EDUCACIÓN

La condición educacional de las brasileras ha mejorado apreciablemente en las últimas décadas, pero en un contexto educativo general que sufre aún graves problemas.

Ante todo, la condición socioeducativa de la población brasilera es marcadamente desigual. Atravesada por grandes diferencias étnicas, regionales y, sobre todo, de nivel socioeconómico, la población de Brasil presenta amplios sectores con fuertes deficiencias educativas y es notablemente estratificada. A fines de los años ochenta, su estructura educativa piramidal tenía una enorme base, formada por el 83% que no había superado el nivel primario (en el que su mayoría tenía tres o menos años de estudio y una gran proporción -un quinto de la población mayor de 10 años- era analfabeta), sobre la que se agregaba un estrecho tronco formado por aquel 11% que había accedido a estudios secundarios y la reducida cúspide del 5% que había logrado estudios superiores.

La condición educativa de negros y pardos es notablemente peor que la de los blancos, y las regiones pobres presentan problemas educacionales de gravedad: en la población del Nordeste, por ejemplo, el 36% es analfabeta, lo que significa cerca de once millones de personas sólo en esa región, de los casi veinte millones de analfabetos que existen en todo el país. En este contexto, las mujeres han alcanzado desde los años setenta la situación de los varones en todos los niveles del sistema educativo, con lo que Brasil ha abandonado el grupo de países que cruzan graves deficiencias educativas generales con fuerte discriminación de género, como sucede en Guatemala o Bolivia. (En América Latina también hay países con buena situación educativa general, pero diferenciados por el grado de discriminación sexual).

En el conjunto de la población femenina, además de las grandes diferencias existentes entre mujeres blancas y de otras razas, de unas regiones y de otras, de niveles socioeconómicos bajos y altos, también se manifiestan diferencias generacionales, precisamente debido al aumento de nivel educacional que han logrado las más jóvenes.

Al concluir los años ochenta, la matrícula de las mujeres en los distintos niveles de la educación formal era semejante a la de los hombres, e incluso levemente mayoritaria en educación secundaria y superior. Y aunque no se dispone de información actualizada y desagregada por sexo sobre rendimiento escolar, puede suponerse con fundamento que, como ha sucedido en el resto de América Latina, el avance educacional de las mujeres en las últimas décadas ha estado acompañado de un mejor rendimiento escolar que el de los varones.

Ahora bien, esta elevación del nivel educativo femenino no significa que haya desaparecido la segmentación por sexo que caracteriza al proceso educacional del país. Así, ya desde la secundaria, las mujeres van orientándose hacia especialidades diferentes de las que eligen los hombres. Ello es especialmente notable en el sector de la enseñanza profesional: las mujeres se orientan hacia especialidades pedagógicas, secretariado y otros servicios, mientras los hombres lo hacen hacia las técnicas industriales y agrícolas.

Esa segmentación es todavía mayor en el nivel superior del sistema: las mujeres son la inmensa mayoría de la matrícula en ciencias de la educación y en humanidades, en tanto tienen mínima presencia en las carreras tradicionalmente masculinas, como ingeniería y tecnología agrícola. No obstante, en el último decenio han alcanzado niveles similares a los hombres en derecho, ciencias físicas y computación.

En todo caso, hay que subrayar que esta segregación sexual es inducida fundamentalmente mediante el proceso de socialización que tienen las mujeres dentro y fuera del sistema educativo. Estudios sobre la reproducción de roles de género en la familia y en los textos escolares, por ejemplo, han mostrado en otros países de América Latina que se constituye una matriz cultural que induce a las mujeres a elegir carreras profesionales en coherencia con esa identidad sexual.

Por otra parte, el propio sistema educativo refleja la segregación jerárquica en que se produce la participación femenina: las mujeres son la casi totalidad de los docentes en niveles preescolar y primario, la mitad en la enseñanza secundaria y la minoría en la educación superior. Esta circunstancia refleja fielmente no sólo la segmentación educativa, sino la presencia general de las mujeres en las instituciones del país.