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Las condiciones de salud de las mujeres mexicanas ha mejorado apreciablemente en las últimas cuatro décadas, aunque todavía existen problemas de consideración, especialmente en las zonas más postergadas del país. Además, el avance sanitario sufrió el impacto de la crisis económica y fiscal de los años ochenta, que significó su detenimiento en diversos planos.
Tomando en consideración los factores básicos que sobredeterminan las condiciones de salud (transición demográfica, calidad general de vida y sistema de salud), puede apreciarse en México diferentes articulaciones de esos factores, que muestran una polarización entre los Estados más pobres y aquellos que presentan los mejores indicadores del país.
En efecto, existe una serie de Estados cuya transición demográfica está menos avanzada, con una población más joven, donde los problemas de salud materno-infantiles tienen aún una importancia considerable. Estos mismos Estados presentan los niveles de pobreza más altos, con condiciones habitacionales, alimentarias, etc., apreciablemente deficientes. Este cuadro problemático se completa con el hecho de que el sistema de salud se concentra en las áreas metropolitanas y cubre muy débilmente las zonas rurales de los Estados más postergados.
De esta forma, puede observarse un conjunto de Estados (Oaxaca, Chiapas, Guerrero, Hidalgo, Tabasco, Zacatecas, Veracruz, San Luis Potosí, Puebla y Michoacan) que presentan tasas globales de fecundidad de alrededor de cuatro hijos por mujer (el promedio era 3,2 en 1988) con una mortalidad infantil cuya tasa oscila entre 50 y 40 decesos por mil nacidos vivos (34,8 el promedio), una mortalidad materna entre 12 y 6 fallecimientos por diez mil nacidos vivos (5,4 el promedio). Lo anterior hace que en estos Estados haya una esperanza de vida que oscila entre siete y dos años menos que el promedio nacional (70 años en 1988). Las autoridades sanitarias aseguran que existe una correlación entre la deficiencia de las condiciones de salud y las zonas con mayor población indígena.
Estas marcadas diferencias hacen que el cuadro epidemiológico mexicano sea de tipo mixto: en su estructura de la mortalidad coexisten causas de muerte que se refieren a las enfermedades sufridas habitualmente por personas adultas y mayores (afecciones del corazón, cáncer, etc.) junto con enfermedades más tradicionales y características de la población infantil (infecciones intestinales y respiratorias), además del peso que conservan las causas obstétricas entre las mujeres jóvenes y adultas.
En este contexto, las diferencias por sexo se aprecian más cuando se observa la población en edad productiva y reproductiva. Las mujeres sufren más de cáncer y, en los Estados postergados, de muerte materna. Entre los hombres existe en todo México una sobremortalidad por traumatismos externos, procedentes de accidentes y violencia, cuya combinación es variada: en los Estados de mayor modernización destacan los accidentes laborales y de tránsito, y en los más postergados cobran mayor peso las muertes por violencia, especialmente en aquellos donde existe algún tipo de violencia armada.
El sistema de salud está compuesto por dos subsistemas fundamentales: el que atiende a la población registrada en las instituciones de seguridad social y el que atiende mediante la asistencia pública a la población denominada "abierta". A fines de los años ochenta cada subsector cubría aproximadamente a la mitad de la población nacional, si bien la mitad "abierta" contiene en su interior la minoría exclusiva atendida por el sector privado (que las autoridades estimaban en 1990 alrededor de un 6%).
Los esfuerzos del Sistema Nacional de Salud por ampliar su cobertura se han dirigido últimamente hacia la descentralización. A nivel local los servicios públicos están coordinados por las jurisdicciones sanitarias (218 en todo el país en 1993), que cuentan con unidades y servicios de atención primaria y, en algunos casos, de segundo nivel. A nivel intermedio las autoridades de salud estatales coordinan las juris-dicciones sanitarias y las instituciones de tercer nivel de atención. La Secretaría de Salud ejerce la dirección y coordinación general del sector.En todo caso, varios de los indicadores de cobertura señalan las deficiencias en amplias zonas del país. El número de camas hospitalarias por habitante es bastante bajo, incluso en el contexto regional. De igual forma, sólo la mitad de los partos tenía cobertura clínica a fines de los años ochenta. Sin embargo, el número promedio de médicos por habitante no es tan bajo, todo lo cual indica que existe una concentración de recursos humanos y de servicios en las zonas metropolitanas, mientras quedan desatendidas zonas seriamente necesitadas.
Es en estas zonas donde las condiciones de salud de las mujeres sufren una desventaja referida al cruce entre la pobreza y condición de género. Las deficiencias estructurales se combinan con la postergación tradicional de las mujeres, para conformar una población femenina con situaciones sanitarias muy distintas a las presentadas por el resto de la población mexicana.