EDUCACION

La información estadística disponible, referida principalmente a los resultados del sistema educacional y no tanto a sus contenidos, muestra que el nivel educativo de las argentinas ha mejorado apreciablemente en las últimas décadas, especialmente en cuanto a su participación en los niveles secundario y superior.

La situación educativa básica de las argentinas se ubicaba históricamente entre las mejores de América Latina, pero en los niveles secundario y superior mostraban un retraso respecto de los varones. Todavía en 1970 las mujeres representaban el 35% de los estudiantes universitarios.

Desde el siglo pasado el esfuerzo educativo fue protagonizado por el Estado en los niveles básicos, si bien fue a mediados de este siglo cuando el sistema sufrió una expansión considerable. Desde ese proceso expansivo, las mujeres alcanzaron a los varones en la educación primaria. Cuando llegaban los años ochenta el 83% de la matrícula primaria era de naturaleza pública. Durante los años de la crisis la actividad privada ha aumentado: ligeramente en el primer nivel (pasó del 7% en 1980 al 8% en 1987) y más apreciablemente en los niveles secundario y superior.

Como resultado del esfuerzo educativo público el analfabetismo fue pronto reducido en Argentina, si bien se mantenían diferencias apreciables entre zonas de residencia y entre ambos sexos. Al comienzo de los años ochenta la tasa de analfabetismo era del 4,1% en las zonas urbanas y del 14,6% en las rurales. Asimismo, esa tasa era del 5,7% entre los hombres y del 6,4% entre las mujeres. Sin embargo, con el avance educativo de las mujeres esta situación está cambiando progresivamente. De hecho, el analfabetismo de las mujeres es aún ligeramente superior por el peso que éste tiene entre las personas mayo- res, donde las mujeres son población mayoritaria. Así, según los datos censales de 1980, el analfabetismo era superior en las mujeres a partir de los 35 años, pero ya era menor que el de los hombres en la población por debajo de esa edad.

Como sucede en toda la región, el desarrollo educativo ha determinado en Argentina una población adulta que presenta una estratificación socioeducativa de naturaleza piramidal: una ancha base formada por aquellas personas que no superaron la primaria, un tronco constituido por aquellos que accedieron a la secundaria y una estrecha cúspide de los que llegaron a estudios superiores. La dimensión del mencionado tronco -que es un indicador del grado de avance educativo global del país- no se conoce para años recientes, por cuanto aún no se ha publicado los datos censales de 1991 referidos a la variable educativa para todo el territorio nacional.

La situación de las mujeres en cuanto a los niveles educativos tiene, pues, que examinarse mediante información matricular, que está más actualizada. En términos generales, puede afirmarse que la participación femenina es paritaria en los niveles básicos de la enseñanza (preescolar y primaria), está superando en forma leve a los varones en la educación secundaria y todavía es ligeramente inferior en la universitaria (aunque debido al incremento de su participación en la educación superior no universitaria, las mujeres son ya levemente mayoritarias en el conjunto del nivel superior de la enseñanza).

La matrícula preescolar ha crecido poderosamente en las últimas décadas, conforme aumentaba la demanda de este tipo de servicio, entre otras razones, debido al incremento de la participación femenina en el mercado de trabajo. Ahora bien, es difícil conocer el grado de demanda insatisfecha, por cuanto no se dispone de información sobre el conjunto de los servicios no formales, especialmente entre los menores de tres años. En cuanto a la educación preescolar formal, su cobertura ha aumentado notable- mente durante los años ochenta, si bien todavía no alcanza a la mitad de los menores entre tres y cinco años: en 1981 asistía a los programas regulares de preescolar un 28% de estos niños, cifra que había aumen- tado al 41% en 1988. Esa cobertura era similar para ambos sexos.

La matrícula primaria ha empezado a verse afectada por el grado de avance de la transición demográfica argentina, es decir, por el envejecimiento progresivo de la población. De esa forma, a fines de los años ochenta había comenzado a reducirse el número de alumnos de este nivel. Esta reducción también se ha visto afectada ligeramente por un factor adicional: la leve reducción de la escolarización que ha tenido lugar durante la década de la crisis. En efecto, la tasa neta de escolarización era del 97% en 1980 y había descen- dido al 91% en 1990. La participa- ción por sexo es aproximadamente paritaria: en 1988 las niñas eran el 50,6% en la matrícula total.

La matrícula de educación secundaria, sin embargo, ha seguido incrementándose durante la pasada década, a pesar del menor ritmo de crecimiento de los jóvenes de las edades correspondientes. Ello se debe al considerable aumento de la demanda de esta enseñanza: su tasa bruta de escolarización pasó del 54% en 1975 al 74% en 1987. En este salto adelante, la participación femenina ha superado a la masculina: en 1987 la tasa bruta de las mujeres era del 78%, mientras era del 69% para los varones, lo que suponía que ese año las mujeres fueran ya el 51,5°S, del conjunto de la matrícula secundaria.

Un salto cuantitativo aún mayor se ha visto en la matrícula de la enseñanza universitaria en las dos últimas décadas. Desde los cambios en la normativa universitaria de 1974 este crecimiento considerable sólo fue detenido por el régimen militar entre 1976 y 1983. La recuperación democrática de ese año alcanzó de nuevo a la Universidad, relanzando otra vez el crecimiento de su matrícula. De esta forma, si en 1970 había unos 236 mil universi- tarios, a fines de los ochenta esa cifra ascendía a los 800 mil. También en este nivel de enseñanza el avance fue dado por las mujeres en mayor medida que los hombres: si en 1970 ellas eran el 36% de la matrícula, en 1987 representaban el 47%. Por otra parte, dado que las mujeres han constituido la gran mayoría de la enseñanza superior no universitaria, superan a los varones en el conjunto del tercer nivel: en 1987 eran el 53,4% de la matrícula superior.

El enorme salto educativo dado por las argentinas en los niveles secundario y superior no ha modificado en una medida similar los viejos problemas educativos de las mujeres. Ante todo, todavía siguen cayendo en una segmentación sexual considerable al elegir carrera universitaria. Continúan siendo la gran mayoría de las especialidades educativas y de humanidades y una reducida minoría en ingeniería o agronomía. Además, presentan graves deficiencias en cuanto a capacitación laboral específica, especialmente en el nivel intermedio (un ámbito sobre el cual no hay información estadística actualizada y desagregada por sexo). Finalmente, cuando se emplean en el propio sistema educativo, reflejan la estratificación sexual de la sociedad en su conjunto: son la casi totalidad de los educadores de niveles básicos y menos de la mitad de los profesores universitarios.