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Las mujeres panameñas participaron en el desarrollo de la República desde las luchas por la separación de Colombia y la construcción del canal interoceánico en los albores del presente siglo. Su acción, no obstante, ha estado marcada por su invisibilidad en la historia oficial y por el peso de los roles tradicionales.
Entre las panameñas hubo luchadoras por la igualdad de derechos desde los años 20, que adhirieron a las luchas populares, se integraron a la educación superior y al mercado laboral. Tras años de reivindicaciones, sólo en 1941 obtuvieron el derecho a voto, restringido a las mujeres instruidas, y en 1946, para todas las panameñas. Desde entonces han desplegado acción y creatividad en los campos de la asistencia social, el quehacer gremial y sindical. Así también, se fueron incorporando a los partidos políticos, creando secretarías y otras entidades femeninas.
Sin embargo, la presencia de las mujeres en el escenario nacional ha sufrido los altibajos del proceso político panameño. Este ha estado cruzado por profundos conflictos en la búsqueda de soberanía e identidad nacional ante la presencia militar, económica y política de Estados Unidos en el Canal, con numerosas invasiones e intervenciones desde la independencia y con una invasión armada en 1989. De esta tensión surgió el proyecto populista de la Guardia Nacional que, al tiempo que suspendía por más de veinte años las estructuras democráticas, lograba articular las demandas populares y nacionales en torno a la bandera de la renegociación del Canal de Panamá. El sistema político llegó a su crisis máxima con el enfrentamiento abierto desde 1988 entre el poder del general Noriega y el gobierno norteamericano, que concluyó con la invasión estadounidense de diciembre de 1989. El país busca un proceso de normalización que quizás pueda concretarse a través de las elecciones de 1994. Las mujeres panameñas, al igual que el resto de la población, resultaron divididas, no sólo por las clases sociales a las que pertenecían, sino por la posición frente al gobierno militar, lo que debilitó grandemente su desarrollo.
Mientras tenía lugar ese proceso sociopolítico se han producido cambios importantes en los rasgos vitales de las mujeres panameñas. Aunque todavía una mitad de ellas reside en zonas rurales, su promedio nacional muestra que son ya principalmente jóvenes-adultas (y no fundamentalmente jóvenes como lo eran a mediados de siglo) y han reducido en forma drástica su fecundidad: tienen menos de tres hijos por cada mujer, cifra que era el doble en 1950. Dirigen cerca de un cuarto de los hogares del país, frecuentemente sin pareja.
Su participación económica ha crecido en forma notable en las últimas décadas, en especial con el desarrollo de la capacidad del país de ofrecer servicios comerciales y financieros al mercado internacional. En Panamá trabaja cerca del 40% de las mujeres que tienen más de 15 años, básicamente en el sector de servicios, tanto en su segmento tradicional como en el moderno, con alta frecuencia en la administración pública. Una proporción elevada ha adquirido ocupaciones calificadas, aunque aún perciban un salario menor del que obtienen los hombres. En relación con ese proceso de demanda laboral cualificada ha tenido lugar una fuerte elevación del nivel educativo de las panameñas. A comienzos de los años noventa se había producido una verdadera feminización de la matrícula de los estudios medios y universitarios.
Si bien la presencia femenina es aún baja en cuanto a cargos de representación y en el Poder Ejecutivo -recién en 1982 una mujer ocupó una cartera ministerial-, paulatinamente sus reivindicaciones se han ido legitimando. En la actualidad disponen de una Comisión de Trabajo de la Mujer en la Asamblea Legislativa y un Departamento de la Mujer como organismo gubernamental especializado en el Ministerio de Trabajo y Bienestar Social, además de diversos programas en otros Ministerios.
En el ámbito de la acción social colectiva de mujeres, Panamá tiene hoy día organizaciones, centros académicos y de investigación, ONG de acción social, organizaciones políticas y asociaciones gremiales y profesionales. También una Coordinadora de ONG de mujeres y un espacio articulador de militantes de partidos políticos, el Foro Mujer y Desarrollo que se ha propuesto sensibilizar a los partidos políticos en la perspectiva de las elecciones de 1994. Además cuenta con el Foro de las mujeres de los partidos políticos, comprometido con la lucha por la mujer, independientemente de las ideologías y banderas políticas.
Por otra parte, su apertura a Centroamérica y su creciente incorporación a procesos, proyectos y acciones subregionales con el apoyo de organismos internacionales, augura un avance sustantivo tanto en las políticas públicas hacia la mujer como en el desarrollo de las organizaciones.
El proyecto de investigación Mujeres Latinoamericanas en Cifras fue desarrollado en Panamá por Enriqueta Davis Villalba. La presentación de resultados fue realizada por Ana Isabel García, Coordinadora Subregional del proyecto y por la Coordinación Regional, atendiendo a las necesidades de comparación del caso panameño con el resto de los países de América Latina.