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En Chile, la acción colectiva de sectores de mujeres para mejorar su situación de pobreza, exclusión y subordinación tuvo un temprano desarrollo, desde las primeras organizaciones obreras y la obtención del derecho a la educación superior a fines del siglo pasado (1877), hasta la constitución de una poderosa fuerza para conquistar los derechos ciudadanos.
Ya en 1887 se crearon organizaciones obreras femeninas. La primera de la que se tiene noticia es la "Sociedad de Obreras de Socorros Mutuos y Caja de Ahorros", surgida ese año en Valparaíso. En 1906 nació la asociación de costureras "Protección, ahorro y defensa", que reunió también a sastres, modistas, corseteras y sombrereras. El mismo año se organizaron la "Unión de resistencia de aparadoras" y la "Asociación cosmopolita de resistencia de tejedoras". En 1907 se constituyó la "Sociedad de resistencia de operarias de la Casa Matas y Cía." y en 1920 la Federación Unión Obrera Femenina, dependiente de la IWW. Ese mismo año se creó, al amparo de la Federación Obrera de Chile, el Consejo Federal Femenino.
En las primeras décadas de este siglo aparecieron también múltiples organizaciones en distintos lugares del país para luchar por el mejoramiento de la condición femenina: los Centros Belén de Zárraga en el norte (1913); el Club Social de Señoras, el Círculo de Lectura, el Consejo Nacional de la Mujer, la Gran Federación Femenina de Chile, el Comité Pro Derechos de la Mujer, la Asociación de Mujeres Universitarias en Santiago(1915-1931); la Liga de Mujeres Librepensadoras, El Despertar de la Mujer Obrera y la Unión Femenina de Chile en Valparaíso (1913-1928). En 1935 nacen el Movimiento Pro-Emancipación de la Mujer Chilena (MEMCH), de gran relevancia en la lucha por los derechos femeninos y que llevó a cabo dos congresos nacionales (1937 y 1940), la Acción Patriótica de Mujeres y la Acción Unida de Mujeres de Chile. Todas estas organizaciones desarrollaron lazos con sus pares en el resto de América participando, además, en eventos como el Congreso Panamericano de Mujeres realizado en Santiago en 1922 y en diversas conferencias internacionales. Apoyaron y participaron en la creación en 1930 de la Comisión Interamericana de Mujeres.
El derecho a voto fue su demanda principal, pero también lucharon contra la carestía de la vida y por la paz en el mundo. En 1944 las organizaciones existentes fundaron la Federación Chilena de Instituciones Femeninas (FECHIF) para coordinar la acción por el derecho a sufragio.
Se formaron también partidos políticos femeninos que buscaban obtener el reconocimiento de los derechos de las mujeres: el Partido Cívico Femenino (1922), el Partido Demócrata Femenino (1924) y el Partido Femenino Chileno (1946).
En 1935 las mujeres conquistaron el sufragio para las elecciones municipales y en 1949 para las parlamentarias y presidenciales. Tras la elección de Inés Enríquez como primera diputada (1951) y de María de la Cruz como primera senadora (1952), el movimiento femenino declinó. Muchas organizaciones pusieron fin a sus actividades y una gran mayoría de mujeres se incorporó a los partidos políticos u organizaciones sindicales existentes.
La acción de beneficencia de vertiente laica y religiosa tuvo, por su parte, gran arraigo entre las chilenas desde los albores de la República, dando origen a numerosos grupos de acción voluntaria, algunos de los cuales se mantienen hasta el día de hoy. También sectores femeninos continuaron en la acción profesional, universitaria, gremial y sindical.
A nivel de base popular, el quehacer social de las mujeres se expresó en los "centros de madres", cuyos albores se remontan a los años cuarenta, creados a instancias tanto del apostolado católico como de la acción voluntaria laica y por las propias necesidades de las mujeres. Legalizados en 1968 con la Ley 16.880 de Juntas de Vecinos y Organizaciones Comunitarias, adquirieron un lazo estable con el Gobierno a través de CEMA (Central Relacionadora de Centros de Madres) que los respaldó económicamente y se convirtió en una fuente de recursos, asistencia e información. Al mismo tiempo, eran un espacio de reunión y expresión para las mujeres, a veces su única recreación, tanto en el campo como en la ciudad. En 1970 existían alrededor de nueve mil centros de madres con 450.000 socias y noventa y dos Uniones Comunales de centros de madres. En 1973 se habían más que duplicado y, de no haberse producido el golpe militar, habría actualmente un poderoso movimiento popular femenino.
Los diecisiete años de dictadura militar tuvieron serios efectos en las organizaciones femeninas, y la "transición a la democracia" en curso ha dado origen a múltiples búsquedas de adaptación y desencadenado procesos que aún no es posible evaluar.