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Café Juguete de los especuladores. Mark Huis in 't Veld
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A los consumidores que prestan atención a los precios no se les habrá escapado el hecho de que los precios del café volvieron a subir notablemente en 1997, a pesar de las previsiones. Entre diciembre de 1996 y junio de 1997, la cotización del café casi se triplicó en el mercado de futuros de Nueva York. Los comerciantes de café acusan de ello a los especuladores de la bolsa. Según Douwe Egberts, uno de los mayores tostadores de Europa, la causa principal de la fuerte subida de los precios fue "el interés exagerado de los inversores y especuladores". A pesar de la bajada en el segundo semestre de 1997, los precios se siguen manteniendo a un nivel alto.
Después de los precios bajos de 1996, los cafetaleros tienen ahora la satisfacción de beneficiarse de unos precios más altos. Sin embargo, esta subida ha llevado a los intermediarios a volver al comercio del café. Ofrecen a los campesinos sumas tentadoras en metálico, mientras que las cooperativas de pequeños productores no suelen disponer del circulante necesario para pagar al contado y deben luchar con tesón para no sucumbir a la competencia de los intermediarios. Pero, en cuanto los precios del café vuelvan a bajar - y sólo es cuestión de tiempo, dicen los especialistas - los cafetaleros necesitarán su cooperativa con urgencia.
Los especuladores toman el mercado libre del café
Hasta 1989, el mercado del café era relativamente estable, con la excepción de dos subidas fuertes en las campañas 1976-77 y 1985-86, debidas a las heladas en Brasil. Esta estabilidad se basaba sobre todo en el Acuerdo Internacional del Café (AIC) que preservaba el equilibrio del mercado gracias a un sistema de contingentes de exportación y precios mínimos y máximos concertados. Pero el 4 julio de 1989 fue el "Día de la Independencia" para el mercado del café: los países consumidores y los países productores no lograron entenderse para consensuar un nuevo acuerdo, y el sistema de contingentes se desplomó. La falta de acuerdo puso fin a un largo período de reglamentación del mercado: por primera vez en 27 años, estaba controlado por la ley de la oferta y la demanda. Los países productores lanzaron enseguida al mercado sus existancias acumuladas durante los últimos años de vigencia del AIC, lo que provocó un bajón de los precios que tocó fondo en otoño de 1992, cuando la cotización del café arábica llegó a menos de 50 centavos de dólar la libra en la bolsa de Nueva York, un nivel comparable al de los años 30.
Los precios no volvieron a sus niveles habituales hasta el segundo semestre de 1993, cuando una restricción de las exportaciones decidida por la Asociación de países productores de café empezó a provocar una subida, estimulada aún más por las cosechas de la campaña 1993-94, que no alcanzaron los volúmenes previstos a causa de los precios bajos de los años precedentes. Dos noches de heladas en Brasil no hicieron sino reforzar el movimiento alcista y, en pocas semanas, la cotización del café alcanzó niveles récords: en septiembre de 1994, el café arábica se cotizaba por encima de 250 centavos de dólar la libra en el mercado de Nueva York, o sea, ¡cinco veces más que en 1992! Cuando se vio que no habría escasez, los precios volvieron a bajar, una tendencia que se mantuvo en 1996, a pesar de un par de movimientos alcistas. Después de los precios elevados de 1994 y 1995, el mercado del café esperaba un crecimiento rápido de la producción y, en consecuencia, una bajada de los precios.
Pero lo imprevisto ocurrió a principios de 1997: los precios del café subieron rápidamente debido a la influencia de los especuladores. Atraídos por los bajos precios, los fondos de inversión compraron café en grandes cantidades, lo que provocó una subida inmediata de los precios en un mercado ya tenso - las existancias de las empresas comerciales e industriales habían disminuido considerablemente desde el "boom" de 1994-95 - .
Incidentes tales como cosechas inferiores a las previstas en las zonas bajas de Centroamérica, una huelga de estibadores en Colombia (segundo productor de café), la decisión de la Asociación de países productores de café de reducir las exportaciones y las malas previsiones de la cosecha en Brasil (primer productor de café), ocasionaron un pánico tremendo en el mercado del café, de lo que resultó una subida brutal de los precios. Siempre muy activos en los mercados agitados, los especuladores también pusieron su granito de arena. Los precios empezaron a fluctuar como un yoyó. Los cafetaleros, tanto los pequeños como los grandes, se pusieron nerviosos y quisieron vender su mercadería cuanto antes. Los negociantes compraron todo el café que pudieron.
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Acuerdos internacionales del café Desde 1962, los países consumidores y los países productores de café han firmado cinco Acuerdos Internacionales del Café (AIC), con el objetivo de estabilizar el precio de este producto. El sistema funcionaba de la manera siguiente: en cuanto el precio bajaba de un cierto nivel, se aplicaba un acuerdo relativo a contingentes que restringía las exportaciones a unos volúmenes fijados con antelación. Sin embargo, el cuarto Acuerdo dejó de aplicarse en 1989, cuando los países productores no supieron ponerse de acuerdo sobre el reparto de los contingentes. Mientras, los países consumidores quisieron acabar con las ventas de café barato a países consumidores que no habían firmado el AIC (Europa del Este y Medio Oriente) y acordar otro reparto de las distintas variedades. Esto fue el golpe de gracia y el mercado del café es libre desde julio de 1989. Es verdad que los países contratantes firmaron un quinto AIC en octubre de 1994, pero no adoptaron ningún mecanismo de intervención en el mercado. Es un acuerdo vacío de contenido que sólo sirve de lugar de reunión para consumidores y productores. |
Los precios del café arábica se triplicaron desde diciembre de 1996 hasta mayo de 1997, cuando rompieron en Nueva York el techo de los 300 centavos de dólar, la cotización más alta de los últimos 20 años. En junio, cuando los especuladores hubieron cobrado sus beneficios, los precios bajaron a menos de 200 centavos de dólar, una cotización que se mantuvo todo el verano. Se supone que la tensión seguirá caracterizando el mercado del café durante cierto tiempo. A largo plazo, se espera sin embargo una tendencia a la baja, sencillamente porque las subidas de precios han incentivado siempre la producción.
Parece que el mercado del café fluctúa casi por naturaleza. Cuando los precios son altos, los productores cuidan mejor sus cafetales y plantan más arbustos. Después de unos años, esta inversión provoca un aumento de las cosechas y hace bajar los precios. Cuando éstos tocan fondo, los productores descuidan sus arbustos, lo que induce una disminución gradual de la producción y la reanudación del ciclo.
Sin embargo sería demasiado sencillo atribuir la variación de los precios únicamente a la ley de la oferta y la demanda. Por mucho que casi toda subida o bajada de precios tenga una causa "física", las cotizaciones del café están cada vez más influenciadas por grandes inversores desde la creación del mercado libre en 1989. En cuanto los precios del café bajan y se prevé una penuria, como ocurrió a principios de 1994 y en 1997, los inversores se vuelcan en el mercado del café y compran grandes cantidades. Sin embargo, el café no les interesa: sólo lo compran con miras especulativas y con la intención de volver a venderlo más tarde con un margen atractivo. Esta "demanda" imprevista desencadena una subida automática de las cotizaciones, hasta el momento en que deciden "cobrarse", provocando un bajón en los precios. De esta manera, los especuladores acentúan las fluctuaciones "naturales" del café. En algunos casos, llegan a fijar los precios, como fue el caso en 1994 cuando los precios se triplicaron en tres meses a pesar de que no había una penuria real de café. Lo triste en todo esto es que los productores no sacan ningún provecho de estas fluctuaciones - y no mencionemos los consumidores -.
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Asociación de países productores de café Debido a los precios bajos de los años anteriores, un cierto número de países exportadores firmaron en 1993 un acuerdo relativo a las restricciones voluntarias de sus exportaciones. Al principio, eran 28 los países miembros de la Asociación de países productores de café (APPC) y representaban el 85% del total de la producción cafetalera. Indonesia se adhirió más tarde, en abril de 1994. Cabe mencionar que no todos los países exportadores de café se han adherido: México por ejemplo se ha mantenido fuera porque su principal contraparte comercial, EE.UU., se opone con tenacidad a esta infracción a las reglas de la economía de mercado. Desde 1993, la APPC ha decidido con regularidad imponer restricciones a las exportaciones, en general para frenar una tendencia a la baja (1993, 1995 y 1996, p.ej.), pero también a veces para reforzar una subida de precios que no hace sino empezar (principios de 1997 p.ej.). Los expertos no se ponen de acuerdo sobre los efectos de estas restricciones. Si bien los mercados de futuros siempre reaccionan inmediatamente al anuncio de una restricción de las exportaciones, el efecto tiende a disminuir a largo plazo. De momento, la APPC es el único mecanismo que permite a los países productores defender sus intereses, puesto que el mercado del café está en manos de unas pocas multinacionales. Un grupo reducido de unas 20 empresas ha podido hacerse con más del 75 % del comercio mundial de café. Y sólo una de ellas se encuentra en un país productor. Gracias a sus ventajas en cuanto a competencias, acuerdos comerciales, etc., estas empresas controlan estrictamente la cadena de producción, desde la cosecha hasta el consumo. Además, se benefician de precios inferiores a los precios mundiales de mercado al forzar "acuerdos especiales", o sea al garantizar un volumen de compra determinado. |
Sin embargo, los especuladores han tenido siempre una función en el mercado del café. Así, los comerciantes de café y los tostadores que quieren protegerse contra los riesgos de las fluctuaciones necesitan contrapartes que estén dispuestas a arriesgarse. Pero, en los últimos años, parece que el mercado de futuros lleva una vida autónoma y se ha desvinculado totalmente del mercado físico.
Para el Tercer Mundo, el café es el cultivo de exportación más importante: para más de cien millones de personas, es la única fuente estable de ingresos. Varios países tienen un grado de dependencia similar. En unos diez países, sobre todo de África oriental, el café es el primer producto de exportación. Para obtener divisas, las economías de Uganda, Burundi, Ruanda y Etiopía dependen de las exportaciones de café en más de un 50%.
El café es también el pilar de la economía de varios países de Centroamérica, una situación peligrosa dado el carácter imprevisible del mercado del café.
Para los dos mayores productores de café, Brasil y Colombia, el café juega un papel más bien secundario, puesto que representa menos del 10% de sus ganancias de exportación.
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Gordon Nyendwoha, cafetalero de Uganda
Uganda y el café están íntimamente ligados: el café es la principal fuente de ingresos de los campesinos y forma la base de la economía ugandesa. Las tres cuartas partes de la población recibe ingresos del cultivo y la venta del café. En función de la cotización del café, del 65 al 95% de las divisas se obtienen gracias al comercio de este producto.
Socios de la "Banyankole Kweterana Cooperative Union", Gordon y Monica Nyendwoha forman una de los millones de familias ugandesas que dependen del café. En su parcela, cultivan para su propio consumo, pero el café es la única fuente de liquidez. Por esto, las fluctuaciones del mercado mundial tienen una repercusión directa en su vida cotidiana. "Hoy en día tan sólo recibo la mitad del precio del año pasado", dijo Gordon en 1996. El año anterior pudo rehacer su techo de hojalata y enviar a su primogénito a la escuela de secundaria, pero este año no se lo puede permitir. ¿Qué haría si el café fuese más rentable? "¡Enviaría a todos mis niños a la escuela, claro!, Para que les vaya mejor que a mí."
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Está claro que los precios altos del café benefician a los productores. Sin embargo, los beneficios de las subidas súbitas van en primer lugar a las empresas comerciales o a los especuladores que tienen stocks inmediatamente disponibles, bien verdaderos o bien en el papel. Los pequeños cafetaleros no suelen encontrarse entre este grupo. Con una necesidad imperiosa de liquidez, venden su café en cuanto pueden, a veces antes de la cosecha. No tienen el poder necesario para regatear ni tampoco para esperar mejores tiempos.
Además, los precios elevados causan un perjuicio al funcionamiento y a la supervivencia de las cooperativas de pequeños cafetaleros. Cuando la oferta es limitada, los precios suben al mismo tiempo que la demanda. Los intermediarios locales ofrecen precios tentadores a los cafetaleros y les pagan enseguida, mientras que las cooperativas no disponen del circulante necesario para ofrecer más en aquel momento, puesto que deben esperar a haber vendido el café para completar el pago. Aunque el precio total que pagan las cooperativas es más alto que el de los intermediarios, a los productores les cuesta mucho resistirse al dinero contante y sonante que el intermediario les ofrece. Después de una época de escasez, los cafetaleros quieren su parte de los beneficios generados por la subida de los precios. Con dolor, las cooperativas ven que sus socios les dan la espalda para entregarse a los intermediarios. Tal situación hipoteca el futuro de las cooperativas más débiles. Si se disuelven, sus socios volverán a ser totalmente dependientes de los intermediarios, una perspectiva desoladora si los precios vuelven a bajar al cabo de un año o dos.
La situación de los trabajadores de las plantaciones es algo distinta. No es probable que los dueños de éstas asignen los ingresos suplementarios a aumentar la partida para sueldos (elevando los sueldos o contratando más trabajadores), puesto que el sueldo de los recolectores se determina en parte en el mercado local de la mano de obra. Sin embargo, las inversiones en la expansión o mejora de la producción - casi obligadas después de un período de precios altos - pueden crear más puestos de trabajo para los recolectores.
La libre circulación del café en el mundo no está garantizada. En la UE, por ejemplo, una serie de normas, periódicamente modificadas, regulan el comercio del café. Además, el nuevo GATT (General Agreement on Tariffs and Trade, Acuerdo general sobre aranceles y comercio) firmado en 1994 hace ahora sentir sus efectos en el comercio del café.
Todo el café importado en la UE está sometido a un arancel que aumenta con el grado de transformación del café. Este arancel progresivo tiene como objetivo proteger a los tostadores europeos contra la competencia extracomunitaria (otros países europeos, América del Norte). Por esto, la mayor parte del café se importa sin transformar, o sea en granos de café verde sin tostar. En el último acuerdo GATT, la UE se comprometió a reducir sus aranceles en los próximos años de 4 a 0% para el café verde sin tostar, de 13,8 a 7,5% para el café tostado y de 16,5 a 9% para el café tostado descafeinado. Por muy considerable que sea esta reducción, no se trata de la supresión de los aranceles, ni del sistema de aranceles progresivos.
La existencia de aranceles permite favorecer a ciertos países exportadores, puesto que un arancel bajo es una ventaja comparativa para los países beneficiados. La UE utiliza mucho este mecanismo: de conformidad con la Convención de Lomé (un acuerdo firmado entre la UE y las antiguas colonias de los Estados miembros), el café de los países de la zona llamada ACP (África, Caribe y Pacífico) tiene acceso libre al mercado europeo, mientras que los Países menos desarrollados (PMD, que son, en algunos casos, los mismos que los países ACP) no pagan aranceles sobre el café sin tostar y el café tostado, lo mismo que cuatro países andinos (Bolivia, Colombia, Ecuador y Perú) y ciertos países centroamericanos (Panamá, Costa Rica, Honduras, Nicaragua, El Salvador y Guatemala). Estas suspensiones provisionales de los aranceles pretenden evitar que los cafetaleros se dejen tentar por el cultivo de la coca.
Este régimen preferencial tiene como consecuencia que unos pocos países (Brasil, México, Indonesia y Vietnam) no se benefician con estos acuerdos especiales, lo que es una forma de discriminación. La próxima reducción de los aranceles impuestos en el café, y sobre todo el arancel nulo sobre el café verde, pondrá fin en gran medida a esta injusticia.
¿Hasta qué punto estos aranceles progresivos impiden el nacimiento de una industria de transformación en los países en desarrollo? Desde un punto de vista económico, el desarrollo de tal industria sería un paso adelante significativo. Sin embargo, hay obstáculos en el camino. El primero es que el café tostado "caduca" rápido, mientras que el café verde se puede conservar algún tiempo. Por esto, conviene que el tostado se haga lo más cerca posible de los consumidores, tanto en el espacio como en el tiempo. Además, la mayoría de las marcas de café se componen de mezclas de distintos países. Tostar, moler y mezclar el café en los países en desarrollo implicaría entonces un cambio sustancial de los flujos comerciales. Finalmente, para hacer mezclas se necesita conocer muy a fondo los gustos (cambiantes) de los consumidores. Estos obstáculos, que no son insuperables, complican bastante el panorama. Otro factor importante es que el comercio y la transformación del café están en manos de unas pocas transnacionales que bloquean el acceso al mercado a nuevas empresas, y todo "traslado" de la transformación del Norte al Sur implica entrar, tarde o temprano, en conflicto con sus intereses y estrategias. El arancel progresivo no es, claramente, el único aspecto del problema.
Café de Comercio Justo: una tradición que se remonta a un cuarto de siglo
El café siempre ha sido el producto más importante de Comercio Justo. En 1973, la Fair Trade Organisatie de los Países Bajos importó el primer café de Comercio Justo, producido por cooperativas de campesinos guatemaltecos. Cinco lustros más tarde, el café de Comercio Justo está muy introducido en los hogares europeos y la vida de cientos de miles de cafetaleros ha mejorado gracias al Comercio Justo. Si el número de consumidores de café justo va aumentando en Europa, parece sin embargo que el crecimiento rápido de los últimos años ha perdido su impulso desde 1996.
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Condiciones del Comercio Justo
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'Coyotes'
El Comercio Justo defiende los intereses de los pequeños cafetaleros, el eslabón más débil de la cadena del café, junto con los trabajadores de las plantaciones. No tienen casi influencia en la evolución del mercado, tanto a nivel local, donde dependen de intermediarios, como a nivel internacional, donde están sometidos a los mecanismos de determinación de precios fijados por el mercado mundial. Para los campesinos, el Comercio Justo es una ayuda en ambos casos y tiene como objetivo final darles la posibilidad de actuar por cuenta propia en el mercado. Al comprar directamente el café a las organizaciones campesinas, el Comercio Justo evita los intermediarios locales llamados coyotes, conocidos por abusar de su posición de fuerza. La venta directa permite a los cafetaleros no sólo recibir un precio más alto, sino también implicarse directamente en las exportaciones de café y conocer mejor el funcionamiento del mercado mundial. Gracias al precio justo, los cafetaleros ya no dependen del mecanismo de determinación de los precios fijado por el mercado mundial: además de una prima de 5 centavos de dólar por libra, el Comercio Justo paga siempre un precio mínimo, o bien el precio mundial cuando éste es superior a aquél, lo que da seguridad a los productores. Entre 1989 y 1994, y en 1996, el precio del mercado mundial era inferior a este precio de garantía (en 1992 y 1993 era inferior en un 50%).
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La marca de los cafetaleros Uno de los objetivos principales de Comercio Justo es el de dar a los cafetaleros la posibilidad de defenderse por sí solos en el mercado. En 1996, Unión de Ejidos de la Selva y Uciri en México, y Ucraprobex en El Salvador dieron otro paso más para conseguirlo: crearon su propia marca. Después de tostar ellos mismos el café, lo venden en el mercado local con su envase. Han llegado hasta a abrir sus propias cafeterías y restaurantes. Parece que se trata de una nueva vía, emprendida hace unos años por Coocafé (Costa Rica) que logró penetrar en el mercado americano con su propia marca. La marca de café orgánico de Ucraprobex "Café Orgánico Pupil" se llevó el premio nacional del medio ambiente de El Salvador. |
La decisión deliberada de dar prioridad a productores desfavorecidos requiere a veces ayuda adicional, sobre todo en el caso de las organizaciones campesinas recientes que no tienen ninguna experiencia en la exportación. Esta ayuda puede tomar distintas formas, tales como la asistencia técnica para mejorar la calidad del café o ayuda para reforzar la organización campesina. La concesión de créditos es también particularmente importante, puesto que los bancos locales no suelen otorgar préstamos a las organizaciones campesinas. Finalmente, la ayuda puede centrarse en la inversión, por ejemplo para comprar una fábrica nueva o un camión nuevo. Algunas organizaciones de Comercio Justo han creado programas especiales de ayuda (Traidcraft Exchange en Gran Bretaña o Fair Trade Assistance en los Países Bajos).
Marcas de Comercio Justo
El lanzamiento de marcas o sellos de garantía de Comercio Justo ha supuesto un fuerte estímulo para el comercio del café "justo". Al plasmar sus principios en una marca de Comercio Justo, las organizaciones de Comercio Justo proponen a las empresas comerciales regulares un modelo que pueden adoptar. Todos los importadores o tostadores de café que cumplen los criterios establecidos (precios, prefinanciación) pueden utilizar la marca, lo que permite a los consumidores distinguir el café "justo" de los demás cafés del supermercado. La organización que administra la marca vela por el cumplimiento de los criterios.
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Ayuda para el cultivo orgánico "Para nosotros los indígenas, la tierra tiene un especial significado. Dios nos ha dado la tierra para sembrar y cosechar, para que podamos vivir. Por esto nuestra cooperativa de cafetaleros se está convirtiendo a la agricultura biológica". Son las palabras de Andrés Quic Ramos, cafetalero e instructor medioambiental de "La Voz que clama en el Desierto", una cooperativa de Guatemala. Con la ayuda de Fair Trade Assistance, Andrés y doce de sus compañeros de otras cooperativas han recibido una formación de instructores medioambientales para poder, después, enseñar a sus compañeros de cooperativa los métodos del cultivo orgánico. "Las perspectivas de los ecosistemas guatemaltecos no son muy brillantes", dice Andrés. "Las grandes plantaciones de algodón y café utilizan muchos productos químicos. Las plantas pierden su resistencia y transmiten muchas enfermedades. El suelo se destruye... El punto de partida de la agricultura biológica es la preservación del suelo para impedir que el abono y la tierra desaparezcan. Por esto, construimos terrazas. Los árboles que proyectan mucha sombra protegen el suelo y los arbustos del sol. Y, finalmente, utilizamos abonos orgánicos hechos con la pulpa del café, hojarasca y tierra. Gracias a esto, el suelo no se agota. La tierra es nuestra vida. Por esto la llamamos Madre Tierra." |
Max Havelaar, la primera marca de Comercio Justo para el café, se lanzó en 1988 en los Países Bajos. Hoy en día las marcas se aplican al café en unos diez países europeos y también fuera del continente. La marca Max Havelaar existe no sólo en los Países Bajos sino también en Bélgica, Francia, Suiza y Dinamarca. Otra iniciativa similar es el sello TransFair, utilizado en Alemania, Austria, Italia, Luxemburgo, Canadá y Japón. En el Reino Unido y, desde 1996 en Irlanda, existe la Fairtrade Mark, que sigue los mismos criterios que las dos otras marcas (1). Suecia (1997), Canadá, España, Noruega y Finlandia lanzarán en breve café provisto de una marca de Comercio Justo.
Después del crecimiento espectacular de la primera mitad de los años 90, las ventas se han estancado. La facturación sólo aumenta ligeramente, salvo en países que acaban de introducir las marcas, como Irlanda y Dinamarca, y hasta disminuye algo en Alemania, Suiza y Francia. Parece que no será posible seguir creciendo sin nuevos esfuerzos. Según Max Havelaar Países Bajos, se requieren nuevas estrategias de marketing para aumentar la cuota de mercado. Este aumento representaría ingresos suplementarios para los pequeños cafetaleros y obligaría al comercio tradicional a comprar y vender el café de una manera más sostenible. Para esto, la cuota actual de mercado del 2,6% no es suficiente; haría falta una cuota de al menos el 10%. Los estudios de mercado revelan que son cada vez más los consumidores que compran regularmente café de Comercio Justo, pero que no dejan de comprar las marcas "tradicionales". Max Havelaar quiere dirigir sus próximas campañas a este público.