En primer lugar se cavan en la tierra unos fosos de aproximadamente 5 metros de largo por medio de profundidad y se revisten sus paredes con nylon o polietileno. En ellos se vacían los recipientes de hojas de coca que generalmente son fardos conocidos como "tambores", cubiertos con hojas de plátano.
Las hojas de coca son mezcladas en los fosos con ácido sulfúrico, diluido en agua, que actúa como disolvente. La masa es pisoteada hasta que se convierte en una pasta. Enseguida se le añade queroseno, que hace que el alcaloide suba a la superficie.
Se ha logrado el sulfato de cocaína llamado también base o pasta básica.
Una vez obtenida la base es lavada para quitarle todas las impurezas. Para esta operación se solía utilizar éter pero debido a su olor muy fuerte ha sido sustituido por acetona. Una vez lavada la pasta se le añade ácido clorhídrico y se obtiene el producto final, el sulfato se ha convertido en clorhidrato de cocaína: Cocaína pura.