EDUCACIÓN

La información estadística disponible, referida principalmente a los resultados del sistema educacional y no tanto a sus contenidos, muestra que las mujeres colombianas han mejorado apreciablemente su condición educativa en las últimas décadas, hasta alcanzar la de los varones.

Los problemas que en este área presenta la población femenina se refieren a cuatro campos fundamentales: en primer lugar, a las deficiencias generales que sufre el sistema educativo del país, especialmente en las zonas rurales; en segundo lugar, a la segmentación en que caen al elegir especialidad y a su falta de capacitación para desempeñarse en el mercado laboral; en tercer lugar, al hecho de que los contenidos de la educación siguen siendo discriminatorios e inclinan a las mujeres a asumir sus roles tradicionales; en cuarto lugar, a que no existen sistemas de recuperación eficaces, que permitan aumentar los niveles educativos de las mujeres mayores, las cuales presentan brechas educativas generacionales respecto de la población femenina más joven.

Ahora bien, pese a las deficiencias del sistema educativo, es también una evidencia que éste ha sufrido una expansión notable desde hace treinta años, que no se ha detenido durante los años ochenta, tal y como sucedió en otros países latinoamericanos. La continuación del desarrollo matricular en la década de la crisis guarda relación con diversos factores. Por un lado, el demográfico, que señala cómo Colombia todavía presenta un crecimiento del número de jóvenes y de niños mayores, por cuanto la fuerte caída de la fecundidad es reciente. Por otro lado, la cobertura del sistema educativo no se ha deteriorado, creciendo incluso en secundaria y superior, entre otras razones porque Colombia consiguió atrasar la crisis de los años ochenta sin necesidad de producir ajustes económicos fuertes (algo que parece inevitable cuando llegan los noventa).

En este proceso de expansión del sistema, las mujeres han avanzado más rápidamente que los hombres. Así, a fines de los años ochenta, las mujeres habían superado a los hombres en las matrículas de los niveles educativos básico y secundario, y se habían hecho paritarias en las del nivel superior.

Esta condición educacional femenina se sitúa al interior de una pirámide socioeducativa nacional bastante estratificada. La base del sistema la forma ese 60% de los habitantes mayores de 12 años que no ha superado la educación primaria. Luego puede apreciarse un tronco no demasiado ancho, el de aquellos que han accedido a la secundaria, que no alcanzan todavía un tercio de la población. Finalmente la cúspide de los que han logrado acceder a los estudios superiores, que apenas supera el 5% de los colombianos.

En esta estructura, las mujeres tienen aún un nivel educativo acumulado menor que el de los hombres en cuanto a los estudios superiores, pero los han superado en el nivel secundario, y sufren de problemas semejantes en la base del sistema, fundamentalmente por las deficiencias concentradas en la población femenina de más de treinta y cinco años.

Pese a este avance cuantitativo, las mujeres siguen presentando una fuerte segmentación por sexo en el momento de elegir especialidad educativa, lo cual ya comienza en los estudios secundarios, pero se agudiza en los universitarios. Las mujeres optan todavía por carreras tradicionalmente femeninas (educación, enfermería, humanidades, etc.), aunque esa orientación sea menos fuerte conforme avanza el tiempo. De hecho, puede apreciarse un aumento de participación femenina en las carreras tradicionalmente cursadas por hombres, como agronomía, ingeniería y otras.

Esta segmentación hace que el mayor problema educacional de las mujeres no sea ya, especialmente entre las jóvenes, la cantidad de años de estudios formalmente adquiridos, sino la no adecuación de esos estudios a las exigencias del mercado de trabajo. Algo que no está resuelto mediante un sistema adecuado de capacitación profesional, asunto en el que coinciden los especialistas colombianos, pese a que no existe información disponible desagregada por sexo en esta materia.

El otro problema fundamental está referido a los contenidos mismos del sistema educativo. No se ha tenido acceso a estudios cualitativos ni a análisis de los textos escolares, pero existe consenso en Colombia respecto a que la socialización que se realiza en el proceso educativo mantiene los roles tradicionales de las mujeres. Ello se refleja en la propia participación femenina en la docencia: las mujeres son la casi totalidad de las docentes preescolares, más de los tres cuartos de los enseñantes de primaria, cerca de la mitad de los de secundaria y menos de un cuarto de la universitaria.