Señoras y señores: Lamento no poder estar entre ustedes el día de hoy. Sin embargo, deseo enviarles mi sincera felicitación por haber organizado las Jornadas de Estudio tituladas "El futuro de Naciones Unidas, a sus cincuenta años, desde los derechos humanos". Estoy seguro que este encuentro hará posibles importantes análisis e intercambios de opinión que alimentarán positivamente las discusiones que en torno al cincuentenario de la ONU se han llevado a cabo durante el presente año. Les auguro todo éxito en la realización e este evento.
En el marco de las variadas y numerosas evaluaciones tanto positivas como críticas a las que ha sido sometida la ONU con motivo de su medio siglo de existencia, un área que ha merecido particular atención es precisamente la relativa a los derechos humanos. Con justicia este tema ha alcanzado un lugar de privilegio en la actual agenda internacional y asume cada vez más una fuerza e influencia. En el futuro, los derechos humanos serán parte integral del pensamiento y de la vida de las personas en todo el mundo.
Luego de la Conferencia Mundial de los Derechos Humanos de Viena, en 1993, la comunidad internacional se comprometió a enfocar la temática de los derechos humanos bajo una nueva óptica. De allí surgió una visión más universal de estándares para la promoción y protección de los derechos humanos, recogida en la Declaración y Programa de Acción de Viena. Esa base conceptual así como el conjunto de normas acordadas intencionalmente dan orientación al programa de derechos humanos de las Naciones Unidas, en esta nueva y dinámica etapa de la historia.
A raíz de la Conferencia Mundial de Viena, se estableció la Oficina del Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Derechos Humanos, durante la 48ª Asamblea General de la ONU. En mi calidad de titular de ese cargo, he comprometido todos mis esfuerzos para asegurar que esta institución se convierta en inagotable fuente de esperanzas y socorro para las víctimas de los abusos de derechos humanos, de ahora y del futuro.
La construcción de un nuevo capítulo en derechos humanos es un imperativo para la comunidad de naciones que se encuentra en los albores de un nuevo siglo y milenio. Ese capítulo debe estar firmemente cimentado en el respeto a la dignidad de la persona humana, el apego al derecho, y la organización de sociedades democráticas.
Al promover una nueva cultura de respeto a los derechos humanos, es indispensable relevar el contenido del derecho al desarrollo, es decir del derecho a la alimentación, la vivienda, la atención médica, la salud, la educación y el empleo. Hay que dar sustancia a los derechos económicos, sociales y culturales, y al inalienable derecho al desarrollo. De esta manera estaremos asegurando la paz a la vez que la democracia y el desarrollo, conceptos que son interrelacionados e interdependientes.
La historia y el tiempo juzgarán cómo lo que hoy hacemos por los derechos humanos afecta y cambia las vidas de las personas en el mundo. Como Alto Comisionado, entregaré todo mi esfuerzo para obtener que el tema de los derechos humanos figure prioritariamente en los esquemas políticos, económicos y sociales tanto internacionales como nacionales. Todos debemos contribuir para que el siglo venidero sea el portador de humanismo y esperanza. Este objetivo está llamado a convertirse en nuestro legado para las generaciones de mañana que merecen heredar un mundo menos cruel, más justo y rodeado de mayor paz y progreso.
Muchas gracias.