Acerca de la defensa de los derechos humanos, no necesito extenderme porque el profesor Solé Tura lo ha desgranado perfectamente. Casi todos los Estados que se sientan actualmente en la Asamblea General aparecen como clientes habituales en el informe anual de Amnistía Internacional y muchos de ellos de forma constante en muchas páginas y desde hace muchos años.
Las guerras no son menos salvajes desde que existe Naciones Unidas y la presencia de los cascos azules ha conseguido aliviar el sufrimiento, pero nunca evitarlo. Lo que ha pasado y puede pasar en Bosnia es un ejemplo muy reciente. Resulta terriblemente difícil evitar pensar que en Servranica miles de seres humanos fueron fusilados y torturados en lo que era, en teoría, un enclave protegido por las Naciones Unidas. En realidad la incapacidad de la ONU para hacer respetar los derechos humanos refleja la carencia de sus Estados miembros, y también las insuficiencias y el déficit democrático de que hablaba el profesor De Lucas. Como escribió en su libro La ira de las Naciones el historiador estadounidense residente en París, William Plaf, columnista del International Herald Tribune, la incapacidad de las potencias europeas, los EE.UU. y la ONU para afrontar la crisis yugoslava ofreció una demostración de los límites del internacionalismo liberal contemporáneo. Los compromisos de la ONU no eran creíbles porque no estaban respaldados por el compromiso racional de los países que aportaron las fuerzas. El profesor destaca el caso de la Guerra del Golfo dirigido desde el Consejo de Seguridad: Saddam Hussein sigue en el poder y tras la guerra continuó sus brutales métodos de gobierno, su exterminio del pueblo kurdo y las matanzas de otras minorías chiítas en su territorio.
En una primera aproximación al tema se dice que el respeto a los derechos humanos es uno de los principales componentes de la paz, la seguridad y el desarrollo.
La Declaración de las Naciones Unidas sobre los derechos humanos es de 1948, nos quedan todavía dos años para pasar el Ecuador del siglo XX según esa declaración, me van a perdonar ustedes que lea algunos párrafos que tiene una capacidad de síntesis que dice lo que yo no voy a poder resumir. Según esa Declaración todos los seres humanos tienen derecho a la vida, libertad y seguridad de su persona, tienen derecho a no ser sometidos a torturas, esclavitud o exilio arbitrario, así como el derecho a la propiedad privada, a moverse libremente dentro de los límites de su país, y a ser protegidos contra la interferencia arbitraria en su privacidad y vida familiar.
Eso ocurría en 1948. Prácticamente ya en 1996 y cuando el siglo XX está terminando y queda muy poco tiempo, desde las mismas Naciones Unidas se dice lo siguiente en el prólogo del libro publicado hace unos días sobre la situación de los refugiados en el mundo: uno de los mayores retos que aguardan al siglo XXI será asegurar el disfrute de la seguridad y la libertad para las personas, en cualquier parte del mundo. Hablando de la seguridad contra los conflictos crueles, la violencia, las violaciones de los derechos humanos y la pobreza y la libertad con el fin de materializar su potencial personal, participar en el gobierno de su país y expresar su identidad individual y colectiva, Boutros Ghali relata la delicada situación de las personas desplazadas por tantos y tantos lugares del mundo. Es el mayor símbolo de los retos a que se enfrentan las Naciones Unidas en el umbral del siglo XXI y en sus esfuerzos por promover la paz, la responsabilidad compartida y respeto mutuo, los refugiados y otras personas desarraigadas son producto del fracaso. Fracaso a la hora de valorar los conflictos y sus causas subyacentes, intolerancia, antagonismo y pobreza. El cambio radical en lo económico y lo social ha agravado en muchos casos esta mezcla explosiva y ha dado lugar a un fértil caldo de cultivo para la violencia y la violación de los derechos humanos que provocan los desplazamientos de población a gran escala. En algunos casos la propia estructura del Estado queda desintegrada y ello ha provocado nuevos movimientos masivos de población, dentro y a través de las fronteras internacionales.
Realmente es absolutamente aterrador, si me permitís comparar esta explosión de esperanza del año 1948 con ese reconocimiento del fracaso, medio siglo después. En los umbrales del siglo XXI el gran reto de las Naciones Unidas y por lo tanto de la humanidad entera es preservar y defender los derechos humanos. Hay muchas razones para preguntarse qué hemos hecho, y no solamente las Naciones Unidas, en este medio siglo; quizás la única esperanza es pensar qué hubiera sido de estos 50 arios sin la ONU. Este libro que, por cierto, se presenta dentro de una hora aquí en el Círculo de Bellas Artes por Alianza Editorial, es expresión del inmenso tejido de organizaciones internacionales que hoy se entrecruzan en todas direcciones y es bastante crítico con los 50 años de las Naciones Unidas, pero también enumera sus éxitos, que si en el campo de los derechos humanos no han sido, como hemos visto, indescriptibles, en otros terrenos es posible que sí. Se hace la gran pregunta, qué hubiera sido del mundo sin estos años donde por lo menos estaban las Naciones Unidas. Para terminar, me sirven las palabras de Solé Tura, vivimos un mundo con grandes indeterminaciones que se abren delante de nosotros a las puertas del siglo XXI, donde se entrecruzan. Incluso se nos caen algunos de los presupuestos. Algunos de los viejos luchadores por los derechos humanos, temíamos por ejemplo el peso de los fundamentalistas, el peso de la religión y su interferencia en alguno de los derechos humanos, para nosotros intocables. Lo hemos visto en la Conferencia de Pekín, la Conferencia de las mujeres, cómo determinados conceptos que nosotros creíamos ya absolutamente asumidos respecto a los derechos de la mujer, vemos que en estos momentos son contestados incluso desde el seno de las propias Naciones Unidas. Qué va a pasar en el futuro es un gran interrogante. Afrontar ese reto que Boutros Ghali reconocía con respecto a los derechos humanos es el gran reto de las Naciones Unidas para el siglo XXI, y en eso estamos.