![]()
La crisis internacional de los años ochenta desgastó el modelo de crecimiento económico panameño, hasta hoy basado en una combinación de aparato primario-exportador y país vendedor de servicios en el mercado mundial. Ambos elementos venían desarrollándose desde la Colonia: Panamá se caracterizó como exportador de productos primarios (plátanos, azúcar, café, ganado), al tiempo que su posición de tránsito, tanto entre las dos Américas como entre los dos Océanos (sólo 80 kilómetros entre ambos) lo impulsaba al comercio internacional. Esta situación quedó consolidada con la construcción del Canal interoceánico y sus zonas de comerciales en Ciudad de Panamá y Colón, las ciudades terminales del Canal.
Durante los años cincuenta y sesenta este modelo tuvo un alto rendimiento, provocando una demanda interna poderosa, que si bien se satisfizo principalmente a través de las importaciones, exigió también de una industria doméstica expansiva. Cuando en los años setenta la importancia del transporte marítimo fue cediendo ante el avance del tráfico aéreo, Panamá encontró un sustituto en su consolidación como Centro Financiero Internacional. De esta forma, al llegar los años ochenta, las actividades del Canal, la Zona Libre de Colón, el oleoducto transístmico y el Centro Financiero, formaban un sistema de exportación de servicios que superaba claramente la actividad exportadora de productos primarios.
Este sistema oferente de servicios tuvo que enfrentar pronto los efectos de la crisis mundial de los años setenta, que ya puso de manifiesto debilidades estructurales. Pero fue la recesión mundial y latinoamericana de los primeros años ochenta la que afectó profundamente el sistema, deteniendo el crecimiento del Producto Interno Bruto (PIB) entre 1982 y 1984 y produciendo recortes graves en la actividad de algunos de sus elementos, especialmente en el caso de la Zona Libre, que dependía de la demanda de países latinoamericanos: en 1984 su actividad era un 60% de la existente en 1982.
La recuperación que siguió a la crisis 1982-1984 arrastró problemas de consideración, como la depresión de la inversión y la fuerte caída del empleo. Sobre esa difícil recuperación operó el proceso de crisis política, que se tradujo en un progresivo enfrentamiento entre el poder del general Noriega y los Estados Unidos. En el plano económico, las sanciones norteamericanas afectaron fuertemente el crecimiento en 1988: ese año el PIB retrocedió un 16%. La intervención militar estadounidense del siguiente año trajo como consecuencia inmediata una desarticulación del aparato productivo, que significó el mantenimiento del PIB deprimido de 1988, situación que mejoró sólo ligeramente en 1990 y de forma más apreciable en 1991. Desde ese año, el nuevo gobierno de Endara pudo implementar más eficazmente una política económica dirigida a reestructurar el sector público, aumentar la competencia en los mercados internos y reinsertar la economía panameña en los mercados financieros internacionales. Este proceso de estabilización supone contracciones en los ingresos de sectores asalariados, así como el mantenimiento de un desempleo elevado en todo el país, a excepción únicamente de la Zona del Canal.