia el ascendiente en el prestigio y el honor de la persona, ante el que podía obtener el individuo, por si mismo, mediante sus aptitudes personales. En tercer lugar, y resultado del nuevo modelo transmitido, destacar la aparición de un nuevo concepto de bienestar social relacionado con el mundo laboral e identificado con la adquisición de riqueza: es el bienestar material. Ya no se pretenderá tanto la subsistencia de todo el grupo como la de la propia unidad familiar, lo que estaba amenazando era una nuclearización de la familia.

Esa nueva concepción del trabajo fue impulsada por los dos colectivos que mas poder tenían dentro de estas sociedades: la clase alta occidentalizada y la burócrata, que unidas respaldarían a los gobernantes que iban a intentar poner en practica el modelo de Estado-nación occidental. Pronto el fracaso de la asimilación del modelo se haría patente resultando contradictoria la actuación de estos dirigentes: ¿cómo podían legitimar un Estado laico de corte occidental tras su lucha arabo-islamica frente al occidente secularizado e individualista? La estrategia adoptada fue ambigua e iba respaldada por la arabización. Por un lado, su discurso se caracterizaba por la abundancia de vocabulario islámico, que aparentemente legitimaba su poder, llevando a cabo, paralelamente, una cuidada y extendida escolarización árabe. Por otro lado, el elemento cohesionador promulgado no pretendía ser la identidad musulmana, sino la promesa del bienestar material y la integración económica cuanto menos en el Mediterráneo. El Estado no islamizaba, al contrario, intentaba secularizar la vida cotidiana, dejando a la religión como una elección individual y un estado espiritual. Curiosamente, ni siquiera los movimientos islámicos tenían cabida en la arena política, se intentaba, de forma poco democrática, censurar toda opinión diferente a la gubernamental que pudiera recrear en su discurso al Islam como respuesta politico-religiosa.

Así, el malestar social que se dejaba entrever en el seno de la sociedad se sumaba a la inadecuada estrategia modernizante que habían adoptado estos países, ya que desestimaron la llamada a la democratización que dejaban oír los diversos movimientos nacional-populares desde abajo (nasserismo o socialismo argelino), para realizar una modernización desde arriba, poco igualitaria, ya que se constituía mas como una formación de capas dirigentes burocráticas y autoritarias que como un autentico proceso de integración social global, a través del cual todas las capas sintieran que participaban realmente del proceso de construcción de su Estado. De hecho, estaban favoreciendo la aparición de un proceso de exclusión social de forma institucionalizada, ya que se distinguían claramente los colectivos que ostentaban el poder y los que permanecían ajenos al mismo.

Contexto social y auge islámico

La ambigua realidad y el doble discurso que viven estos países se ha materializado en una profunda escisión de la sociedad. Por un lado, hallamos los partidarios de la "modernización occidental", y por tanto del modelo democrático, por el otro, un sector bastante amplio que mantiene una actitud equivoca frente a la disyuntiva introduciendo paulatinas modificaciones en su vida cotidiana y, en ultimo termino, los que prefieren ser fieles a su cultura islámica. No obstante, habría que tener en cuenta que lo que aparentemente se ha estado constituyendo como una vuelta a un Islam ortodoxo, en sectores muy focalizados de la sociedad, quizás no haya sido mas que una busca de la propia identidad. Las causas que han provocado esta búsqueda han sido múltiples. La oposición a un modelo impuesto que no admitía el dialogo y que pretendía la aculturación, sólo fue su base, ya que en el transcurso de los años que siguieron a la independencia nuevas dudas y rechazos se sumaban a las que, desde el primer momento, habían inquietado a algunos sectores. Ante todos los desencadenantes de ese rechazo a lo occidental, y por tanto, al proceso de democratización, esta la rotunda crisis que estos países sufren, resultado de una ineficaz modernización político-económica --materializada en un capitalismo subdesarrollado de difícil inserción en el espacio mediterráneo--, agudizada por una tasa demográfica vertiginosa y un paro preocupante. Una prueba de esta desafortunada realidad es la abundante emigración norteafricana que se dirige hacia diversos puntos de Europa o Próximo Oriente en busca del bienestar material.

Asimismo la institución familiar se enfrenta en las ciudades, a una importante perdida de significación social por la confluencia de nuevos factores demográficos, económicos, políticos y urbanísticos. Hasta entonces la familia había sido la base de la sociedad, caracterizándose por su patrilinealidad, su endogamia, su poligamia y sus vínculos familiares extensos. En la ciudad, la institución entra en crisis, crisis que se va a extender al propio Islam: ¿cómo iba a poder reproducirse en toda su complejidad si era nutrido por las dos instituciones--comunidad y familia--que estaban, de forma mas inminente, en vías de transformación?

Por otro lado la familia en su intento desesperado por recuperar su significación social en las ciudades, va a prestar especial atención al colectivo femenino, evitando que este pueda acceder al espacio publico. De hecho la sumisión de la mujer al hombre venia establecida por la institución familiar, que contemplaba al ideal femenino como madre y esposa, y al masculino como protector y proveedor de la familia, ambos inmersos en un lenguaje de pudor, honor e intimidad que acotaba sus espacios y sus relaciones. Si la mujer accedía con plena libertad al espacio publico se podía producir, a corto plazo, una desestructuración de la estructura familiar--por la ambigüedad de los modelos transmitidos--y, a largo plazo, un desmembramiento de la estructura familiar--por la adopción de nuevos valores y conductas. Así, vemos como la mujer debía quedar relegada a la esfera domestica: se había convertido en el nuevo eje que articularía el parentesco en las ciudades. No obstante, ante la inminente incorporación de la mujer en el mundo laboral se intentó, por un lado, canalizar la mano de obra a la economía sumergida--que no implicaba una obligada ausencia del hogar--, y por otro lado, que cuando saliera al espacio publico lo hiciera velada--para privatizar segmentos de espacio público. Y es en este contexto de desconcierto y temor por la transformación de la estructura familiar, donde se plantea, para poder materializar el proceso democrático, la igualdad de derechos entre hombre y mujer, algo difícilmente asumible para un colectivo masculino que quiere seguir siendo musulmán según su propia recreación del Corán.

Conclusiones

Abordar el tema de la democratización en el norte de África resulta una tarea ardua por los antitéticos principios que contiene frente al Islam. Hemos intentado apuntar las pequeñas modificaciones que si realmente se extienden en estas sociedades y confluyen en el tiempo, pueden propiciar el desarrollo de este proceso. Pero lo que, a nuestro entender, puede desembocar en un verdadero proceso democrático es un dialogo entre las dos culturas sea por la vía de la islamización de la modernidad, o sea por la de la modernización del Islam. La clave quizás sea el mutuo objetivo de unos y otros: la sociedad del bienestar.

BIBLIOGRAFÍA


Yolanda Aixela es licenciada en Antropología. Autora de varios artículos sobre el Islam. Actualmente realiza la tesis doctoral sobre Antropología social. Es coordinadora de grupos de trabajo y seminarios del Centro deEstudiosAfricanos deBarcelona.