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La creciente participación de las mujeres panameñas en el quehacer social del país y como actor social colectivo se ha visto reflejada históricamente en el desarrollo de sus formas de organización.
A inicios de siglo las organizaciones de mujeres estuvieron concentradas en la asistencia social o beneficencia. Esto cambió desde los años veinte, cuando el enfoque socioeconómico del Estado Nacional facilitó la incorporación de la mujer a la producción y aparecieron movimientos reivindicativos femeninos que se planteaban la defensa de los derechos de la mujer trabajadora. La participación social de la mujer se fortaleció con el surgimiento de organizaciones sindicales populares y los primeros brotes de organizaciones estudiantiles.
Paralelamente, en la lucha por el sufragio femenino, nació el Partido Nacional Feminista (1923), tras un congreso en el que participaron más de doscientas delegadas de todo el país. En 1924 creó la Escuela de Cultura Femenina, que funcionó por varios años, llegando a aglutinar hasta 800 mujeres, en su mayoría amas de casa, que aprendían sobre sus deberes y derechos de ciudadanas. En 1925 fundó la revista Orientación Femenina y en 1926 sometió a consideración de la Presidencia de la República, además de la petición del derecho a voto, la creación del Tribunal Tutelar de Menores y de una Caja de Crédito Popular. De esta etapa son representativas la Sociedad Nacional Feminista para el Progreso de la Mujer Panameña (1923), que buscaba mejorar la educación de la mujer, el Grupo Femenino Renovación y la Unión Obrera Femenina.
Durante las décadas del cuarenta y cincuenta aumentó el número de organizaciones de mujeres de carácter gremial y de desarrollo profesional, que se sumaron a las de tipo asistencial y de origen religioso existentes. En 1944, Clara González de Berhinger fundó la Unión Nacional Feminista, que luchó por orientar y crear conciencia en las panameñas en la defensa de sus derechos, especialmente el voto. Al convocar el gobierno a finales de 1944 a una Convención Constituyente a realizarse en 1945, se integró un grupo denominado Liga Patriótica Femenina, que emprendió una importante campaña en el país, obteniendo la elección de dos representantes. En 1941 habían obtenido un derecho restringido a sufragio que se haría extensivo a todas las mujeres gracias a la Constitución de 1946 resultante de este proceso.
En el decenio de los sesenta las organizaciones de mujeres siguieron creciendo, pero en su mayoría fueron de carácter asistencial, benéficas, religiosas o de esposas de hombres profesionales y de negocios. Sin embargo, también crecieron las de tipo reivindicativo sindical, gremial y político. De este período destacan la Alianza de Mujeres Panameñas, cuyo objetivo era la lucha contra la carestía de la vida y el mejoramiento de las condiciones sociales, la Vanguardia de Mujeres Panameñas, que perseguía la protección de la infancia y la lucha por la soberanía e independencia nacional, la Federación Nacional de Mujeres Católicas (1963) y la Comisión Femenina para la Defensa de los Derechos de la Mujer y del Niño (1966), cuyo objetivo era la defensa de la familia, la protección de la maternidad y la lucha por la participación política de la mujer.
En los años setenta se crearon organizaciones femeninas de masas, cuyas actividades se centraban en la participación en la lucha social. Cabe destacar la Federación Nacional de Mujeres Democráticas (FENAMUDE) y, a fines de la década de 1970, la Unión Nacional de Mujeres Panameñas (UNAMUP), surgida principalmente del seno del movimiento sindical y estudiantil, al calor del torrijismo. Estas organizaciones sufrieron un proceso de desgaste con la agudización de la lucha política. También destaca la presencia de grupos de mujeres que, desde el mismo momento del golpe en 1968, se organizaron para oponerse al gobierno militar. Así, en 1968 -y hasta 1972- se publicó un semanario llamado Grito, editado totalmente por mujeres.
Ha sido esta creciente participación de las mujeres panameñas en organizaciones sociales la que ha creado alternativas para su integración al desarrollo nacional. Un ejemplo de esto fue la creación, por parte de organizaciones femeninas, de círculos infantiles en las comunidades, con una concepción diferente a las guarderías existentes, orientados al desarrollo integral del niño.
Desde 1978 el movimiento popular y las organizaciones reivindicativas, entre éstas las de mujeres, se debilitaron tras la reactivación de los partidos políticos y la firma e implementación de los tratados Torrijos-Carter. Esto llevó a que la incipiente cohesión del movimiento femenino popular, que ya en los años setenta presentaba divergencias, se erosionara aún más en los inicios de la década de los ochenta. Las acciones de oposición al gobierno se reforzaron en 1979, en el marco de una huelga de los educadores. Entre las organizaciones femeninas activas en este proceso destacan la Federación de Mujeres Católicas y la Unión Patriótica Femenina.
A partir de 1984 la participación de la población en general en la búsqueda de soluciones sociales varió debido al deterioro político y socioeconómico del país. Las organizaciones populares, incluyendo las organizaciones de mujeres, sufrieron un decaimiento. La participación social estuvo limitada a la lucha política y a la integración a los movimientos cívicos y a los partidos políticos afines o adversos al gobierno de ese momento. Sectores de mujeres fueron activos en promover protestas cívicas, exhortando a apagar las luces de las casas, tocar las bocinas y golpear pailas vacías. También organizaron actos de rechazo ante el asesinato de Hugo Spadafora, rezando el rosario en las afueras de la oficina del Procurador General de la Nación. Disminuyó entonces la lucha de las organizaciones de mujeres por la igualdad.
Entre 1986 y 1989 surgieron grupos femeninos que asumieron los estudios de género desde diferentes perspectivas. Sus objetivos fueron el estudio y reflexión sobre los temas de la mujer, la investigación y difusión del enfoque de género. A este proceso se han unido las organizaciones femeninas existentes desde la década anterior. También participan organismos no gubernamentales integrados por mujeres y hombres.
La desmovilización popular se acentuó luego de la invasión militar norteamericana a Panamá en diciembre de 1989, lo que también impactó a las organizaciones femeninas o de apoyo a la mujer. Desde 1991 se vienen realizando diversos intentos, tanto gubernamentales como no gubernamentales, por darle coherencia a un movimiento femenino que luche por la igualdad de la mujer. En 1993 el Gobierno creó un Departamento de la Mujer como organismo estatal especializado en la mujer y destinado a promover políticas y programas para su desarrollo.
Paralelamente, organizaciones y ONG de mujeres crearon el Foro Mujer y Desarrollo, cuyo Plan Nacional "Mujer y Desarrollo" apunta a una estrategia de acción para un mejoramiento sustantivo de la situación de las panameñas y su participación en la vida nacional. Militantes de partidos políticos crearon otro Foro de Mujeres el que, más allá de las diferencias ideológicas, se ha propuesto unir a las panameñas en pro de las necesidades de todas las mujeres.