Maderas tropicales
La silvicultura comunitaria, una alternativa a la explotación indiscriminada
Christoph Meyer y Peter Gerhardt.

La madera, una materia primaArriba

En los medios europeos, la destrucción del bosque tropical pasa casi desapercibida. Si bien hay un interés pasajero por la propuesta de introducir un sello para la madera tropical ecológica en el Reino Unido, los Países Bajos y Alemania, a pocos les preocupa la afición reciente de los arquitectos franceses por las maderas tropicales. La nueva biblioteca nacional de París, inaugurada por el presidente Mitterand a finales de 1995, necesitó:

En la opinión de muchos consumidores, el problema del bosque tropical parece resuelto. De hecho, las organizaciones ecológicas reciben hoy en día numerosas llamadas tales como "¿Puedo comprar muebles de teca para el jardín? Dicen que la madera proviene de plantaciones..."

Parece que nadie, y sobre todo ningún medio de comunicación masiva europeo, es consciente de que ya ha empezado el último acto de la destrucción del bosque tropical. Quizá se deba a que esto sucede en el Sudeste asiático.

A finales de los años 80, los principales consumidores de maderas tropicales eran Japón (el 35% del consumo total) y la Unión Europea (21% sobre todo Francia) (1). En Europa y en Japón, el consumo se ha estabilizado, mientras que los países del Sudeste asiático, como China, Taiwán y Corea suben con prisas al tren de los consumidores.

Al mismo tiempo, los principales países productores eran Malasia e Indonesia, los dos explotando sobre todo los bosques de Borneo (la fuente del 80% de toda la madera tropical vendida en 1987). (2)

Si bien siguen siendo los principales países productores, Malasia e Indonesia ven bajar rápidamente su cuota, puesto que, viendo agotarse sus bosques, intentan limitar la exportación. Malasia ha podido controlar las talas ilegales de árboles, pero éste no es el caso de Indonesia. Las empresas madereras del Sudeste asiático, sobre todo de Malasia e Indonesia, buscan otros países donde las normas de exportación sean menos estrictas: las empresas de Malasia trabajan ahora en Belice, Brasil, Guayana, Camboya, Camerún, Madagascar, Papúa Nueva Guinea, las Islas Salomón, Surinam, Vanuatu y Zimbabue.

La tala, el principio del fin para los bosques del Sur Arriba

Consecuencias ecológicas

Según un estudio de la Organización Internacional de la Madera, el 99% de la madera tropical se producía a finales de los 80 según prácticas indiscriminadas (3). Es difícil apreciar hasta qué punto la tala comercial del bosque tropical contribuye a la deforestación. Las empresas madereras afirman que la "tala indiscriminada" es sólo un factor secundario de la destrucción del bosque tropical, al que se le puede achacar sólo entre el 2 y el 10% de la culpa, mientras que la agricultura y la producción de leña son causas mucho más importantes. El error en su argumentación es que ponen al mismo nivel las pequeñas superficies de bosque tropical rico - las más afectadas por la tala - y otras zonas boscosas del Trópico. En estas zonas boscosas se incluyen bosques secos que no tienen importancia para el comercio internacional de la madera y que sufren el impacto de muchos factores distintos.

Más importante que la tala en sí, es el daño indirecto que provoca el efecto de "abrir caminos" en regiones de África, Asia del Sudeste y Centroamérica: al despejar pistas de acceso, la industria maderera deja el camino libre para el uso agrícola del bosque tropical y recurre frecuentemente a la presión demográfica como excusa. Sin embargo, la falta de tierra para los cultivos de autoconsumo se debe sobre todo a la asignación de las mejores tierras al cultivo de productos que son fuente de divisas.

Malasia

La tala más intensiva del mundo se ha producido en la provincia de Sarawak en Borneo. Si bien esta tala intensiva resulta en parte de la política maderera de Malasia, se debe sobre todo a la presencia dominante de la especie Dipterocarpaceae (llamada meranti en el comercio): como casi todos los árboles suficientemente grandes se pueden aprovechar, el rendimiento es de 8 a 10 árboles por hectárea.

Según los expertos, la tasa media de destrucción causada por la tala clásica en Sarawak alcanza el 60 por ciento. Esto significa que las pistas de acceso y los daños causados a los árboles no talados destruyen el 60% de la vegetación. Aunque el bosque se recupera en unos 25 años antes de la segunda tala, no volverá a crecer después de la tercera. Según el Ministerio de silvicultura de Malasia, la producción fue de 16,6 millones de metros cúbicos de madera redonda en 1992 y afectó a 300.000 hectáreas de bosque. La mayor parte del bosque de Sarawak está muy dañada o totalmente destruida. Según el Ministerio de silvicultura, quedan en Sarawak 7,3 millones de hectáreas de bosque tropical útil. Sin embargo, la organización suiza de defensa del bosque tropical "Bruno Manser Fonds" indica que la superficie de bosque primario útil ha disminuido de 5,9 millones de hectáreas en 1990 a 2,4 millones hoy. Hay también algunos bosques secundarios donde no será posible talar árboles en los próximos 25 años.

Puesto que los recursos se agotan de esta manera, la producción de madera en Sarawak cayó fuertemente en los dos últimos años. En los años de bonanza, las empresas madereras familiares chino-malasianas (que se llevan bien con los políticos de Malasia) han acumulado riqueza e invertido fuertemente en maquinaria de gran tamaño que deben rentabilizar. Por lo tanto, sus tractores oruga y sus camiones de madera trabajan ahora en otros países como Papúa Nueva Guinea.

Papúa Nueva Guinea

Según las estimaciones, una sola empresa de Malasia y su red de filiales controlan el 86% de todas las exportaciones de madera de Papúa Nueva Guinea. Las filiales talan todo lo que pueden a toda prisa en los bosques comunitarios de los pueblos costeros. El ambiente social es explosivo, por lo que limitan lo más que pueden las inversiones en capital para sacar del país la madera sin procesar. En algunos casos, van a trabajar incluso de noche, con proyectores.

La tasa de destrucción llega muchas veces al 80%, por lo que sólo queda la quinta parte de la vegetación original después de la tala (indiquemos aquí que las estadísticas de la FAO sólo consideran un bosque como destruido si ha desaparecido más del 90% de la vegetación).

"Desde la lejanía, ya oímos el quejido de la madera que se rompe y el zumbido de los motores diesel. Trazada ciegamente en medio de la vegetación, una pista nos enseña el camino. El tractor oruga arrastra largos troncos por riachuelos y costas empinadas. El suelo vibra y las cadenas laceran la tierra roja. El tractor arranca los pequeños árboles que le impiden el paso. Lo que queda del bosque no es más que un lío de árboles aislados, troncos rotos, el verde de las enredaderas y la tierra lodosa de color rojo."

Testimonio visual de los bosques comunitarios de los pueblos de Kui y Buso (provincia de Morobe, Papúa Nueva Guinea, 1992)

África

En África Central y Occidental, las condiciones ecológicas y la estructura del comercio de la madera son distintas de las del Sudeste asiático. En esta región, el comercio está dominado por grupos europeos (sobre todo franceses, italianos y alemanes) que abastecen el mercado europeo de materia prima que entra en la fabricación de productos de calidad superior. Hay una gran variedad de especies y, por lo tanto, de calidades de madera, de las cuales sólo algunas maderas de lujo son suficientemente buenas como para ser exportadas a Europa.

La empresa alemana Glunz o su filial Isoroi en Gabón, por ejemplo, no suelen talar más de dos árboles de ocumé (una de las maderas utilizadas en la Biblioteca nacional de Francia) por hectárea. Para sacar estos dos árboles, hay que talar un promedio de una hectárea, por lo que la destrucción es muy alta en relación con el rendimiento. Además, la actividad tiene consecuencias nefastas en la fauna puesto que la caza, aunque ilegal, es necesaria para abastecer los campamentos de los leñadores. A pesar de esto, a los importadores de madera tropical, les gusta llamar a estos métodos "silvicultura sostenible", porque se supone que la regeneración del bosque es rápida. En la práctica, en las zonas densamente pobladas de África, esta tala "selectiva" no desemboca en una silvicultura sostenible sino en una colonización de los bosques explotados. De esta manera, África Occidental se ha quedado casi sin bosque y la industria maderera se concentra ahora en África Central.

Cada vez son más las empresas del Sudeste asiático que solicitan concesiones en África para abastecer sus mercados nacionales con grandes cantidades de madera que se destina sobre todo a la producción de papel y cartón. Las observaciones hechas en Camerún revelan que aprovechan muchas más especies, por lo que la deforestación es casi completa.

Brasil

En Brasil, es la tala ilegal de caoba en las reservas indígenas lo que ha llamado la atención de la comunidad internacional. Sin embargo, la industria maderera no es una causa importante de la deforestación.

O no lo era: aquí también grupos del Sudeste asiático han conseguido grandes concesiones. Donde ya han empezado a talar árboles, siguen la misma pauta: invierten mucho para sacar la mayor cantidad de madera en el plazo más breve posible. Debido a estas prácticas, el sector brasileño de la madera, poco desarrollado, ha empezado a colaborar con los ecologistas. A instancia de éstos, han optado por realizar operaciones más modestas, para poder combatir a las empresas extranjeras con el argumento de que practican una "silvicultura sostenible".

Causas y consecuencias socialesArriba

Antes de la colonización, los bosques sólo acogían a los pueblos indígenas que vivían en armonía con ellos. De ellos sacaban lo que necesitaban para vivir. Hoy en día, siguen recolectando muchos productos distintos en los bosques tropicales intactos: frutas, nueces, hortalizas, tubérculos, setas, miel, animales, reptiles, insectos y pescado. Reconocen un número increíble de plantas y animales y sacan del bosque semillas, plantones, tintes, resinas, madera y otros materiales para construir casas o fabricar herramientas y joyas. Para sus habitantes, el bosque tiene además un gran importancia espiritual.

Con pocas excepciones, los gobiernos coloniales rompieron este equilibrio. Los bosques pasaron a ser propiedad del estado que privó a los pueblos indígenas del usufructo, sobre todo de la madera. Justificaron esta medida afirmando que a nadie le preocupa el dominio público que queda así desatendido. Con su papel de protectores y su mentalidad europea, las potencias coloniales pensaban que debían proteger y gestionar los bosques de forma responsable, por lo que aplicaron ideas europeas a regiones tropicales. Así surgió en Alemania la idea de la "gestión sostenible del bosque" - sostenible se refería a la producción de madera - que se aplicó en la India, Myanmar y, sobre todo, Java. A aquella época se remontan las plantaciones de teca de Java, antes dirigidas por colonos neerlandeses. Con la independencia, todos los estados adoptaron esta concepción. Los bosques pasaron a ser propiedad de los estados independientes que concedían el usufructo (en general a los que pagaban mejor). Por lo general, la silvicultura tropical - con la excepción de la explotación indiscriminada - se basa en este modelo alemán de la sostenibilidad.

Las consecuencias de este modelo son ahora visibles en el mundo entero. Si el gobierno no proteje los bosques, los campesinos sin tierra los toman para convertirlos en tierra cultivable. En las zonas rurales de Indonesia, la población practica la tala "ilegal" o sabotea a veces las plantaciones de árboles de rápido crecimiento (destinados a convertirse en celulosa) para defenderse de las pretensiones de las empresas madereras. En Malasia, el estado federal de Sarawak saltó a la fama mundial gracias a la resistencia de los Penan contra la explotación silvícola. Esta etnia nómada se asentó en el bosque tropical y bloquea las carreteras o lleva a cabo otras acciones no violentas para defenderse y defender sus intereses. Para romper su resistencia, Malasia recurre cada vez más al ejército.

Comercio internacional de la maderaArriba

Expansión del comercio de la madera

En las últimas décadas, el comercio de la madera y de los productos a base de madera ha aumentado de forma considerable. Según el Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente, la producción de madera de coníferas aumentó en un 30% y la de árboles de hoja en un 50% entre 1966 y 1988, una progresión que siguió en los años 90.

Esta tendencia se debe a dos causas. En primer lugar, la demanda de los países del Norte y de las economías emergentes del Sudeste asiático crece. En segundo lugar, técnicas de trabajo más eficientes han aumentado y abaratado la oferta. Los antiguos miembros de la Unión Soviética han empezado también a abastecer el mercado mundial.

Globalización del sector de la madera

Al igual que el comercio internacional en general, el comercio de la madera está en un proceso de globalización y concentración. Las grandes empresas han comprado a sus competidores más débiles y han obtenido grandes concesiones en los países donde el gobierno ha abandonado su función de gestor del bosque. El volumen de las exportaciones aumenta y se hace más difícil de seguir. El comercio de la madera del Norte está en manos de unas pocas multinacionales, mientras que las empresas del Sudeste asiático siguen dominando el sector en los países en desarrollo. En estos países, el ritmo de absorción de unas empresas por otras es aún inferior al del Norte.

La cantidad a expensas de la calidad

También se ha producido un cambio en los volúmenes de cada calidad de madera negociados en el mercado internacional: han aumentado las maderas de baja calidad destinadas a la producción de madera aglomerada y de paneles de fibra de madera de densidad media, al igual que las materias primas como los copos de madera para la producción de celulosa y papel.

Hay una fuerte demanda de las variedades de madera cuya transformación se puede automatizar, siendo particularmente importante la uniformidad de las dimensiones, típica de las plantaciones. Puesto que las grandes dimensiones, las propiedades mecánicas y la apariencia ya no son tan importantes, hay una expansión general de las plantaciones de Pinus radiata, eucalipto y otras especies de crecimiento rápido.

El comercio de madera de lujo, como la que se usa para enchapar o para la construcción, ha registrado una disminución, puesto que requiere troncos largos y regulares de grandes dimensiones que provienen de árboles de bosques viejos, los cuales son cada vez más escasos, sobre todo si son accesibles. La escasez de grandes árboles para la construcción se ha solucionado gracias a mejoras técnicas, como el laminado, una combinación controlada de calor y presión que mejora las cualidades estáticas de la madera.

En la silvicultura, la tendencia general se dirige hacia la cantidad a expensas de la calidad. Así, los árboles que se consideraban sin interés hace unos años y que no se talaban, tienen ahora un interés económico. Actualmente, se pueden aprovechar casi todos los árboles en la zona de la tala si se usan las técnicas apropiadas. De esta manera, la silvicultura requiere ahora más capital y el mercado se concentra en manos de unas pocas empresas.

Esta tendencia es muchas veces negativa para la población local, que no saca ningún provecho de la explotación industrial y que ha llegado a sabotear proyectos de plantaciones. Desde un punto de vista ecológico, los grandes monocultivos en los trópicos no son recomendados: necesitan pesticidas variados, aceleran la erosión y suelen agotar el suelo después de dos o tres ciclos. Como es de suponer, no son un modelo sostenible de producción de madera.

Los ecologistas aconsejan que no se realicen estas plantaciones en forma de monocultivos o que se las deje crecer en un estado casi natural. Si se crean plantaciones para satisfacer las necesidades de la población local, pueden ayudar a disminuir la presión que soportan los bosques naturales. Los artesanos locales y la pequeña industria pueden ayudar también si utilizan la madera de las plantaciones agotadas de caucho o de cacao. Los organismos de desarrollo depositan muchas esperanzas en sistemas agroforestales que combinan los bosques mixtos con el cultivo de productos alimenticios. Para que la silvicultura sea sostenible, es imprescindible implicar a la población local.

Importaciones europeas de madera tropical

Hasta finales de los años 70, el mercado mundial estaba dominado por troncos de madera tropical sin acabar. El acabado y, por tanto, la mayor plusvalía eran reservados a los países industrializados. La industrialización de los países del Sur cambió esta situación: Malasia promovió su industria local de productos semiacabados como tablas de sección cuadrada e Indonesia se dotó de la mayor capacidad de producción de contrachapado del mundo. Este cambio se refleja en las estadísticas de comercio exterior de Alemania: a principios de los años 80, la madera contrachapada representaba tan sólo el 8% de todas las importaciones de madera tropical, mientras que ya era casi una tercera parte del total a mediados de los años 90.

A finales de los años 80, las importaciones de productos acabados empezaron también a crecer. Artículos baratos - sobre todo muebles de jardín y utensilios de cocina - se hacen cada vez más con madera tropical.

Puesto que los datos de la FAO no recogen todavía los productos de madera acabados, no hay estadísticas de esta tendencia en el plano internacional.

A principios de esta década, se observó una disminución de las importaciones europeas seguida de un leve aumento en 1995. Si una parte de esta disminución se debió indudablemente a la actitud de los consumidores que se mostraron reacios a comprar madera tropical, la economía y la moda acabaron imponiéndose. De hecho, la disminución más leve se observó en Francia, donde las llamadas al boicot casi no tuvieron repercusión. El ligero aumento de 1995 se debe, nuevamente, a Francia, quizá como consecuencia del boom de la madera tropical desencadenado por la construcción de la prestigiosa biblioteca nacional.

Prácticas deslealesArriba

Con la ayuda de sus filiales, los grupos multinacionales sacan provecho de sus transferencias de capital casi incontrolables. Para evadir impuestos y aranceles, manipulan el precio de las transferencias: la matriz suministra a sus filiales (independientes desde un punto de vista jurídico) materiales, licencias, servicios o créditos a precios excesivos, mientras que la filial que tala los árboles exporta la madera a precios bajos a otra filial ubicada en un país con impuestos bajos. Después, la madera se reexporta a la matriz con márgenes que pueden superar el 100%. De esta manera, los beneficios quedan en el país con impuestos bajos, mientras que la filial en el país productor no tiene más que pérdidas, por lo que no paga impuestos. Un efecto secundario de esta práctica es que desalienta la inversión local en las empresas madereras.

La demostración más clara de las prácticas del ramo de la madera tropical fue la hecha por una comisión gubernamental de 1989 presidida por el juez Thomas Barnett en Papúa Nueva Guinea, que puso al descubierto mucho más que la manipulación del precio de las transferencias. La comisión descubrió que todo el sector rozaba la criminalidad. Ninguna de las empresas investigadas pudo probar que había cumplido con las normas o con sus contratos. El aspecto político era particularmente explosivo: la comisión no encontró ningún caso en el que las autoridades hubieran retirado las licencias o exigido indemnizaciones para sancionar las infracciones patentes. Es más, los políticos y funcionarios sacaron provecho de la explotación de la madera. Algunos eran oficiales de enlace de empresas extranjeras, otros eran accionistas y otros incluso eran los mismos dueños de las empresas. Como principal perdedor del asunto, la comisión designó a la población local que perdía su recurso más importante, por el cual recibía una indemnización irrisoria, sin posibilidad de sacar provecho de la situación a largo plazo.

Poco tiempo después de la publicación de este informe, un negociante de madera que no pudo resistir la competencia de las empresas extranjeras se quejó ante los ecologistas australianos de que las estructuras impenetrables del comercio internacional de la madera obligaban a los madereros a saltarse la ley y les impedían hacer negocios "limpios".

Otras prácticas comunes son las de falsificar las cantidades y calidades de la madera en las declaraciones de exportación o cambiar la declaración en el trayecto para ocultar las especies protegidas que se exportan. Además, grandes volúmenes reciben de forma misteriosa un aval ecológico durante el trayecto. Puesto que los consumidores europeos están cada vez más preocupados por el medio ambiente, el negocio de la madera realiza grandes esfuerzos para vencer su reticencia a comprar productos del bosque tropical.

Restricciones al comercioArriba

Política arancelaria de la Unión Europea

A pesar de los desmentidos, los productos de madera acabados están sujetos a aranceles bajos. Las importaciones de madera y productos acabados sólo tienen que cumplir con las normas aduaneras de la Unión Europea y no están gravadas con tasas proteccionistas como muchos productos agrícolas. Los troncos sin transformar se importan libremente, mientras que los aranceles sobre la madera acabada o semiacabada son tan sólo del 1 o del 2 por ciento. Se da un trato preferente a los países ACP y a los países en desarrollo cuya economía es débil.

Rechazo de los consumidores

Para obstaculizar la importación de madera tropical, el boicot de los consumidores y las prohibiciones de las autoridades locales son mucho más efectivos. Estas medidas derivan de una campaña de dimensiones antes desconocidas llevada a cabo en el Reino Unido, Países Bajos, Alemania, Suiza y Austria. Hasta la fecha, más de mil ayuntamientos, entre ellos, las ciudades de Berlín y Francfurt, han declarado públicamente la prohibición del uso de madera tropical en los edificios públicos. Esta prohibición se aplica sobre todo a las puertas y a las ventanas y a las construcciones al aire libre, como puentes y bancos.

Si bien el boicot tiene un impacto importante en las importaciones europeas (véase gráfico), no influye mucho en los volúmenes negociados mundialmente.

En virtud de la declaración final de la Cumbre de Río de 1992, es legítimo preguntarse si se justifica transportar grandes cantidades de madera tropical de una punta a otra del mundo. De hecho, la agenda 21 pide que se produzcan los materiales lo más cerca posible de su destino final.

Además, en la mayoría de los casos, la madera local puede sustituir a la madera tropical. La preferencia por la madera tropical se debe sobre todo a su bajo precio: las especies europeas comparables (en lo que se refiere a densidad, elasticidad y resistencia a los agentes atmosféricos) son mucho más caras. Exceptuando algunas aplicaciones muy concretas, los países industrializados podrían perfectamente prescindir de la madera tropical.

Además, muchos pueblos indígenas cuya cultura depende del bosque odian la tala comercial de los árboles. Por lo tanto, muchos representantes de estos pueblos, así como grupos ecologistas del Sur, dieron su apoyo al boicot.

¿Proteccionismo disfrazado de ecología o apoyo a la población local?

Al contrario de lo que a veces se afirma, el descenso de las importaciones europeas de madera tropical no desencadenó un aumento del volumen talado. Los países productores alegaron que tenían que talar más árboles para compensar la pérdida de divisas. Sin embargo, hay pocas pruebas de este hecho, al menos en el caso de los principales países productores como Malasia e Indonesia, puesto que las fluctuaciones del precio internacional de la madera tienen una multitud de causas. Estos países pueden compensar la disminución de las importaciones europeas con el aumento de la demanda en otras regiones del planeta.

Sin embargo, el boicot supuso una advertencia política clara.. Como reacción al boicot, Malasia se presentó como portavoz de todos los países productores de madera tropical y acusó a los ecologistas del Norte de practicar un proteccionismo disfrazado de ecología. Malasia sostuvo que los países del Norte destrozaron hace ya mucho tiempo sus bosques primarios, por lo que no tenían ningún derecho de decir al Sur cómo debía utilizar sus bosques.

La actitud del gobierno de Malasia hacia los pueblos indígenas (sobre todo los Penan, cuya divisa es "Vosotros tenéis el mundo, dejadnos el bosque") fue un factor decisivo en el boicot de la madera tropical decretado por los ecologistas del Norte.

"¡No se alteren por los derechos humanos de 400 personas!", gritó el embajador de Malasia en una mesa redonda organizada durante la feria de la madera INTERZUM en Colonia en mayo de 1993, al referirse a los Penan. "Esta gente se opone al progreso y, por lo tanto, se opone a una gran parte de la población".

El sector de la madera siempre insiste en que la tala es buena para los bosques. Afirman que, puesto que los bosques son útiles, son también valiosos y serán protegidos por esta razón. La destrucción de los bosques no se debe a la industria maderera, sino a otras causas, sobre todo la extensión de las tierras cultivables destinadas a los sin tierra. La pobreza y la superpoblación son los principales problemas que sólo se podrán solucionar mediante el desarrollo económico, que depende de las divisas que trae la exportación de la madera.

Sin embargo, la industria maderera no puede dar pruebas de que la mayor parte de la madera tropical proviene de "buenas" explotaciones que permiten la recuperación del bosque y la vida digna de la población local.

Un aval para la madera, la reacción de los negociantes Arriba

A finales de 1991, la asociación alemana de importadores de madera prometió crear un aval para la "silvicultura respetuosa del medio ambiente". Después de un plazo razonable, un certificado debería garantizar el respeto de métodos aceptables (mientras tanto, los consumidores deberían seguir comprando madera tropical).

Aproximadamente al mismo tiempo surgieron varios avales en las tiendas, que garantizaban que no se habían perjudicado los bosques tropicales, sin hacer referencia a tests o criterios. Certificados de homologación aparecieron de repente en los países productores también, a iniciativa, claro está, de las empresas madereras o de los gobiernos que esperaban de esta manera (re)conquistar el mercado lucrativo de los países industrializados preocupados por el medio ambiente. El problema es que todos estos avales no eran ni son todavía fiables, lo que debería ser su principal característica.

Los gobiernos y las grandes empresas no son los únicos que quieren seguir vendiendo madera. Empresas locales, productores campesinos, artesanos o cooperativas que trabajan de manera aceptable para el medio ambiente deben tener una salida garantizada en los países ricos. Por suerte, hay unos pocos ejemplos de preservación del bosque garantizada por la silvicultura comunitaria (véase más abajo). Una solución podría ser entonces crear un aval fiable para sus productos, para ayudar a distinguir los métodos de silvicultura sostenible de la tala indiscriminada.

Más transparencia en el comercio de la madera tropicalArriba

El aval del Forest Stewardship Council

Gracias a sus criterios mínimos (véase el cuadro), el Forest Stewardship Council (Consejo para la administración de los bosques, FSC) es la única iniciativa fiable que combina la silvicultura con la protección del bosque y de los derechos humanos.

En la práctica, hay problemas de organización:

El hecho de que las organizaciones consultivas dependan de la industria maderera puede también provocar un cuestionamiento de su independencia.

El porcentaje de madera certificado por el FSC en el mercado europeo sigue siendo muy pequeño. Puesto que el sistema de vigilancia tiene que ser más riguroso, no se puede todavía recomendarlo sin reservas. Si esto no se consigue en el futuro, la certificación del FSC perderá credibilidad entre los consumidores.

Principios del Forest Stewardship Council para una silvicultura ecológica, ventajosa desde un punto de vista social y económicamente viable

Dado el gran número de certificados de silvicultura sostenible en el mercado internacional, hace falta que un organismo superior fije normas mínimas de aplicación obligatoria para todos los organismos de certificación. Fundado en Toronto en 1993, el FSC quiere desempeñar esta función. No otorga certificados sino que fija 10 principios en los cuales los organismos consultivos aprobados por el FSC deben basar sus criterios de certificación.

En el FSC, organizaciones ecologistas, grupos sociales y asociaciones económicas tienen el mismo peso en la toma de las principales decisiones.

Después de largas negociaciones entre los grupos que conforman el FSC, se han publicado nueve principios que se aplican a todos los tipos de bosque y hacen referencia a aspectos sociales, ecológicos, jurídicos y económicos de la silvicultura, y a los métodos estrictos de vigilancia, con las rutas comerciales incluidas. Se sigue debatiendo el principio 10 sobre plantaciones.

Silvicultura comunitaria en el SurArriba

En Europa, varias organizaciones dan apoyo a las comunidades o las cooperativas rurales del Sur. Con la venta de madera en Europa, pretenden conservar los bosques que se explotan de manera respetuosa con el medio ambiente. Los proyectos más conocidos están en las Islas Salomón y en Papúa Nueva Guinea.

Al contrario de lo que pasa en muchos otros países tropicales, la propiedad de la tierra sigue mayormente en manos de las comunidades. Sin embargo, el contacto con los estilos de vida occidentales ha creado la demanda de bienes materiales. En este contexto, la gente se deja fácilmente seducir por las ofertas de las grandes empresas madereras que quieren talar los mejores árboles de sus bosques. A cambio, prometen no sólo pagar un buen precio sino también construir carreteras, escuelas, centros sanitarios y generar empleos. Después de discusiones muchas veces acaloradas, la comunidad firma un contrato, puesto que muchos habitantes quieren "desarrollo" y la venta de la madera es la manera de obtenerlo.

Las organizaciones europeas alientan a los pueblos a encargarse ellos mismos de gestionar sus bosques. Si saben como sacar provecho de todos los recursos del bosque, lo preservarán. Este es el principal incentivo para los pueblos, y el argumento más contundente a favor de un desarrollo autónomo de cada pueblo. En las Islas Salomón, las comunidades ya exportan a gran escala, mientras que su producción en Papúa Nueva Guinea se destina sobre todo al mercado local.

Silvicultura comunitaria en las Islas Salomón y Papúa Nueva Guinea

Con su programa de ecosilvicultura, el "Rain Forest Information Centre" (Centro de información sobre el bosque tropical) de Australia firma contratos con comunidades de Papúa Nueva Guinea y las Islas Salomón. Financia aserraderos móviles y cursillos de formación, mientras que las comunidades se comprometen a no dejar a las empresas madereras penetrar en su territorio y a cumplir las normas siguientes de silvicultura:


Madera de Comercio Justo: un proyecto piloto con Toyin

"Una visita a Saharanpur, una ciudad situada a 150 km. al norte de Nueva Delhi, muestra que se trata de un centro de producción de madera. Pero, sobre todo, un centro del trabajo infantil. Casi en cada taller hay chicos que se dedican a producir tablas para cortar el pan, cajas de madera y otros artículos, todos ellos productos baratos que abastecen nuestros supermercados y centros comerciales. Las manitas de los niños vienen muy bien para hacer trabajos de marquetería. Un niño de ocho años nos dice que trabaja de ocho a diez horas diarias, seis días a la semana, por un sueldo semanal de 10 rupias. Si llega a la edad adulta y tiene hijos es poco probable que puedan evitar el sistema de "trabajo forzado por las deudas".

Socio comercial de EFTA, Toyin, ha atacado esta opresión. Si las contrastamos con las condiciones de trabajo deplorables en otras empresas, las prestaciones sociales de esta empresa son muy apreciables. El taller central de Toyin da un trabajo regular a entre 130 y 150 trabajadores. Hay entre ellos jóvenes, pero ninguno de ellos tiene menos de 14 años. Los sueldos varían en función de la habilidad del artesano, pero nunca son inferiores al mínimo legal. El taller es claro, ventilado y espacioso y cada puesto de trabajo tiene buena iluminación."

Después de un viaje a la India en septiembre de 1995 - durante el cual se recogieron estas impresiones - la gepa (la organización de Comercio Justo de Alemania) lanzó un proyecto piloto con Toyin con el propósito de elaborar criterios sociales y medioambientales para el sector de la madera.

Las dos partes encargaron primero un estudio independiente. Los criterios deben implicar a todos y no ser impuestos por Europa. En una etapa posterior se trata de ejercer presiones en el sector para poner fin al trabajo infantil y a las violaciones de los derechos de los trabajadores.

Otra razón por la cual esta colaboración es un proyecto piloto es porque Toyin, que era antes una cooperativa de artesanos, se ha transformado en una empresa privada con cinco accionistas. Disconformes con el cambio, algunos miembros de EFTA han dejado de pedir productos. Sin embargo, no cabe duda de que se hace urgente mejorar las condiciones sociales, sobre todo en el sector privado. Puesto que es una empresa "normal", Toyin puede demostrar que el respeto de las normas sociales y una producción competitiva no son incompatibles. Por su parte, las organizaciones de Comercio Justo pueden explicar a los clientes que el respeto por la gente y el medio ambiente se debe reflejar en los precios.


Empresas europeas y australianas compran la madera a un precio superior al precio del mercado mundial, por lo que el beneficio por metro cúbico de madera devastada es muchas veces superior a lo que se suele pagar.


Tambores djembé de África Occidental

Los djembés son tambores tradicionales que, bajo distintas formas, se encuentran en varios países de África Occidental. Además del solista, una orquesta tradicional tiene dos o tres djembés y hasta tres bombos. Estos tambores tienen mucho éxito entre los músicos europeos que se interesan por instrumentos auténticos.

En general, son los músicos quienes fabrican los instrumentos, puesto que sólo ellos pueden darles el "alma" que necesitan para sonar bien. Los tambores se hacen con el tronco del árbol de mango, una especie muy útil y muy común en África Occidental. A nadie se le ocurrirá cortar un árbol que todavía da fruto, por lo que sólo se emplean árboles viejos para hacer productos de madera. Los tambores africanos se fabrican según conocimientos y técnicas tradicionales que se transmiten de una generación a otra.

Algunas organizaciones de Comercio Justo promueven la reforestación gracias a sus programas de ayuda o sus primas. Por ejemplo, la gepa paga una prima adicional del 5% del precio de coste a "Exchange Crossroads", una organización de Gambia. Una política cauta de compra asegura que no habrá una producción masiva de djembés para la exportación.


Madera de Comercio JustoArriba

En su calidad de importadoras que promueven el desarrollo, los miembros de EFTA deben ser conscientes de que la importación de materiales renovables en peligro de extinción tiene consecuencias ecológicas y económicas. En colaboración con las organizaciones de productores, las organizaciones de Comercio Justo intentan elaborar criterios para el uso sostenible de las materias primas. Si no toma en consideración los intereses de los productores, la protección del medio ambiente está condenada al fracaso, al igual que todos los organismos que promueven la explotación "ecológica" del bosque tropical.

Los miembros de EFTA prefieren promover la producción y la venta de artículos acabados a la de la madera sin acabar. Con la artesanía, el valor añadido queda en el país productor y los criterios de Comercio Justo garantizan que beneficia al productor.

En la India, por ejemplo, tan sólo el 2,5% de la madera cortada cada año se destina a la elaboración de tallas. Sin embargo, esta artesanía asegura el sustento de miles de familias. Si no pueden tener acceso a su materia prima, su existencia está en peligro. En mayo de 1997, el periódico "Pioneer" del estado de Uttar Pradesh publicó el título siguiente: "El cierre de los aserraderos echa a 60.000 artesanos a la calle" ¿Qué ocurrió? Después de la petición urgente de varios organismos de protección del medio ambiente, el Tribunal Supremo del país ordenó que se investigara a los servicios forestales porque se sospechaba que habían talado árboles en los bosques tropicales vulnerables de la región. El cierre de los aserraderos pretendía poner coto al negocio ilegal de la madera. Entre las numerosas empresas afectadas, había empresas de Saharanpur que cumplían con la ley y sólo trabajaban con madera procedente de plantaciones. Se supo que estas empresas, que habían pagado los derechos de explotación establecidos, no fueron registradas debidamente. Parece que este error de las autoridades provoca un desempleo muy alto de forma permanente. Así, la empresa "Toyin Woodcraft India" (véase el cuadro) de Saharanpur, un socio de muchos miembros de EFTA, informó a sus clientes europeos de que no podría servir los pedidos por falta de material. Hizo falta que la "Woodcarving Manufacturing Association" lanzara varias peticiones y organizara una campaña pública para que se pudiera reanudar la producción.

El aval del FSC no hace distinciones entre una multinacional y una comunidad, con tal de que los bosques se exploten según sus principios. Sin embargo, el Comercio Justo se preocupa por la gente y debe saber quién utiliza el bosque. Si se entiende el desarrollo como el refuerzo de las poblaciones marginadas que quieren proteger y utilizar sus bosques, el Comercio Justo tiene muchas ventajas.