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Edith Stein, una buscadora  nata de la Verdad

 

Tengo que confesaros, que hasta que no me senté para escribiros algo sobre Edith Stein, apenas la conocía. Sólo sabía que la querían canonizar este mes de octubre y que había sido asesinada en Auschwitz. Me daba un poco de apuro hablaros de ella sin yo haberla descubierto previamente.

 Lo bonito de todo, es que una vez que fui entrando en su vida, me iba quedando un tanto perpleja. El porqué de este asombro es por tres aspectos que se repiten constantemente y que van dando hilazón a su vida. Estos son: primero, lo polifacética que era Edith Stein, judía, filósofa, profesora, defensora nata de los derechos de la mujer, conversa al catolicismo y después carmelita. Segundo, que es lo que más me ha impresionado, su empeño en todas esas facetas de buscar la verdad, y no una verdad en abstracto como diría ella, "sino encarnada en las personas y por ello inconcebible sin amor" y tercero, la preocupación por la persona, por el sentido de su existencia y por todo lo que a ella le concierne.

Este interés le llevó a estudiar Psicología, Filosofía, Historia, y a interrogarse ante los principios racionalistas de la época, (1911-1913), que no le satisfacían para dar respuesta a esas preguntas tan vitales para el hombre.

Inquieta por estos temas, deja Breslau, su ciudad natal, y por ello su relación con el mundo judío, y se traslada a otra universidad, simple y llanamente por haber descubierto a Husserl, creador de la Fenomenología. No hay obstáculos para Edith S. cuando se trata de encontrar respuestas y fue Husserl quién le hizo comprender que "el hombre no se agota en su materialidad y racionalidad, que existe en él otra dimensión interior "espiritual" que forma parte de su ser ".

A este descubrimiento hay que unirle el apasionamiento de Edith S. por la Historia, sobre todo, porque "implica una participación en los acontecimientos políticos creando así una conciencia de responsabilidad social y un sentimiento de solidaridad con la humanidad".

Desde este sentimiento es fácil entender su lucha en la Liga Prusiana para el Derecho al Voto de la Mujer, en el que estaba afiliada porque reivindicaba la plena igualdad de los derechos políticos. Ella siempre dijo que "la búsqueda de la verdad había sido encomendada a ambos sexos por igual".

El contacto con lo humano y la realidad social la hizo más sensible a toda la problemática surgida en la 1ª Guerra Mundial participando como voluntaria de la Cruz Roja.

Esa proximidad al sufrimiento, la tesis sobre la empatía, donde sigue enfatizando a la persona como sujeto espiritual y ¡los encuentros! con Max Scheler y Reinach fundamentalmente, le van a ir acercando al mundo de la fe: Scheler, porque le presenta la posibilidad de ser católico y científico al mismo tiempo, pero será el conocimiento y la muerte de su amigo Reinach lo que le suma en una profunda crisis acerca del misterio de cruz y de esperanza, y a la vez suponga el punto de partida para una búsqueda sin miedos en el camino de la fe.

Así comienza para Edith S. un querer creer y no poder, un creer que viene y va, un intuir la verdad en Dios intelectualmente pero aún no experimentarlo vitalmente, un sentirse atraída pero no invadida.

¡Es precioso esta consciencia que va teniendo en su proceso en la fe!.

De todas formas hay factores que le impiden dar el salto más convencidamente. Uno de ellos sin duda, es la ruptura frente a su familia judía -especialmente le preocupa su madre-, y otro será la duda de si el paso lo hace al protestantismo, como la mayoría de sus amigos fenomenólogos, o al catolicismo.

Ella, fiel a su meta, sigue buscando y es a través de la lectura y en especial la Vida de Santa Teresa de Jesús la que determinará su paso al catolicismo. ¿Por qué Santa Teresa?: hay profundas similitudes entre ellas: las dos buscadoras de lo auténtico, inconformistas, profundamente inteligentes, feministas en su sentido más auténtico, luchadoras... las dos de origen judío. Esto será el detonante para querer bautizarse en 1922 a los 31 años de edad. Fue tal la radicalidad de la opción tomada, que a partir de entonces derrochó sus energías en transmitir gozosamente lo que había descubierto y así, comienza a dar clases, conferencias, con el tema fundamentalmente del papel de la mujer en la familia, en la sociedad, en la Iglesia... y continúa escribiendo.

En sus escritos se sigue valorando la individualidad del hombre: El ser individual adquiere sentido en la medida que se da, que se relaciona, que se abre al mundo. De ahí la importancia de conocernos, de conocer nuestra vocación y de ponerla al servicio de la sociedad.

Será Hitler quien marque el rumbo del pueblo judío y también de Edith prohibiéndole dar clases por imposición de la ley aria a todos los judíos. Es el momento que aprovecha para decidir su ingreso en el Carmelo. Serán apenas 9 años, pero suficientes para descubrir la espiritualidad carmelita y sentir intensamente "el vivir en las manos de Dios", hasta tal punto que quiere ofrecer su vida por la verdadera paz. El nueve de agosto de 1942 moría asesinada en la cámara de gas.

Releyendo estas pequeñas pinceladas sobre Edith Stein compruebo que hoy el mensaje de esta mujer sigue teniendo sentido pues es capaz de decir que frente al materialismo, al beneficio, a la despersonalización social, a la falta de esperanza propias de este momento histórico, es preciso apostar por la realización de la persona, el cultivo de su interioridad vivida como don al servicio de la sociedad. Y así la comunidad, la sociedad, la Iglesia han de favorecer y apoyar -para alcanzar su perfección y desarrollar su misión de estar al servicio del hombre-, el don que tiene cada individuo.
 

LUISI MONTERO

ACCIÓN CULTURAL CRISTIANA