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Té Las dos caras de la moneda. Keith Stamp |
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A pesar de que Kenia acaba de hacerse con el título de primer exportador de té del mundo por delante de Sri Lanka, parece que los campesinos del país africano tendrán otro año catastrófico. Con una demanda global estable, la producción se eleva y provoca la caída de los precios. Por tanto, los campesinos están condenados a cultivar y cosechar cada vez más té para contrarrestar la disminución de sus ingresos. En estas circunstancias, la ley internacional de la oferta y de la demanda castiga a los más pobres. En 1995, las fuerzas económicas comprimieron los ingresos de los campesinos y, en 1996, fueron las fuerzas de la naturaleza. Kenia padeció la peor sequía que se recordaba y la falta de lluvias redujo la producción de té a una tercera parte de lo normal, lo que conllevó el cierre provisional de algunas fábricas. Esta sequía ha tenido graves repercusiones sobre la economía nacional y la vida de las decenas de miles de campesinos que dependen del té para vivir. Este ejemplo muestra que el té es un producto tan comercializado que sus fluctuaciones afectan tanto las naciones como a las personas.
El té proviene de un arbusto de hoja perenne que crece a cierta altura en las regiones tropicales y subtropicales húmedas. Se debe transformar la hoja verde inmediatamente después de la cosecha, en la fábrica instalada en las plantaciones o cerca de la pequeña explotación. Según el método de transformación, se clasifica el té en tres tipos:
Si bien el té procede de China, actualmente la India, Sri Lanka, Bangla Desh, Indonesia, Kenia, Tanzania, Malaui y Turquía son- junto con China - los principales productores. El té de los países africanos, que lo producen desde hace relativamente poco tiempo, es frecuentemente de calidad superior y constituye una competencia para los países de más tradición. En 1995, la producción de té permaneció al mismo nivel que la cosecha récord de 1994, con 2,5 millones de toneladas. Sin embargo, las cantidades varían mucho de un país a otro: África oriental - y sobre todo Kenia - está en auge: la producción de Kenia aumentó en un 66% de 1985 a 1995 para alcanzar la de Sri Lanka con 246.000 toneladas. Por otra parte, los países con poca producción han tenido problemas para sobrevivir. Así, la última fábrica de té de la Isla Mauricio tuvo que cerrar en 1997.
Dado que se consume mucho té en los países productores, los más grandes productores no son necesariamente los más grandes exportadores. En 1995, sólo se exportó el 43% de la producción mundial, o sea 1.079.753 toneladas, lo que supone un ligero aumento frente a las 1.009.438 toneladas de 1994. Las exportaciones asiáticas se han mantenido aproximadamente al mismo nivel, con los aumentos de la India y Sri Lanka compensando la disminución de China. Las exportaciones de África siguen en auge, con un 17% de aumento en general y un 30% para Kenia, el primer productor africano. La producción destinada a la exportación suele ser de más alta calidad y más sensible a las fluctuaciones de los precios, lo que agrava los riesgos soportados por los campesinos y los exportadores.
Dada la enorme diversidad de la calidad, los precios del té varían mucho. A la inversa del café, no hay un solo precio mundial para el té, y sin embargo los precios fluctúan mucho.
En 1995, la India producía el 30% del volumen total. Se podría esperar que esta situación diera al país una posición de fuerza a la hora de determinar los precios del té, pero no es necesariamente así. Aunque la cantidad y calidad de la cosecha india de té afecta las cotizaciones, su impacto es limitado. Las relaciones económicas entre el Sur y el Norte y el poder de las transnacionales juegan un papel mucho más decisivo.
En primer lugar, los países en desarrollo dependen de las divisas para financiar su desarrollo económico y técnico y para amortizar deudas. Y las exportaciones son clave para obtener divisas. Hoy en día, más de 30 países cultivan té y la economía de muchos de ellos depende fuertemente de la exportación de este producto. Cuanto más depende un país de los ingresos por exportación, más decisivos son los precios del té para su desarrollo. Desde finales de los años setenta, los precios apenas han variado, o sea, han bajado en términos reales. Estados como Ruanda (que recibe de la venta de té y café más del 90% de sus divisas) están especialmente afectados. No son sólo los gobiernos nacionales los que sienten las consecuencias: la caída de los precios del té se transmite a los grupos más desfavorecidos del país a través de una disminución de los sueldos y de una inflación alta.
Para compensar la reducción de los ingresos por exportación y la disminución de su poder adquisitivo, muchos países aumentan las superficies cultivadas y las exportaciones. Entre 1980 y 1990, la producción mundial aumentó en más del 40% aunque esta tendencia se ha estabilizado recientemente. Y en los últimos años, grandes productores como Bangladesh, India, Kenia, Malaui y Tanzania han aumentado su producción, mientras los más pequeños no han podido competir con la doble presión del aumento de los costes de producción y la estabilidad de los precios. Hace poco, Isla Mauricio cerró su última fábrica de té. Además, desde los años 60, el nacimiento de la industria africana del té hace más dura la competencia, lo que ha provocado un descenso continuo de los precios. Si el precio del té subió en las subastas de la India, bajó en cambio en Sri Lanka, Mombasa y, sobre todo, Londres.
El té se suele exportar en cajas. En el país comprador, las empresas del sector lo mezclan y envasan, lo que es la parte más lucrativa del negocio del té. Los grandes beneficios no vuelven al productor sino que se realizan en los países consumidores que mezclan y envasan el té. En Europa, del 30 al 50% del precio de venta al público va para la mezcla, el envase, el material de envase y la promoción. Es cierto que muchos productores intentan vender té transformado en bolsitas o cajitas. Sin embargo, la exportación del té listo para consumir tiene que vencer por lo general varios obstáculos: estrategias de marketing deficientes, falta de capital para lanzar promociones costosas, etc.
El origen colonial del cultivo del té se sigue manifestando en la estructura de propiedad de la producción: una parte considerable de ella está en manos de empresas extranjeras. En otros casos, la propiedad estatal de la producción - una consecuencia de la independencia - pasa por cambios importantes debido a las privatizaciones. En algunos casos, se da la ironía de que las fábricas se venden a empresas de la antigua metrópoli. Como muchas otras materias primas, el sector del té está caracterizado por su concentración: los proveedores principales son Unilever, Hillsdown Holdings, Allied Lyons, The Cooperative wholesale Society, James Finlay y Associated British Foods.
Una pequeña ilustración de esta concentración: las tres primeras empresas del sector tienen una cuota de mercado del 60% en el Reino Unido, de un 9% en Francia, de un 67% en Alemania y de un 66% en Italia.
El té sigue siendo un producto típico de las plantaciones que comparten características agrícolas e industriales. El trabajo en el terreno es sobre todo agrícola y requiere mucha mano de obra. La plantación, el cuidado y la recolección se hacen a mano. En las zonas tropicales, se puede cosechar todo el año, un trabajo realizado en general por las mujeres. Se ponen las hojas en canastas o en sacos que las mujeres llevan a cuestas hasta un punto de recolección donde se pesan y se transportan a la fábrica. La transformación suele ser industrial y a gran escala. El té se debe transformar el mismo día de su cosecha, por lo que debe haber una fábrica en la plantación o en los alrededores. En la fábrica, el té está sometido a cinco tratamientos distintos. Muy mecanizada, esta etapa sólo emplea el 10% del total de la mano de obra del sector del té.
La situación de los trabajadores de las plantaciones varía tanto entre países como dentro del mismo país. Pero en general se puede afirmar que los productores de té, o sea los dueños de las plantaciones y las empresas estatales, sólo pueden sobrevivir pagando sueldos bajos mientras los precios del té siguen siendo bajos también. No se consigue aplicar las leyes del trabajo y los sueldos mínimos a favor de los recolectores y trabajadores de las plantaciones. En la India, por ejemplo, se reformó el sector de las plantaciones después de la independencia y se aprobaron leyes para proteger a los trabajadores. Sin embargo, el control de su cumplimiento es ficticio y las sanciones de las infracciones son tan pequeñas que a los dueños de plantaciones apenas les afectan. El cumplimiento de la ley se deja de esta manera a la libre elección de los empleadores cuya prioridad no es desde luego mejorar las condiciones de trabajo. En el sur de la India, cerca de las ciudades y en las grandes plantaciones, las condiciones son relativamente buenas, mientras que en el norte y noreste, muchos recolectores siguen viviendo y trabajando en condiciones desastrosas.
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Grandes empresas de té En buena medida, los precios del té los determinan la oferta y la demanda. Pero grandes negociantes del té, como Brooke-Bond Lipton Ltd (Unilever), Lyons Tetley y Premier Brands tienen una influencia considerable en esta oferta y demanda y, por consiguiente, en la determinación de los precios. La concentración del mercado es muy alta: el 90% del comercio occidental está en manos de 7 transnacionales y el 85% de la producción mundial pasa por las transnacionales. Su poder es determinante en todas las subastas de té. Su política de compra influye mucho en los movimientos de precios y la demanda de ciertas calidades de té. La concentración horizontal (la propiedad de plantaciones y fábricas) se añade a la concentración vertical (control de compañías de transporte, de barcos). Esta concentración de poder, en la cual una sola compañía controla a veces todo la cadena de producción desde el arbusto hasta la bolsita, permite mucha manipulación, como ocurrió por ejemplo a mitad de los años 80 cuando los precios del té indio subieron bastante a raíz de las grandes cantidades que compró la Unión Soviética, al mismo tiempo que el consumo interno de la India subía. Las transnacionales decidieron reducir estas altas cotizaciones y dejaron de comprar té indio, lo que redujo poco a poco el precio. Durante este período, el gobierno indio intentó dos veces controlar el mercado imponiendo restricciones a las exportaciones para evitar penuria en el mercado local. Al mismo tiempo, fijó un precio mínimo para las exportaciones con la idea de mantener los precios altos. En aquel momento las transnacionales decidieron retirarse simultáneamente del mercado indio, lo que detuvo totalmente las exportaciones. El gobierno indio no tuvo más remedio que suprimir las medidas. Las transnacionales se pueden permitir estas acciones gracias a su gran flexibilidad, sus stocks reguladores y sus transacciones especulativas. Aumentan su flexibilidad reduciendo diferencias de calidad. Con la excepción de algunos países que exigen calidad, hay en todo el mundo una degeneración y adaptación constante de las calidades de té. Muchas calidades de té son ya intercambiables y se compran donde son más baratas. |
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Criterios de Comercio Justo
En el Comercio Justo, los precios pagados deben cubrir como mínimo los costes de producción y ofrecer un margen adicional para mejorar las condiciones de vida y trabajo e invertir en el futuro (esto incluye entre otras cosas la conversión a la agricultura biológica, programas de educación y formación para los pequeños productores).
Gracias a los pagos adelantados, los productores evitan caer en la trampa de la deuda antes de vender su cosecha. A petición del productor, el comprador paga por adelantado una parte del valor del pedido. Los campesinos pueden invertir este dinero para mejorar la productividad de su tierra y, por tanto, la calidad de su té.
Los productores son muy vulnerables a las fluctuaciones imprevisibles del comercio internacional del té. En principio, las organizaciones de Comercio Justo mantienen relaciones comerciales a largo plazo, por lo que los productores pueden planificar con seguridad. Pueden así elaborar programas de desarrollo social o de conversión al cultivo orgánico y fijarse objetivos a largo plazo.
Las organizaciones de Comercio Justo prefieren que el envase se haga en el país de origen. De esta manera, los productores reciben un valor añadido y crean nuevos puestos de trabajo. Para las organizaciones con quienes trabaja el Comercio Justo europeo, esta medida es particularmente importante: no se conforman con ser tan sólo el proveedor de una materia prima que se suele transformar, mezclar y envasar en los países industrializados. |
En la India, los trabajadores de las plantaciones tienen un alto grado de organización. Pero la rivalidad de los sindicatos presentes en las plantaciones tiene como consecuencia que cualquier agitación laboral resulta más beneficiosa para los empleadores que para los trabajadores. Los dirigentes "elegidos" del sindicato no siempre defienden los intereses del grupo de hombres y mujeres de la plantación. Estos trabajadores forman parte del grupo socio-económico más bajo y cuentan con muchas mujeres y Adivasi (indígenas) entre sus filas. Los dirigentes son muchas veces "intrusos" de clase media que, en ciertos casos, no sólo sienten indiferencia hacia los Adivasi, las mujeres y los peones, sino que les tratan con prejuicios.
A pesar de que el té es un producto típico de las plantaciones, también lo cultivan pequeños campesinos en muchos países. En Sri Lanka, por ejemplo, producen más de la mitad del té y en Nilgiris (la región más grande del Sur de la India para el té), la producción a pequeña escala es la más extendida. El té de Kenia proviene en un 60% de pequeños productores que lo consideran un producto atractivo: da trabajo e ingreso durante todo el año, necesita relativamente poca inversión y es poco probable que la cosecha no dé al menos algún fruto.
Los pequeños productores venden su cosecha a intermediarios, plantaciones o fábricas que compran té verde, lo transforman y lo venden. El precio que se paga por el té verde suele ser bajo. Según los intermediarios, el té suministrado por los pequeños productores es inferior al té de plantación, lo que hace bajar aún más el precio. Se dice que los campesinos no disponen de los conocimientos necesarios para cosechar y conservar las hojas y cuidar los arbustos y el suelo. Debido a las dificultades de transporte, su té espera muchas veces demasiado antes de ser tranformado, lo que disminuye todavía más la calidad. Además, los pequeños productores no suelen disponer de los recursos suficientes para hacer las inversiones necesarias (riego, abono, etc.).
Ya hace mucho tiempo que el té forma parte del surtido de las organizaciones de Comercio Justo europeas. Los miembros de EFTA importan té de 17 organizaciones en Asia y África, en la mayoría de los casos sociedades privadas, como Stassen en Sri Lanka, aunque también en algunos casos se trata de pequeños productores de Kenia y Zimbabue.
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Kenyan Tea Development Authority
Desde los años 60, la producción de té ha aumentado rápidamente en África y especialmente en Kenia. Constituida en 1962 por la British Commonwealth Development Corporation, la Kenyan Tea Development Authority ( KTDA ) ha liderado esta expansión.
En su esencia un organismo semipúblico de comercialización, KTDA tiene como objetivo la promoción de las exportaciones de té producido por pequeños campesinos.
Su éxito ha sido rotundo: los más de 250.000 campesinos afiliados producen en la actualidad más de 200.000 toneladas de té transformado en 44 fábricas, lo que hace de KTDA el primer exportador de té del mundo. La expansión seguirá por lo que se deduce de la construcción actual de cuatro nuevas fábricas con una capacidad anual de 5.000 toneladas cada una.
El éxito de KTDA se basa en la prioridad dada a la calidad en el cultivo, la cosecha y la producción, por lo que ha podido producir siempre té de alta calidad considerado en general mejor que el té de las plantaciones kenianas.
Para lograr esto, KTDA ha debido resolver muchos problemas típicos de la producción a pequeña escala y no ha dejado de insistir en la calidad. Por esta razón ha dado asesoría técnica, suministrado fertilizantes y creado un sistema de recogida de hojas verdes, lo que le ha asegurado un mercado fijo y precios relativamente altos para el té.
Para los campesinos, la ventaja no radica sólo en el precio más alto sino también en su participación en la propiedad de las fábricas, puesto que se les anima a comprar acciones. También controlan hasta cierto punto la gestión de las fábricas. A través de una red de comités, los campesinos eligen la mayoría del consejo de administración, presidente incluido. Este sistema garantiza que los campesinos cobren una mayor parte del valor añadido desde la producción de la hoja de té verde hasta el producto acabado, gracias al sistema de «segundo pago». Se trata de una participación anual en el beneficio que se calcula en base a la cotización del té en las subastas. Dado que la cotización en las subastas depende de la calidad, se trata de un incentivo para mejorar la calidad.
A pesar de su presentación como un éxito, KTDA no escapa a las críticas.
Así, el importe del segundo pago varía considerablemente de un año a otro y de una fábrica a otra. Esta circunstancia dificulta la planificación de los campesinos, puesto que éstos suelen asignar el segundo pago a gastos importantes, como la matrícula de las escuelas. El aumento del volumen de té keniano se ha acompañado de una caída comparable de los precios: si la producción se ha duplicado desde 1985 hasta 1995, los precios han bajado un 15% en los dos últimos años. El precio, fluctuante, escapa al control de KTDA y refleja más el juego de la oferta y de la demanda que una mala administración del organismo.
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Desde 1994, dos marcas garantizan el origen "justo" del té. Hace poco, se han unificado los dos registros de productores de té y se aplican desde entonces los mismos criterios. El sello TransFair se utiliza actualmente en Alemania, Luxemburgo, Austria y Japón, y la Fair Trade Mark en el mercado británico. Ninguna de las marcas limita las compras a pequeños campesinos. De hecho, sus registros de productores incluyen grandes plantaciones que tienen que cumplir al menos los criterios legales del país en materia de condiciones de trabajo (sueldo mínimo, alojamiento y asistencia sanitaria).
Ninguna de las dos organizaciones impone un precio mínimo, pero sí exigen que se pague una prima además del precio de mercado (éste debe cubrir al menos los costes de producción). Estas primas o sobreprecios alimentan un fondo en beneficio de los trabajadores. Un órgano consultivo, formado por representantes de trabajadores y de la dirección, asigna los fondos. Con estas condiciones, las relaciones entre trabajadores y dirección son fundamentales.
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Tendencias y evolución del mercado
Después de la Federación Rusa, el Reino Unido es el segundo importador de té. En 1995, importó 136.000 toneladas de té, lo que supone el 13% del total de las exportaciones. Este volumen es superior a las importaciones del total del resto de Europa.
Por lo tanto, cualquier cambio en el mercado británico tendrá consecuencias inmediatas para los productores. Ahora ocurre que este mercado tradicionalmente serio está pasando por una transformación radical.
Debido al aumento del consumo del café y, sobre todo, de las bebidas frías no alcohólicas, la demanda de té está bajando sin prisa pero sin pausa. A pesar de esto, el té sigue siendo la bebida más consumida por los británicos y las empresas líder en este mercado libran una lucha sin cuartel por conservar su cuota de mercado y estimular la demanda. Sin embargo, las innovaciones que presentan y las tácticas que aplican no revierten en beneficio de los productores.
Para aumentar el valor añadido del producto, las empresas dan cada vez más prioridad a productos más caros de calidad superior, lo que ha aumentado el valor del té, a pesar de la disminución del volumen de ventas. Si bien esto significa que las fábricas capaces de producir té de mayor calidad cobrarán precios más altos, también implica más trabas para los productores de té de baja calidad, que ya se las tienen que ver con los problemas provocados por la caída de los precios. Además, no pueden hacer nada puesto que la calidad está sobre todo condicionada por el clima y la altura.
Las mayores exigencias de calidad vienen acompañadas por la mayor importancia dada al embalaje. Se intenta recalcar la imagen y la frescura, con láminas de plástico fino y cajas impresas de mayor calidad. A esto se añaden artilugios como bolsitas de té redondas o hasta piramidales. A pesar de las apariencias, estas tendencias tienen consecuencias para el campesino. El embalaje cada vez más caro y complicado es un motivo para hacer bajar aún más el precio del té pagado al productor y hace mucho más difícil añadir valor en el país de origen. Además, una proporción aún más elevada del precio de venta al público del producto acabado se destina a la empresa de marketing y no al campesino.
El lanzamiento de nuevos productos es otra característica esencial del mercado británico, impulsado por las empresas punteras del sector que quieren conservar su posición. Por mucho que, de momento, sólo representen une pequeña parte del mercado, unos segmentos tienen un ritmo elevado de crecimiento. Así, los tés instantáneos, fríos, descafeinados y aromatizados crecen rápidamente, con la ayuda de fuertes campañas de publicidad. Aquí también, los países productores no dominan las técnicas avanzadas que requiere la fabricación de estos productos, lo que aleja aún más al campesino del mercado.
Sin embargo, la importancia dada a la calidad no ha sido totalmente mala para el productor. En el marco de un programa de mejora de la calidad, Premier, una de las primeras marcas británicas, ha incluido planteamientos sociales y éticos en sus criterios de compras y colabora estrechamente con la Fair Trade Foundation.
Queda por ver si esto influirá de alguna manera en el resto del sector del té y en la vida de los trabajadores del té.
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Hay indicios de que el mercado del té orgánico está en auge y las organizaciones de Comercio Justo están a la vanguardia a la hora de crear métodos de producción y de cultivo que respetan el medio ambiente, lo que favorece no sólo al consumidor sino también al productor. La preservación de la salud es muy importante para el campesino o el trabajador de la plantación y, además, el cultivo orgánico mejora a la larga la fertilidad del suelo
. Un cierto número de proveedores de té orgánico constan en el registro de TransFair.
La situación de muchos productores de té es angustiosa. Hay un gran grupo de trabajadores y campesinos desfavorecidos y son ellos quienes más se beneficiarían con las condiciones de Comercio Justo.
En todo el mundo, millones de trabajadores viven en plantaciones de té, en condiciones que muchas veces dejan mucho que desear. Comprar bajo condiciones justas a las plantaciones que pagan y tratan bien a sus trabajadores puede significar un paso significativo hacia la eliminación de la pobreza estructural. Claro está, sin embargo, que las relaciones con los pequeños productores de té siguen siendo una opción importante, puesto que es la mejor manera de dar poder a los productores. Un problema obvio es que los pequeños productores dependen de las fábricas, en manos privadas, para la transformación de su té. Para ser dueño de una fábrica, hace falta mucho capital, por lo que hay muy pocas cooperativas que tengan su propia fábrica. Además, con pocas excepciones, se considera que el té de los pequeños productores no tiene calidad suficiente para la exportación. En general, los campesinos no disponen de los conocimientos indispensables para cosechar y conservar las hojas y cuidar los arbustos y el suelo. Además, no suelen disponer de suficiente capital para hacer las inversiones necesarias y crear su infraestructura de transporte.
Existen pequeños campesinos, tanto en África como en Asia, que se han organizado para resolver estos problemas. Gracias a una organización adecuada consiguen la misma calidad semiprivado keniano "Kenyan Tea Development Authority", que se ha convertido en el mayor exportador de té del mundo.
En los Países Bajos, la Fair Trade Organisatie, junto con el Grupo neerlandés de trabajo sobre la India y Max Havelaar, se está planteando nuevas maneras de cooperar con los pequeños productores de té. Traidcraft en el Reino Unido va por el mismo camino. Sus estudios muestran que no es imposible importar de cooperativas de pequeños productores en otras áreas. En el sur de la India, hay fábricas de cooperativas y los campesinos comienzan a organizarse en Sri Lanka también. Sigue habiendo problemas, sobre todo en el campo de la calidad, pero el Comercio Justo puede dar precisamente la ayuda que las cooperativas necesitan para convertirse en una contraparte comercial fiable capaz de suministrar té de buena calidad.
Además algunos hechos parecen indicar un cambio en una parte del comercio tradicional que toma en cuenta los problemas éticos en las compras de té, aunque esto se hace más por mejorar la calidad del té que por justicia. Queda por ver hasta qué punto este cambio resulta beneficioso o si se trata solo de un golpe publicitario.