SALUD

Las condiciones de salud de las mujeres colombianas han mejorado de forma importante en las últimas décadas, aunque todavía enfrentan problemas de consideración; durante la crisis de los años ochenta no empeoraron fuertemente, por cuanto Colombia no enfrentó -como otros países latinoamericanos- una recesión grave en esos años. Por el contrario, fue el único país de la región que creció en términos reales, si bien manteniendo una distribución del ingreso acentuadamente regresiva.

Las principales necesidades de salud están referidas tanto a la estructura sociodemográfica de la población, como a sus condiciones generales de vida (sanidad habitacional, nutrición, educación, etc.) y a las propias características del sistema de salud colombiano. Sin embargo, mujeres y hombres experimentan esas situaciones de forma diferente, lo que se relaciona con los patrones de género culturalmente establecidos.

Colombia se encuentra en un proceso de transición epidemiológica que está ligado con el avance de su transición demográfica, la que se caracteriza por pasar de una población joven y de rápido crecimiento a una menos joven y de menor crecimiento. Este cambio demográfico, que significa una mortalidad controlada, de moderada a baja, y una natalidad moderada o en vías de ser baja, va modificando el cuadro de necesidades de salud.

La caída del crecimiento poblacional, acompañada por una drástica reducción de la natalidad, tanto en zonas rurales como urbanas, ha contribuido al descenso de la mortalidad infantil y de la mortalidad materna. Ello ha sido favorecido también por el aumento del personal médico y otros recursos humanos del sistema de salud y la expansión de programas de atención maternoinfantil, que se refleja en que la cobertura clínica del parto era en 1988 del 81% de los nacimientos.

El producto más evidente de la transición epidemiológica es la modificación de la distribución etaria de la mortalidad. Mientras en los años cincuenta la mitad de las personas fallecidas eran menores de cinco años, en los ochenta se registró un fuerte incremento de la proporción de muertes en edades avanzadas.

Estos elementos demográficos se entrelazan con las condiciones generales de vida de un país que aún es mitad rural, donde existen importantes deficiencias sanitarias, habitacionales, nutricionales, etc., que afectan a los niños y las mujeres, particularmente de los sectores más pobres y de las áreas rurales.

Estas deficiencias en las condiciones sanitarias básicas están asociadas a profundas diferencias regionales. Se estima que sólo el 49% de la población recibe agua confiable según la OPS. En 1988 estaba conectado a la red de alcantarillado el 84% de las viviendas en las ciudades y el 17% en las zonas rurales.

El sistema de salud colombiano es relativamente insuficiente para las necesidades de la población, aun cuando haya incrementado sus recursos humanos en las últimas décadas. En 1988 registró 1,5 camas por mil habitantes, lo que representa un bajo indicador en términos regionales, más bajo aún que el de Guatemala (l,6) y el de Ecuador (1,7). Estas deficiencias tenderán a acentuarse si se considera que Colombia enfrenta un proceso de ajuste económico.

El sistema de salud está integrado por tres subsectores: el oficial, el de seguridad social y el privado, los cuales se organizaron funcionalmente en 1975 en el Sistema Nacional de Salud. Se logró la integración y coordinación de las entidades de salud financiadas total o parcialmente por el gobierno y se generaron las bases para integrar la seguridad social y el subsector privado. Dadas las bajas coberturas de la seguridad social y del sector privado, alrededor del 70% de la población queda bajo la responsabilidad del sector oficial.

Otro aspecto que caracteriza de forma marcada el cuadro epidemiológico de Colombia se refiere a la elevadísima proporción de muertes por violencia. Si se suma las muertes por accidentes y las debidas a homicidios y lesiones infligidas intencionalmente, ellas representaron en total, en 1988, más de un 25% de las defunciones anuales en la población de todas las edades.

Aunque esta situación es particularmente grave para los hombres, especialmente a edades adultas, en las últimas décadas las muertes por violencia alcanzan también a las mujeres, sobre todo a las jóvenes.

En suma, la salud de las mujeres colombianas no puede entenderse al margen de las precarias condiciones de vida en que se encuentra un sector importante de la población que carece de servicios básicos, de la insuficiente cobertura del sistema de salud y de las concepciones que definen la salud de la mujer valorando ante todo su función reproductiva y desconociendo sus necesidades de atención como persona que contribuye, por una u otra vía, al desarrollo del país.

Sin embargo, en 1993 el Ministerio de Salud, con el apoyo de la Organización Panamericana de la Salud (OPS), ha puesto en marcha el programa "Salud para las Mujeres y Mujeres para la Salud", y en 1992 aprobó la "Declaración de los Derechos de la Salud de la Mujer", en la que se destaca sus necesidades de salud integral y de trato humano, así como el aporte de las mujeres en la salud propia y de toda la comunidad.