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La condición educacional de las panameñas ha mejorado notablemente durante las últimas décadas conforme aumentaba el nivel educativo general del país, aunque esa mejoría se ha producido también en comparación con la experimentada por los varones.
El alto nivel educacional de la población panameña, uno de los mejores de América Latina, ha sido producto del esfuerzo realizado por la administración pública, situación que comparte con su nación vecina, Costa Rica, lo que resulta destacable en el istmo centroamericano. En Panamá fue el sector público el que asumió la práctica totalidad de la matrícula primaria y la gran mayoría de la secundaria, así como de la preescolar y la universitaria. El desarrollo del proceso educativo sufrió un freno durante los años ochenta, a causa de la crisis económica, pero siguió aumentando -aunque a menor ritmo- su cobertura básica. Hay que destacar que esta desaceleración general tuvo lugar al tiempo que crecía la participación femenina en la enseñanza de nivel superior.
No obstante, se hacen evidentes algunos problemas pendientes, especialmente en los sectores pobres y rurales. En efecto, la diferencia de cobertura escolar es todavía apreciable entre el campo y la ciudad, lo que hace que las tasas de analfabetismo en las zonas rurales sean aún altas: un 23,6% en 1990. Por ello, si bien las tasas de analfabetismo se van reduciendo lentamente, no sucede así con la cantidad total de analfabetos, que aunque descendió entre 1970 y 1980 (de203 mil a 174 mil) volvió a aumentar en los ochenta (hasta los 189 mil de 1990). Por otra parte, se mantiene constante que las mujeres presenten un nivel de analfabetismo ligeramente mayor que los hombres, lo cual contrasta con el hecho de que el nivel educativo de éstas sea ya apreciablemente superior al de aquéllos.
La explicación del fenómeno del analfabetismo en Panamá reside en la magnitud del problema entre la población indígena: cerca de un cuarto del total de analfabetos pertenece a los distintos grupos indígenas. Dado que ese problema afecta mucho más a las mujeres que a los hombres de esos grupos étnicos, se produce la situación siguiente: las panameñas presentan mayores tasas de analfabetismo que los varones si se examina la población nacional, incluyendo la indígena, pero esas tasas femeninas son ligeramente menores que las de los varones si se observa únicamente la población no indígena del país.
El proceso educacional ha ido conformando, como en el resto de América Latina, una estratificación socioeducativa de la población que presenta un carácter piramidal, si bien mucho menos marcado que en otros países de la región. Esa pirámide está formada por la ancha base de la población que no ha superado la educación primaria (cerca del 50%), el tronco de los que accedieron a la secundaria (un 38%) y la cúspide constituida por aquéllos que llegaron a los estudios superiores (un 11%).
En ese contexto, las mujeres han mejorado más que los hombres, presentando al comienzo de los años noventa un nivel educativo general mayor que el de éstos. Según el Censo de 1990, un 39% de las mujeres de 15 y más años había accedido a la secundaria, mientras lo había hecho sólo un 27% de los varones. De igual forma, un 12,1% de la población femenina había cursado estudios superiores, cifra que era el 10,2% de la población masculina.
Como sucede en el resto de América Latina, las mujeres muestran un rendimiento escolar más alto que los varones, tanto en educación primaria como en secundaria. Reprueban y abandonan menos que los hombres y cursan los grados escolares en la edad correspondiente en superior proporción que ellos, quienes enfrentan un problema de sobreedad mayor que las niñas.
En el plano de la participación por sexo en la matrícula secundaria y universitaria, las mujeres superaron a los varones en las décadas pasadas. Primero lo hicieron en la enseñanza secundaria, donde sobrepasaron a los varones en los años cincuenta y sesenta, y luego en el nivel universitario, donde alcanzaron la participación masculina en los años setenta y la superaron considerablemente durante los años ochenta. Así, al final de esa década las mujeres eran cerca de los dos tercios de los estudiantes de la Universidad de Panamá.
Esta feminización de la enseñanza de tercer nivel, en el curso de la década de la crisis económica, es un proceso singular en América Latina y guarda relación con la fuerte demanda de fuerza de trabajo cualificada que necesita el sector moderno de los servicios comerciales y financieros que Panamá ofrece al mercado mundial.
De hecho, al examinar la participación femenina en las distintas carreras universitarias, puede apreciarse que las mujeres se concentran en las de administración pública, administración de empresas y contabilidad. Así como al observar las diferentes ramas de la enseñanza media, también puede apreciarse que las mujeres eligen las ramas profesionales -en estos mismos rubros- en mayor medida que los hombres.
Ahora bien, esta especial situación educacional de las panameñas no evita que exista todavía una segmentación apreciable por sexo al momento de elegir carrera: siguen existiendo carreras tradicionalmente femeninas (docencia, enfermería, etc.) y carreras tradicionalmente masculinas (ingeniería, arquitectura, derecho, etc.). Sin embargo, estas últimas no han escapado al crecimiento general de la presencia femenina en la universidad, de tal manera que si al comienzo de los ochenta un tercio de esas carreras estaba compuesto por mujeres, al concluir el decenio éstas eran ya entre el 40% y el 50% de la matrícula de las mismas.
A pesar de todo lo anterior, la presencia femenina en el cuerpo docente que nutre el sistema panameño presenta el mismo tipo de distribución estratificada que aparece con frecuencia en el resto de América Latina: las mujeres son la casi totalidad de los docentes de enseñanza preescolar, los tres cuartos de la primaria, la mitad de la secundaria y un tercio de la universitaria. Es decir, como sucede en el conjunto del sistema social, la participación femenina es abundante en las bases del sistema y se reduce conforme se asciende en los niveles de decisión y poder.