![]()
Según las estimaciones de CELADE, en el inicio de los años noventa la población dominicana había adquirido una esperanza de vida al nacer en torno a los 68 años, lo que sitúa a República Dominicana en un nivel intermedio en el contexto latinoamericano. Esta cifra significa un incremento apreciable desde los primeros años cincuenta, cuando era solamente de unos 48 años promedio, una de las cifras más bajas de la región.
Las mujeres han aumentado más rápidamente que los hombres su expectativa de vida: si a comienzos de los años cincuenta tenían 2,6 años más que los varones, en los primeros años de los noventa esa diferencia había aumentado a 4,4 años. Este incremento favorable a la mujer tiene diferentes causas: de un lado, la mortalidad femenina es más sensible al mejoramiento del sistema de salud, especialmente en lo que se refiere al riesgo obstétrico; de otro, el proceso de modernización induce una sobremortalidad masculina (accidentes de tráfico, de trabajo, etc.) sobre todo en las ciudades y en los sectores de riesgo (minería, etc.).
Ciertamente, estas son cifras promedio para el conjunto de la población que hay que desagregar según factores diferenciales: se estima que la esperanza de vida de las mujeres rurales dominicanas es de tres años menos que la de las urbanas, y que esa diferencia sería aún mayor entre las mujeres pobres y las de elevado nivel económico, como sucede en toda América Latina.