EDUCACIÓN

La situación educativa de las mujeres dominicanas mejoró apreciablemente a lo largo de las últimas décadas, tanto en términos generales como en relación a los varones. Esta mejoría se dio en el contexto de una elevación de los niveles educativos de la población, derivada del aumento de la cobertura del nivel primario del sistema, un moderado incremento de la matrícula de la enseñanza media y la diversificación de la educación superior. No obstante, todavía existen problemas importantes en la condición educativa de las dominicanas, originados tanto porque comportan deficiencias nacionales, como por su condición específica de género.

El Estado ha jugado un significativo papel como proveedor principal de los servicios educativos. Sin embargo, la participación del sector privado ha aumentado en los últimos años, más en el nivel medio y superior que en el primario.

Entre los cambios importantes destaca el crecimiento de la educación preescolar, principalmente en la modalidad de programas no formales y con una oferta mayor de plazas por parte de la educación preescolar pública. Con todo, la demanda por estos servicios todavía permanece insatisfecha, pues es atendido un poco menos del 10% de los niños entre 3 y 6 años. Esta pequeña cobertura no se corresponde con las necesidades generadas por la participación laboral de la mujer y significa que las madres que trabajan, dada la desigual división por sexo de las responsabilidades al interior de la familia, deben enfrentar solas el cuidado de los hijos.

Los avances en el acceso contrastan con resultados relativamente bajos en cuanto rendimiento, que exigen mejorar la calidad de la enseñanza en el nivel básico. En los últimos años se aprecia un aumento de la eficiencia, manifestado en la disminución de la proporción de niños que cursa este nivel más allá de la edad en que regularmente debería hacerlo (sobreedad).

Los porcentajes de analfabetismo son todavía apreciables y en este cuadro, las mujeres han logrado una tasa similar a la de los hombres (en torno al 18%). El volumen total de analfabetos disminuyó en doscientas mil personas durante las dos últimas décadas y continúa concentrándose en las áreas rurales, aunque últimamente ha aumentado más en las ciudades, como producto de la migración hacia las zonas urbanas.

Las proporciones de hombres y mujeres que han cursado algunos años o completado el nivel primario no presentan diferencias de gran magnitud, pero revelan que una vez que la mujer ingresa al sistema educativo tiende a superar el nivel primario en mayor medida que el hombre. En el extremo superior, la proporción de personas que logra acceder a los estudios universitarios es menor: a fines de los años ochenta sólo el 8% de las mujeres y el 9% de los hombres.

En la educación técnico-vocacional dominicana se presentan problemas que de forma general afectan a las mujeres latinoamericanas: en primer lugar, la matrícula global es habitualmente reducida; y en segundo lugar, si bien participan en número similar al de los hombres, su socialización y la conformación misma de las escuelas las orienta hacia especialidades y oficios tradicionalmente femeninos, lo que refuerza su desigualdad. Las escuelas son clasificadas en técnico-vocacionales, a las que sólo tienen acceso los hombres, y en escuelas de capacitación femenina, cuya formación regularmente no responde a las demandas del mercado laboral y prepara para los trabajos peor remunerados. Como alternativa a esta situación se desarrolla un proyecto denominado "Mujeres en Ocupaciones no Tradicionales", que lleva a cabo el Centro de Investigación para la Acción Femenina, CIPAF, conjuntamente con el Estado y el apoyo de un centro canadiense. El objetivo fundamental es promover y entrenar a mujeres en ocupaciones "tradicionalmente masculinas".

Desde la segunda mitad de los setenta la mujer dominicana ha llegado a ser mayoría en la matrícula de tercer nivel. Ello revela, por una parte, la expansión del acceso a la educación media y, por otra, su necesidad de capacitación para obtener trabajos mejor remunerados. A finales de los ochenta se registra una creciente participación de la mujer entre los egresados, no sólo en carreras tradicionalmente femeninas sino también en otras que, una década antes, eran cursadas casi exclusivamente por hombres.

Los propios recursos humanos del sistema educativo en República Dominicana reflejan la segregación jerárquica que se produce socialmente en la participación femenina. La presencia de la mujer en el cuerpo docente es muy importante en la base del sistema educativo (son el 66% de los docentes del nivel primario) y disminuye al ascender de nivel (aproximadamente la mitad en la educación media y sólo el 28% de los docentes universitarios).

En términos latinoamericanos la participación de las dominicanas en la docencia de nivel superior no es muy diferente del resto de los países, donde las mujeres representan entre un quinto y un tercio del profesorado universitario.